Tesis avanzadas sobre transiciones (IIº)

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Se trata no sólo de definir el fenómeno, sino de diferenciarlo, de forma neta, de cualquier otro. El recurso no será el diccionario, sino el “estado del arte” en el tema; en concreto sobre las transiciones que abonan a la democracia. No todo manejo, de los frecuentes, resulta útil a su comprensión. SE CALIFICA COMO TRANSICIONES POLÍTICAS A PROCESOS QUE NO LO SON. Es nuestra primera tesis. Forzosa. Obligada por las imprecisiones, malas interpretaciones y manejos conocidos.

Se trata no sólo de definir el fenómeno, sino de diferenciarlo, de forma neta, de cualquier otro. El recurso no será el diccionario, sino el “estado del arte” en el tema; en concreto sobre las transiciones que abonan a la democracia. No todo manejo, de los frecuentes, resulta útil a su comprensión.

Una referencia: el 12 de enero de 1957, año de recientes favores a las petroleras internacionales y muy alto crecimiento económico en Venezuela, bajo una dictadura militar, Rómulo Betancourt, el sin duda padre fundador de la democracia moderna del país, pronunció un discurso en el Carnegie International Center, de Nueva York, en el cual afirmó: “creemos adecuado para Venezuela (…) la transición de un régimen de fuerza a otro democrático”. Sin proponérselo, y sin saberlo, se estaba anticipando más de diez años a las referencias pioneras del concepto de “transición a la democracia”, de creciente uso a partir de la Onda Democratizadora del sur europeo de mediados de los ’70, y unos quince años más tarde, del este bajo influencia soviética. Un año y once días después del discurso neoyorquino, cayó el milico hegemón venezolano.

El surgimiento del concepto de transición política –concretado, entre otros, en los de transición a la democracia y transición democrática- se hizo neto a partir de los procesos señalados arriba; pero, a pesar del tiempo transcurrido y su ocurrencia en la región, aún resta esquivo para buena parte de los analistas. México y Venezuela ostentan el palmarés del uso relajado del concepto. Hoy, es muy popular. En el país, hace año y medio hacíamos un balance para el IFEDEC, un centro de políticas públicas, y concluíamos en el criterio de su casi inexistencia en la opinión pública. Ahora, es lo contrario. Aunque no de manera correcta. Algunos, con manipulación o sin noción o precisión alguna.

Se llega a asumir que transición es cualquier cambio de gobierno. O que una radicalización mayor o renovación del régimen imperante lo es. Así como los ajustes macroeconómicos o estructurales por desequilibrios acumulados. Todos, manejos errados.

Las transiciones políticas –ya lo hemos escrito- consisten en los cambios, en uno u otro sentido, entre democracia y totalitarismo. Son un concepto establecido en diversas disciplinas; aunque, como dicho, manejado con mucha inadvertencia.

La transición a la democracia es el pase de un totalitarismo de cualquier tipo a una forma democrática, aunque incipiente y fallida. A veces, es sólo una proclamación. La democracia se propugna, pero no llega, o lo hace en un parto difícil. Puede suceder -lo revisaremos en otros artículos- que el cambio sea sólo aparente. A veces, llega; a veces, se hace esperar. No hay un número mágico asociado a su duración. No hay linealidad en el fenómeno.

La transición democrática, por su parte, es un cambio de los fundamentos políticos, institucionales y económicos; con sus derivaciones sociales y culturales, de una democracia que se inicia, para cimentar –dicho en términos walrasianos- las nuevas “condiciones iniciales” del sistema como un todo, evitar la involución y permitir el avance a la consolidación democrática. A veces -es el caso venezolano- se prepara y proclama la transición a la democracia; se observa una transición corta, que no consolida la democracia; se inicia una neta involución y se llega a una vergonzosa regresión al militarismo totalitario. Tampoco hay un número mágico. El pase a una consolidación debería estar asociado a algunos logros institucionales irreversibles, así como su regresión o insustancialidad se asocian a la debilidad institucional.

Los conceptos transición a la democracia y transición democrática son diferentes, pero se relacionan secuencialmente y a veces se superponen. Veremos más adelante lo interesante de las cooptaciones o los propiciamientos, dos de los tipos que propugnamos en nuestra clasificación de las transiciones políticas.

Por cierto, montados sobre la realidad actual: ¿lo que sucede en Birmania es una transición a la democracia a una transición democrática? Revisen los medios y verán cómo se usa ambos conceptos. Más interesante aún: ¿no es el proceso birmano un proceso propiciado por el antiguo régimen, a partir de una cooptación? Lo que quiero resaltar es la relevancia de analizar muy en detalle las incidencias de las transiciones políticas.

Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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