Concretar

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De pronto se me viene a la mente mi vieja idea de concretar una iniciativa institucional para el trabajo técnico de resguardo del largo plazo de las democracias. Los manejos institucionales siguen siendo nuestra llave para el buen gobierno y sus efectos virtuosos derivados. De pronto se me viene a la mente mi vieja idea de concretar una iniciativa institucional para el trabajo técnico de resguardo del largo plazo de las democracias. Los manejos institucionales siguen siendo nuestra llave para el buen gobierno y sus efectos virtuosos derivados.

Que ello ocurra en el momento en el cual termino la revisión de un libro sobre transiciones a la democracia, lo tomo como una auspiciosa asociación en la línea de vincular, funcionalmente, el corto con el largo plazo de las democracias. La suma de “cortos plazos” nunca lleva al largo plazo deseado. El futuro, o se asume como reto estratégico, o se hace campo de la incertidumbre.

Esa iniciativa la hemos llamado “Observatorio de la Sostenibilidad de la Democracia”. Lo concebimos como una institución nacional o supranacional, de carácter técnico, para el estudio, modelado y evaluación de la democracia como proceso a orientar en el largo plazo.

El ambiente para su creación no deja de presentar limitantes. Entre otras, la probable incomprensión del proyecto (el futuro no es un “género” de fácil venta), la dificultad de las gestiones necesarias a la superación de esa incomprensión y los múltiples compromisos y gestiones para los acuerdos institucionales necesarios a la creación misma. En positivo, operaría la convicción de la oportunidad de su planteamiento, cuando el mundo arranca una nueva fase de recuperación, pero con severas limitaciones institucionales, que convendría infundir de mayor fortaleza.

La meta estaría definida en términos de la creación del Observatorio, con su correspondiente dotación de recursos de todo tipo. Requeriría una labor previa de convencimiento, aceptación y viabilización, para lo cual, iniciativas técnicas de diversa naturaleza. Podría parecer lo contrario, pero la matriz de opinión dominante es opuesta a decisiones de este tipo. Las instituciones que se ocupan del etéreo futuro son moneda corriente en Europa y Estados unidos, pero menos frecuentes en Latinoamérica e inexistentes en Venezuela. El “aquí y ahora” marca y limita nuestros afanes.

Un esmerado intercambio profesional y la valorización del “estado del arte” en la reflexión conceptual o en la prospectiva sobre el fenómeno democrático, asentados sobre un esquema conceptual mínimo –un modelo- que oriente sus trabajos, pueden ser la materia necesaria para la creación de la institución, lo cual definiría un aporte definitivamente relevante a la transformación permanente de la democracia y, con ello, a la superación de los desajustes conocidos.

En reciente trabajo (“un ejercicio prospectivo en el campo de la política”, en “Un porteño y un inglés en la Peña de los Lunes”. Las peñas y las tertulias: puentes de saber, cultura y cordialidad”. Fundación Venezuela Positiva. Caracas, 2012) propongo “nuestro modelo”, en el cual, sin mayor especificación en este artículo, la “variable resultado” es la Consolidación Democrática y las “variables explicativas” son la cultura ciudadana, el desempeño político, la proactividad de las instituciones, la modernidad de la economía y la calidad de lo social.

Es una manera ecléctica de aproximarse a un tema en el cual no hay un manejo estándar. Por el contrario, una elaboración inacabada y de enfoques diversos, con predominio de visiones parciales. Más ha primado el riesgo de regresión a gobiernos autoritarios o el agenciamiento de barreras a las disfuncionalidades, que la comprensión dinámica del proceso de habituación a la democracia. Con esto lo que quiero decir es que los conceptos conocidos se orientan más a evitar los males, que a anticipar e instrumentar el manejo virtuoso que los soslayaría.

En nuestro caso personal, tenemos una ventaja comparativa absoluta para una iniciativa como la propuesta. En la Venezuela de hoy tenemos un caso modelo de estudio, así como lo tuvimos para el tema de la transición a la democracia.

Una transición virtuosa, a finales de los ’50 del siglo pasado; un país pletórico, desde los ’20, hasta los ‘70; un modelo político inicialmente alabado (para la transición y el establecimiento de un modelo democrático), pero con severos límites para su consolidación, que nunca llegó; una larga fase regresiva, lo que hemos llamado el post puntofijismo; un lapso de dramáticos problemas de ingobernabilidad, desde finales de los ’80, hasta 1998, con una asonada popular, dos golpes de Estado y varios más incubados; una aparente salida electoral y una incursión autoritaria a una nueva época dictatorial (neodictatorial, para ser precisos), con sus específicos problemas de ingobernabilidad democrática y conflicto político.

Nos hemos nutrido de esa experiencia y la hemos modelado. Hemos apuntado a los temas de la transición a la democracia y la consolidación consecuente, también por la vía de modelos conceptuales. Ahora nos interesa la prueba de la práctica en una institución que se ocupe de resolver.

Para ello, la iniciativa del “Observatorio”. Ojalá que supraestatal y supranacional. Ojalá que bien definida y no un acto formal o burocrático. La exigente consolidación democrática, en el desorientado mundo de hoy requiere los mejores esfuerzos. Y puede generar un camino a la solución de muchos de los mayores peligros mundiales.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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