Conferencia

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Fue un reencuentro emocional con mi Escuela de Economía (Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela). Son ya trece años de ausencia. Igual, con ex alumnos y la seductora fuerza de la juventud. Fue mezcla de contento con reto, por el objeto entre manos. Fue un reencuentro emocional con mi Escuela de Economía (Universidad de Carabobo. Valencia, Venezuela). Son ya trece años de ausencia. Igual, con ex alumnos y la seductora fuerza de la juventud. Fue mezcla de contento con reto, por el objeto entre manos.

El tema, lo sentenció el Profesor Gustavo Guevara (Guevara “El Malo”, como se conocía en nuestros tiempos) –ex alumno y buen amigo- en la presentación que hizo de nosotros y del propio campo a abordar, “desconocido para casi todos”. Pero, precisado desde el principio, “urgente para los venezolanos”.

La Economía Transicional, aunque con antecedentes en estudios de Economía Política de las Transiciones a la Democracia, sobre todo en el sur de Europa, en los ’70 del siglo pasado, efectivamente asentó su campo a partir de los estudios rigurosos de los procesos suscitados a raíz de la caída de la URSS y su bloque.

Por lo último, en algún momento, algunos economistas comenzaron a referirla como Transición del Comunismo al Mercado. Eso permitió –sirva como referencia anecdótica- que en los estudios en el campo se colaran países como China y Vietnam, por ejemplo, que no han transitado a la democracia, pero sí al capitalismo. Salvaje, por cierto.

En el campo, rigurosamente visto, hay dos énfasis: la democratización política (sobre bases institucionales muy precisas, no cualesquiera) y la liberalización económica (sin ideologización y con reconocimiento de la necesaria y evidente relación mercado-Estado).

Planteado así, su contexto conceptual es el de los estudios políticos, en el campo específico de la Transición a la Democracia, tal como iniciada por Dankwart Rustow, en “Transitions to democracy: towards a dynamic model”, obra corta, publicada en 1970 y replanteado, con cierto desconocimiento intencional del antecedente, en una serie llamada “Transitions from Authoritarian Rule”, del Centro Wilson de la Johns Hopkins University, en los ‘80.

Su aproximación es la de la Economía Política, eslabón del ADN de la Ciencia Económica, perdido en la evolución de los estudios en el país. O, al menos, en nuestra Escuela y en la discusión nacional diaria.

Las transiciones a la democracia son –deben serlo, señores de la MUD y de la casta “democrática” nacional- procesos de recomposición del sistema político y económico y, por lo tanto, necesitados de comprensión en términos de áreas de la Economía como la Economía Constitucional, del Nobel Buchanan, y el Neoinstitucionalismo, con varios Nobel más, y el ineludible apoyo en áreas como la Ingeniería Institucional de largo plazo, el celo en los temas de la gobernabilidad, con especial cuidado en las trampas –los “trade-off perversos”, los llamé una vez- de los costos de diversa naturaleza, asociados a la política económica y la gestión de gobierno, como bien apuntara la directora de la Escuela, la Profesora Yoskira Cordero.

La política económica vendrá después. En la base, los problemas principales son las condiciones iniciales, los contextos a crear y los procesos a agenciar para el logro de una recomposición del acuerdo social nacional, que sea sobre la base no solo de un buen consenso (óptimo o cercano, durable, efectivo, exigible, posibilitado de sanción a las anomalías, etc.). Temas de la Economía Constitucional, que quede claro. O, si se quiere, de una Ciencia Política abocada a los temas, no del sistema político, sino de la gobernabilidad.

La Economía ha estudiado con rigurosidad el campo. No es asunto de charlatanes o improvisados. No es para los trasnochados “transitólogos” venezolanos, que ven y proclaman transiciones donde ni siquiera hay cambios. En la conferencia pudimos referir varios de los estudios. En el mundo, hoy hay más interés que nunca en el campo. Y Venezuela lo está necesitando con urgencia.

Igual, en lo propiamente económico, referí las acechanzas en la discusión sobre los temas de la liberalización económica. Entre la ignorancia, el voluntarismo, las ideologías y los trasnochados truncan una muy necesaria discusión en el país. Misión difícil. Intenté –sirva como referencia- impulsarla con mis propuestas en el Programa Económico de Diego Arria, pero ni siquiera tuvieron espacio.

La recomendación a Yoskira y Gustavo es en el sentido de propiciar el interés por el campo. Pongan a trabajar a Antonio Alonso, que bien merecido se lo tiene. Hagan un “joint venture” entre los departamentos de Teoría Económica y Macroeconomía Aplicada (¿se llaman así ahora?), para la apertura de al menos una línea de investigación y formación en el campo.

Termino con una conclusión en la línea de lo expuesto en la conferencia: la práctica profesional y ciudadana en la Venezuela de hoy nos exige, al menos unas cuatro condiciones: 1) reconocer el carácter mágico de la solución democrática, 2) priorizar la relevancia del largo plazo: la consolidación y la necesaria transformación permanente de las instituciones, con énfasis en las económicas, las cuales, precisamente, comienzan con la transición, 3) fajarse en insistir en la importancia de dotarnos de un buen músculo económico, que nunca hemos tenido, y 4) la asunción de los nuevos retos: uno de ellos, la institucionalización de la contraloría ciudadana de lo que pasa en el Estado.

Política rigurosamente democrática; imperio de la Ley; instituciones, más que liderazgos; regímenes y políticas profesionales, etc. Por ahí van los tiros. ¡Que se abra el debate!

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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