Rousseff contra Lagarde

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Los expertos de FMI empiezan a estar incómodos con la política económica que impulsa la presidenta brasileña, Dilma Roussef. Sus rebajas fiscales, su proteccionismo y su decida apuesta por estimular la demanda no son muy del agrado de una institución que siempre recomienda no perder de vista el déficit público. Además, la potencia de la mayor economía de la región y su influencia sobre el resto pueden proyectar un ejemplo negativo. Quizá por eso, la directora general del Fondo, Christine Lagarde, ha lanzado una advertencia al Gobierno brasileño a través de su jefe para el área Nicolás Eyzaguirre. Es hora de volver a preocuparse de las cuentas del estado. Los expertos de FMI empiezan a estar incómodos con la política económica que impulsa la presidenta brasileña, Dilma Roussef. Sus rebajas fiscales, su proteccionismo y su decida apuesta por estimular la demanda no son muy del agrado de una institución que siempre recomienda no perder de vista el déficit público. Además, la potencia de la mayor economía de la región y su influencia sobre el resto pueden proyectar un ejemplo negativo. Quizá por eso, la directora general del Fondo, Christine Lagarde, ha lanzado una advertencia al Gobierno brasileño a través de su jefe para el área Nicolás Eyzaguirre. Es hora de volver a preocuparse de las cuentas del estado.

El director del FMI, Nicolás Eyzaguirre, ha pedido prudencia a la región latinoamericana en el estímulo del crecimiento económico de la región a través de la reducción de impuestos y aumentando los gastos de los estados. El funcionario ha sido claro al expresar en su blog que la economía de Suramérica podría necesitar un aumento en su fiscalidad si la crisis de Europa “apagara” los préstamos en la zona.

Unas advertencias que se han realizado días antes de que presidenta de Brasil, Dilma Roussef, haya salido en defensa de sus gestiones económicas al asegurar ante una radio brasileña la prosperidad de la que goza su país, con la generación de dos millones de puestos de trabajo durante el 2011.

Durante el año anterior las grandes potencias mundiales han registrado un crecimiento negativo o nulo. Sin embargo, en Brasil, ha habido un buen crecimiento debido a que se produjo junto con inflación baja, intereses decrecientes, aumento de empleo, distribución de renta y disminución de desigualdades, ha expresado la mandataria.

De hecho, a principios de esta semana, la gobernanta anunció la bajada de los impuestos a más de cinco millones de pequeñas empresas brasileñas, con el objetivo de incentivar el empleo. Unas medidas que no deben haber contentado a los miembros del Fondo.

La reducción fiscal propuesta por Roussef no debería provocar asombro, pues este año se ha indiciado del mismo modo que 2011, cuando el ministro de economía de Brasil anunció la reducción de impuestos al consumo y la disminución fiscal para la construcción de viviendas populares o a las operaciones financieras en las inversiones extranjeras.

A pesar de las quejas del Fondo Monetario, lo cierto es que el estado brasileño ha cerrado 2011 con unos datos muy positivos en materia económica. Existe un fuerte contraste entre el desarrollo de Brasil con respecto al del resto de países que forman América Latina. Habrá que esperar que se desarrollen los acontecimientos para llegar a saber quién tiene razón

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