“¡Amigo!”

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El presidente de EEUU, Barack Obama, ha mostrado sus cartas cuando restan menos de dos semanas para las elecciones legislativas de noviembre. La creciente importancia del voto hispano, que puede marcar el rumbo en estados como Nueva York, Florida o California, tiene su reflejo en la última entrevista concedida por Obama a medios en español. La reforma migratoria, su pretensión de estrechar la relación de EEUU con América Latina o el impulso a la lucha contra el narcotráfico en Centroamérica son algunos de los gestos y promesas que el partido demócrata puede ofrecer a cambio. El presidente de EEUU, Barack Obama, ha mostrado sus cartas cuando restan menos de dos semanas para las elecciones legislativas de noviembre. La creciente importancia del voto hispano, que puede marcar el rumbo en estados como Nueva York, Florida o California, tiene su reflejo en la última entrevista concedida por Obama a medios en español. La reforma migratoria, su pretensión de estrechar la relación de EEUU con América Latina o el impulso a la lucha contra el narcotráfico en Centroamérica son algunos de los gestos y promesas que el partido demócrata puede ofrecer a cambio.

Las próximas elecciones legislativas serán cruciales para el presidente estadounidense y su intención de continuar con su proceso de reformas del Estado. Pese a que siempre le quedará el derecho de veto, si el presidente Barack Obama pierde la mayoría en el Senado, algunas de sus leyes y propuestas más controvertidas entre las filas del partido republicano, en la oposición, sufrirían duros reveses. Es por eso que el presidente busca entre sus votantes más descontentos, entre ellos el electorado hispano, el voto que le permita continuar con sus promesas electorales.

Estados como el de Nevada, donde el partido republicano podría arrebatar un escaño que ha pertenecido a los demócratas por más de dos décadas, cuentan con una población de hispanos de más del 10%. Otros Arizona, donde se han promulgado leyes de tinte racista, Florida, donde el porcentaje de hispanos se eleva a más del 15% de la población, Nueva York, California, Colorado, Florida o Texas, se encuentran en similares circunstancias.

Según expertos consultados por AmericaEconomica.com, una buena parte de los ciudadanos hispanos se han cansado de esperar a que el Congreso debata y apruebe una nueva Ley migratoria. El presidente Barack Obama prometió en su campaña electoral que impulsaría la reforma. Sin embargo, ha quedado estancada, sin visos de que vaya a retomarse con prontitud y relegada por leyes de estados como el de Arizona, más restrictiva que la ley nacional.

En este contexto, la entrevista concedida a medios en lengua española que ofreció el presidente estadounidense, dejó algunas de las claves que Obama pretende utilizar para conservar un voto que fue mayoritariamente suyo en las elecciones nacionales. La primera de ellas, la que más parece interesar a sus votantes, es la reforma de la ley migratoria.

Barack Obama alentó durante la entrevista a la población hispana, que en las últimas semanas recibe la petición de grupos de presión latinos para que se ausente de las urnas a modo de protesta, para que no se deje influenciar por la tardanza en la tramitación de la reforma integral de la ley de migración. Según miembros del partido demócrata, esos grupos de presión responden a intereses de estrategas del partido republicano.

Por el contrario, Nanci Gravia, miembro de la Coalición de Illinois por los Derechos de Inmigrantes y Refugiados, considera que la opinión entre los inmigrantes está ya de hecho “dividida. Las reformas prometidas no llegan y eso crea frustración. Sin embargo, existe la esperanza de que pueda hacerse y muchos confían en ello porque el presidente Obama lo está peleando”. En este sentido, Obama ha culpado al partido republicano del parón en la tramitación.

En segundo lugar, en la misma entrevista, Obama hizo un guiño a América Latina y con ello a sus votantes hispanos. Anunció un mayor acercamiento de EEUU a los países con los que comparte continente para “expandir los lazos” tras las elecciones de noviembre. Como ya ha hecho con la reforma migratoria, ha marcado esta cuestión como clave en la segunda mitad de su mandato.

Sin embargo, Obama renunció a hacer promesas concretas y se escudó en la paciencia para llevar a cabo su política de acercamiento. En este sentido, expresó su satisfacción por los «éxitos económicos» de países como Brasil o Chile, así como su presencia cada vez mayor en los foros internacionales, consideró que Venezuela tiene derecho a desarrollar fuentes de energía nuclear siempre que sea pacifica y se negó a poner plazo para la aprobación d e los Tratados de Libre Comercio, pendientes de la confirmación del Congreso, con Colombia y Panamá.

Por último, el presidente estadounidense también puso de relieve el interés republicano en la cooperación en la lucha contra el narcotráfico en países como México, Colombia o la cuenca del Caribe. En este sentido, David Johnson, secretario de Estado adjunto para asuntos antinarcóticos y de seguridad de Estados Unidos, viajó esta semana a Guatemala y Honduras. Ambos países esperaban recibir ayudas económicas para combatir el narcotráfico y la violencia asociada a las Maras, grupos delincuenciales de gran implantación.

Hay que recordar que EEUU es el mayor consumidor de drogas del mundo. El interés de los diferentes mandatarios estadounidenses en frenar el narcotráfico es más egoísta que vinculada a las necesidades de los países de los que parte la droga. Sin embargo, dichos países sufren la proliferación de una violencia desmedida de los narcos que esta sojuzgando las bases de sus Estados.

Pese a la aparente petición de Guatemala y Honduras, además de El Salvador, de mayores recursos del primer consumidos de cocaína y marihuana del mundo para la lucha antidroga, Johnson aclaró recientemente que las dificultades económicas de EEUU impiden ampliar el presupuesto en este sentido. Estados Unidos cuenta con la Iniciativa de Seguridad Regional de América Central (CARSI), con un presupuesto de unos 130 millones de dólares, un presupuesto escaso para solucionar el problema.

Obama cuenta con los votantes hispanos para poder continuar con sus políticas progresistas. El auge de la extrema derecha de la mano del Tea Party, del partido republicano, parece reflejar una creciente desafección con las enredadas políticas del Congreso y la confrontación entre demócratas y conservadores. Si el voto hispano no acude a la cita como Obama espera, es posible que la desafección crezca. El gobierno demócrata quedaría prácticamente a merced de los republicanos.

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