Inundaciones en Brasil - JOSE LUCENA / ZUMA PRESS
Es el caso de Denise Nunes, que estaba trabajando en su peluquería canina cuando le sorprendió la riada: «Fue todo muy rápido, cuestión de horas. Yo estaba dentro de la tienda muy nerviosa, porque oía ruidos muy fuertes en la puerta, debían de ser las piedras que caían ladera abajo. Es desesperante ese momento», explica en declaraciones a la Agencia Sputnik.
Denise se quedó encerrada en la tienda, junto con los siete perros que tenía en ese momento. Había ya un metro y medio de agua cuando fueron a rescatarla. El dueño de la tienda de al lado hizo un agujero en la pared por donde logró salir.
«Sali con barro hasta el pecho, fue una desesperación, me tuve que subir al mostrador por si acaso. Todavía no sé cómo está dentro, aún no he podido volver», decía en un parque cercano. al Alto da Serra, una de las zonas de la ciudad más afectadas por la catástrofe.
En ese momento estaba esperando a que los bomberos consiguieran rescatar algo de su antiguo coche, convertido en un amasijo de metálico enredado en un árbol. Confiaba en recuperar al menos la documentación.
De momento, según el último recuento oficial de la Defensa Civil, la riada de Petrópolis dejó 110 muertos, y 116 personas aún están desaparecidas.
La tarde del jueves empezó a llover de nuevo y se activaron las sirenas en diversos barrios para alertar a la población de que deje las zonas de riesgo.
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