Crisis

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No solo la crisis política, que pica y se extiende. Apenas estamos en el inicio de un nuevo tobogán, que no sabemos cuán largo es y adónde conduce. No solo la crisis política, que pica y se extiende. Apenas estamos en el inicio de un nuevo tobogán, que no sabemos cuán largo es y adónde conduce. De toda evidencia, no hay una única opción posible al país, ni es inteligente confiar en que se impondrá la razón. Si no actuamos bien, ganan los bandidos de la película.

A lo que me refiero en esta oportunidad es a la crisis económica. “Imperceptible”, para algunos (proclaman estar en una “senda de crecimiento” y se ufanan de una posición internacional destacada) o increíble, para muchos, basados en la principal referencia económica nacional: 121.400 millones de dólares de exportaciones petroleras el año pasado; o sea, más de 332 millones diarios. Base para una tasa de inversión y mejoras tecnológicas importantes en cualquier país; pero, botín a repartir entre rufianes y avispados, en el nuestro.

Ya habría querido nuestro buen amigo, el desaparecido Ministro de Planificación y Presidente del Banco Central chileno, el eximio profesor Joaquín Undurraga, disponer, en las épocas de mayor apremio del país sureño, de un solo día de ingreso petrolero venezolano. Nosotros –en realidad, el régimen imperante en Venezuela- tenemos años dilapidándolo, para el beneficio de una “chorocracia” nacional y extranjera (disculpen el neologismo a la venezolana, para decir cleptocracia, más elegante, pero menos expresivo).

Mientras tanto, la economía productiva se desertifica (disminución severa de unidades productivas), las condiciones para la producción empeoran (Índice “Doing Business”, del Banco Mundial), la transparencia y la libertad no existen (Índices de Transparencia Internacional y la Fundación Heritage), la fuga de recursos aumenta (capitales y profesionales jóvenes, por ejemplo), la competitividad y las exportaciones no petroleras no existen (Índice de Competitividad Global del WEF y cifras oficiales), los resultados se mantienen “en rojo” (ejemplos: una de las inflaciones más altas del mundo o el tema del desabastecimiento), el régimen sigue cautivo de ignorantes desquiciados como Giordani (no necesita indicadores), la persecución a los eficientes existe (la manía con Polar, por ejemplo), el entorno en el cual se funciona es cada día más radical, la realidad y el potencial de protestas reivindicativas abruman, etc.

He sostenido, sin mayor eco en la intelligentsia económica nacional, que el problema económico venezolano es, en lo sustancial, el resultado de un proyecto patológicamente político y no un caso de errores o malos manejos de la gestión. Voy a decir casi lo mismo que hace cinco años: no hay política económica (al menos, profesional), sino Economía Política. Lo importante no es el bienestar general, sino el poder político. Perverso, por lo demás.

Lo peor de lo anterior es lo que me va a interesar en este artículo: ese poder no es el de un bloque social nacional, sino supranacional. La Venezuela chavista es pieza, y no eje, de un proyecto mayor. Tiene que ver con el maligno Foro de Sao Paulo. El trade-off entre régimen y bloque es sencillo: Cuba, principalmente; pero también, Brasil, China, Rusia y otros socios y beneficiarios, garantizan la permanencia de la claque militar y civil que define ese Frankenstein extraño llamado chavismo, el cual hemos podido definir en nuestros escritos. Eso, a cambio de dólares y oportunidades de negocios.

O sea, a cambio del uso del ingreso arriba mencionado y las bondades económicas del país, para una acción política y una geopolítica que no nos benefician en nada, que no sea para el exotismo de un supuesto nuevo polo “socialista”: la cara no muy buen lavada del viejo y fracasado comunismo real. Y para un resultado catastrófico en la economía interna. Pero, que es solo una máscara. La cruda realidad nos sitúa frente a un caso demoníaco, de alta traición a la patria.

La verdad es que Venezuela, más allá de los ingentes recursos trasegados a particulares, por la vía de la corrupción, sirve de financista de la política de la red clientelar internacional de aliados y beneficiarios del régimen, alrededor del neocomunismo. Todo, fraguado por Fidel Castro, Lula y sus “teóricos”, mayormente europeos. Claro que haciéndole creer a Chávez que era su obra.

Y lo que viene lo he planteado antes: un buen día Cuba nos dará la sorpresa de incorporarse decisivamente al circuito económico capitalista transnacional; no necesariamente mejorando las condiciones políticas (el Modelo Chino) y nosotros seremos un solar desolado del mundo. La isla caribeña aparece en los informes de organismos supranacionales de promoción y financiamiento como un futuro campo de oportunidades. Venezuela, como un inexplicable caso de negligencia.

Por su lado, los poderosos aliados económicos de Lula tienen sus grandes manos metidas en la actividad productiva nacional, desplazando oferentes nacionales y ocasionando su declive.

Finalmente, están los casos –plagados de irregularidades, por lo demás- de empresas iraníes, bielorrusas, rusas, chinas, etc., que son del dominio público. El reciente affaire del cheque incautado en Alemania es solo un detalle de esas historias.

Hay dos consideraciones necesarias a esta altura: 1ª, mientras eso sucede, la producción nacional y sus recursos –humanos, por ejemplo- desaparecen y/o migran; 2ª, se perdió todo el inmenso potencial de creación de redes, cadenas, polos, etc., de relevancia subregional (CAN, Caribe), regional (América Latina) o continental, facilitado, por lo demás, por el alto ingreso manejado. Todo ello, sacrificando la Venezuela soñada: un polo regional latinoamericano, representando una referencia geopolítica nueva, junto a sus aliados naturales de la Comunidad Andina, el Caribe, el frente norte del Atlántico y parte de Centroamérica.

Pero, no: eso no conviene ni a Brasil ni a Cuba; ambos, con vocación subimperial. La gran pregunta al régimen es si reconocen que, por su afán de destruir para reinar (lo que he llamado el “Camino a Cuba”), justifican la contraparte: la dependencia voluntaria de otros, la entrega de soberanía y la imperdonable pérdida de oportunidades de posicionamiento favorable en el competido mundo global actual. El campo económico es otra muestra de la pérdida de soberanía e independencia de Venezuela por la acción del chavismo. Esa es la traición a la patria arriba mencionada.

Pero, el régimen podría cambiar. Tiene ejemplos para ello: el modelo chino o del Consenso de Beijing (el “coordinated development” de Klaus Schwab, mentor del World Economic Forum, de Davos: comunismo, en lo político y capitalismo desregulado salvaje, en lo económico).

Sin embargo, mis queridos lectores, esa no es la salida. Sí la es un Proyecto de País para el relanzamiento nacional: productivo, competitivo, exportador, en posicionamiento progresivo en el mundo, impulsor del desarrollo humano nacional e inclusivo y basado en una amplia democracia en lo político y lo económico. Eso sí no lo garantizan los bandidos. Que conste que nos llevan al barranco.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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