Condiciones

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El tema está en el tapete. Solo ahora. Lo cual demuestra la incomprensión, por la dirección opositora, del tipo de régimen que adversa y el modelo de gestión política necesario frente a tal realidad. Los errores de comprensión llevan inevitablemente a errores en la solución. El tema está en el tapete. Solo ahora. Lo cual demuestra la incomprensión, por la dirección opositora, del tipo de régimen que adversa y el modelo de gestión política necesario frente a tal realidad. Los errores de comprensión llevan inevitablemente a errores en la solución.

Ha tenido que ser planteado por la juventud universitaria y los llamados “radicales”, dentro de los cuales me incluyo, para ascender a la agenda política. Pero, ahora está. El manejo del tema de las condiciones electorales puede modificar profundamente las cosas. Es un componente necesario de cara al 14 de abril.

Revisando mis anteriores artículos en este nedio, localizo al menos siete, en los cuales asumo el problema. De manera explícita, desde el 2010. Me atrevo a reproducir dos párrafos de “Supervivencia, contención y lucha”, del 10 de septiembre de ese año.

“Tema polémico, silenciado, pero respecto al cual hay diversas evidencias e hipótesis que recomiendan, en contra del manejo de la MUD, su inteligente politización. Me atrevo a plantearlo en términos de proposición: la oposición debería definir un frente de lucha política permanente en el plano de las condiciones electorales. En realidades totalitarias, mucho más en el llamado “Socialismo del Siglo XXI”, las condiciones electorales son un irrenunciable frente político permanente.

Y que no me vengan con el cuento de la necesidad de la confianza de los electores en el sistema electoral, para el logro de una conveniente participación. En una sociedad ganada al paso del totalitarismo a la democracia, el aguijón de unas condiciones electorales adversas, manejadas como tema de la agenda política –no como tema de quejicas- es un frente de contención y lucha adicional”.

La anécdota de la Señora Aung San Suu Kyi, líder de la oposición democrática birmana, hace un año esta semana, me dio la razón. El día anterior a las elecciones parlamentarias, en las cuales participó, su partido había denunciado que «estamos enfrentando muchas dificultades en nuestra campaña, si la situación no cambia, dejaremos de creer que las próximas elecciones serán justas». Y ella misma había referido irregularidades, intimidación y que las votaciones “no serán realmente libres ni justas”. El día siguiente, 1° de abril, ganó todos los escaños en los cuales fueron aceptados los candidatos de su partido.

La Señora Suu Kyi, desde su liberación en noviembre del año anterior había plantado cara firme a los militares, invitándoles, explícitamente, a una transición a la democracia, había reclamado diálogo y ofrecido una mayor profesionalización.

Otro artículo nuestro, posterior a las elecciones birmanas, nos permite ubicar el tema en el contexto que creemos necesario: precisamente el de una propuesta explícita e intencional de transición a la democracia.

Un mes y una semana después del evento electoral referido, escribíamos en “Tesis avanzadas sobre transiciones (VII)”: “¿Cómo entender y manejar una eventual transición a la democracia en Venezuela? No tengo dudas sobre la conveniencia de una solución electoral. Pero no bajo un esquema electoralista asexuado. Sin reconocimiento del contexto totalitario, sus situaciones y consecuencias. En una apuesta imprecisa. No planteada en términos de “ahora o nunca”, sino de “tal vez podría ser, y si no, dentro de seis años”. Sin política. Sin enfrentamiento ético, conceptual y de proyectos políticos. Sin crítica, contención y lucha. Con falta de valentía para denunciar las lacras y delitos como una parte medular de la racionalidad del régimen. Sin lo que hemos llamado el proceso de vaciamiento político necesario frente al totalitarismo.

Vaciamiento político del chavismo, en primer lugar, entonces. Proclamación de un proceso irreversible de transición a la democracia, en segundo lugar.

No el acto de ignorancia de muchos al decir que ya estamos en transición, sino avanzar las acciones que permitan observar que en efecto se actúa y se gerencia para hacer avanzar la acción democratizadora. La transición a la democracia no es una apuesta: es un programa de trabajo; de exigencias estratégicas, por lo demás. Que debe incluir el reclamo y lucha por los derechos humanos y políticos, en primer lugar. ¡Como los padres fundadores! Como lo hacían Betancourt, la dirección de AD en el exilio y el CEN frente a Pérez Jiménez. Igual, la denuncia (como Suu Kyi, en Myanmar)) y lucha por unas condiciones electorales bajo requisitos de transparencia y control abierto”.

Para fortuna de los sectores democráticos y progresistas, la puja de diversos sectores “outsiders” ha posicionado el tema en lo más alto de la agenda política. La marcha estudiantil al CNE, agredida por sectores violentos del chavismo y permitida por las fuerzas del orden; los reclamos de “Venezuela Soberana” a la MUD y el propio candidato; un foro realizado por “El Nacional”, importante medio capitalino, con expertos electorales y la acción de las redes han logrado voltear la tortilla, en el manejo del Comando “Simón Bolívar”, de Enrique Capriles Radonsky.

En lo personal, me reconforta. Ha estado en mis planteamientos desde hace una década. Aún creo que hay tiempo y temas por manejar. Pero, estamos frente a un gran avance. Apostemos a su impacto positivo en los resultados electorales de este nuevo lance contra el totalitarismo castro-chavista.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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