Tesis avanzadas sobre transiciones (I°)

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El planteamiento inicial. Venezuela y el mundo requieren rescatar los conceptos de transición política y consolidación democrática de una cierta banalización en la cual se mueve su manejo actual. Muchas crisis y conflictos existentes o incubados así lo demandan. El planteamiento inicial. Venezuela y el mundo requieren rescatar los conceptos de transición política y consolidación democrática de una cierta banalización en la cual se mueve su manejo actual. Muchas crisis y conflictos existentes o incubados así lo demandan.

Nuestra tesis normativa es que la transformación permanente de la democracia es el mejor antídoto para no pocos de los desajustes y crisis conocidas. Para ello, los conceptos citados son cruciales. Pero, sucede que cualquiera valido de un mínimo de sentido común cree posible incursionar en ellos. No se olviden de lo que decía Descartes sobre tal sentido. Muchos son los errores -por no decir “boutades”- en la información y la discusión actual. Sin embargo, más acá de ellos y de anécdotas y referencias, la exigencia es avanzar. Eso nos proponemos: huir hacia adelante.

El telón de fondo es que el mundo no anda bien. No sólo eso: puede ir peor. La banca especulativa, los dealers de deuda y los malos gobiernos abundan. Y tienen la osadía de dictar cátedra: no se olvide la reciente conferencia de Zapatero en Venezuela. La asociación de totalitarios y neoliberales ya no se contenta con China. Buscan nuevas geografías. Y desarrollan argumentos: “sin querer queriendo”, correlacionan estabilidad y progreso con totalitarismo. Son imaginables escenarios de vuelta a la Guerra Fría o un nuevo David, en Irán o América Latina. Incluso se habla del final de las democracias.

Esa es una cara de la historia. En sentido contrario, la “Onda Renovadora Mundial” arrancada -y con buen pie actual- en Túnez, sigue sumando casos. Con tropiezos, pero también con avances. Cuba es uno digno de Galileo: ¡de que se mueve, se mueve! Para ellos y otros, un conocimiento firme sobre los retos y posibilidades, y también acechanzas y problemas, no sólo en la transición a la democracia y la transición democrática (no son lo mismo), sino, aun más exigente, pero más promisorio, en la consolidación, resulta completamente necesario.

En nuestro caso, ese conocimiento apunta al establecimiento de manejos de orden estratégico: podríamos decir que procuramos conocer, para actuar mejor en el mediano y el largo plazos. Ya hemos planteado, en esta misma columna (http://www.americaeconomica.com/index.php?noticia=12477&name=TELECOMUNICACIONES), una primera aproximación, ahora ampliada, a varias tesis avanzadas, útiles al manejo, comprensión y superación de las limitaciones en el uso de los conceptos, de modo de resolver aquella necesidad. Dedicaremos al menos un artículo a desarrollar cada una de las tesis expuestas a continuación. Vayamos, entonces, a su exposición:

1) Se califica como transiciones políticas a procesos que no lo son.

2) El concepto está requerido de desarrollo, especificación y precisión de las implicaciones de cada tipo y caso suscitado.

3) Las transiciones políticas, en uno u otro sentido, son fundamentalmente procesos de la Economía Política.

4) Hay, en un enfoque amplio, unos tipos a reconocer.

5) Hay un reto estratégico múltiple en el conocimiento y análisis de los modos o tipos como podría suscitarse la transición en cada caso.

6) Las transacciones o pactos entre los regímenes entrante y saliente pueden facilitar la salida del totalitarismo, pero acarrean problemas, costos y riesgos posteriores.

7) Las democracias deben lidiar con los modos de concreción de las transiciones que las permitieron.

8) La transición y su correlato, la consolidación democrática, son exitosas, si y sólo si contienen dispositivos de corrección permanentes.

Algunas precisiones: no caben “segundas transiciones” dentro de un mismo régimen, sino un esfuerzo sostenido de consolidación. No todo lo que sucede hoy es de la responsabilidad de los que concretaron transiciones, sino también de los que después no corrigieron lo corregible o no pensaron en términos de sostenibilidad de la democracia y el progreso. Así como hay transiciones a la democracia, también las hay al totalitarismo, incluso por la vía electoral. No es la realización de elecciones lo que define hoy la presencia de democracias. Los extremos –democracia y totalitarismo- no son ahora lo que fueron o parecieron: hay democracias con fuerte carga oscurantista y totalitarismos que muestran democratizaciones.

Lo menos que puede concluirse es que para no reincidir en el fracaso debe revisarse muy rigurosa y detalladamente la historia conocida y los imaginarios políticos derivados; para, entonces, avanzar en el manejo progresista necesario. Eso intentaremos las próximas semanas.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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