americaeconomica.com

Balance

viernes 31 de octubre de 2014, 01:00h
Es éste el inicio de un balance de nuestras consideraciones y aportes a la Economía Transicional, en su mayor parte, en medios masivos. Tiene doble propósito: organización de lo producido y punto de arranque de nuevas incursiones en el campo.
Es éste el inicio de un balance de nuestras consideraciones y aportes a la Economía Transicional, en su mayor parte, en medios masivos. Tiene doble propósito: organización de lo producido y punto de arranque de nuevas incursiones en el campo.



En un nivel más general, tales cometidos aportan al reforzamiento de capacidades en el campo transitológico y facilidades estratégicas para el manejo de procesos transicionales; en particular, el venezolano.



En nuestro país, el campo de la Economía Transicional ha sido poco trajinado. También es así en el ámbito mundial, aunque son observables progresos de distinta naturaleza. Destacan, el camino anglosajón de la llamada “Transition from communism to market”, en la cual, aportes del Nobel Stiglitz; el surgimiento de algunos grupos de trabajo en el tema y diversos manejos sectoriales especializados.



Por nuestro lado, realizamos, a comienzos de la década pasada, en tareas políticas de desarrollo de contenidos y propuestas, un planteamiento estratégico de orientación transicional (el capítulo “Viabilización de la Transición Democrática”, en nuestro libro del 2010), hemos cumplido un trabajo de publicación y difusión por diversos medios y marcamos claramente con la metáfora transicional nuestra tarea como Jefe de Programa Económico de un precandidato opositor en 2012.



En este artículo nos referiremos a los fundamentos de nuestras consideraciones y aportes y dejaremos para el siguiente los componentes más en el nivel del corpus y el “know how” del campo.



Lo primero es que “se reconozca o no el carácter transicional del eventual inicio de un gobierno democrático estaremos frente a un lapso con características especiales, que requiere iniciativas también especiales”, lo cual –de toda evidencia- incluye lo económico (es una necedad muy venezolana asumir que no se cree en la necesidad de una transición a la democracia, como plantea Henrique Capriles Radonsky”).



Lo segundo, lo expresamos como sigue. “Hay, que quede claro, un fondo de Economía Política a atacar y no sólo acciones de política económica. Sobre esto último, en un plano más general y conceptual, creemos que resulta necesario un manejo en términos de Economía Política y Economía Institucional –incluso constitucional- acerca de la reconstrucción y búsqueda de optimización de los “acuerdos” o configuraciones de poder (consensos) en y alrededor del Estado”.



Lo tercero, “nuestras certezas sobre la acometida de algunas acciones de corte estructural (no equiparar con el Consenso de Washington) y de cambio institucional ineludibles, conocida la mala historia de los últimos cuarenta (y seis) años y el proyecto de destrucción nacional de los últimos trece (dieciséis)”. En esta línea ha habido avances remarcables.



Lo cuarto, que “la salida de un régimen totalitario a uno democrático es –acéptese o no- una transición y lo que debe enmendarse en ellas, de no hacerse, cobra su precio en cualquier momento”. El ejemplo venezolano, de la evolución económica del ’59 al ’78 del siglo pasado -sobre todo, a partir del ’68- ilustra bien la falla.



Lo quinto, para el caso nacional, “Venezuela debe salir de las trampas de las economías políticas, tanto chavista, como postpuntofijista. No hay largo plazo viable en las redes del mercantilismo, estatismo, rentismo, clientelismo y populismo”.



Lo sexto –radical-, es que “Venezuela (o cualquier país que asuma una transición) debe refundar su economía. De cara a ello, necesitamos conocer lo que tenemos. Es un requisito de asertividad. La intervención y el mejoramiento de los fundamentos del sistema económico nacional deben ser asertivos”.



Lo séptimo, que “Entorno, modelo y prospectiva son, entonces, el punto de partida para el análisis y las elaboraciones necesarias a un lanzamiento de las posibilidades productivas nacionales”. La transición vale, pero también su aporte a una consolidación democrática y al logro de una economía desarrollada.



Lo octavo, que “Las condiciones iniciales del sistema económico (en sentido estrictamente walrasiano); y, aún más, del sistema social, deben ser revisados”. La investigación en la línea de la “transition fron communism to market” es una muestra del acatamiento de la propuesta.



Lo noveno, “si el Estado sigue siendo el centro de la actividad económica y no se genera un esfuerzo notable de liberalización y apoyo en la economía privada competitiva, seguiremos en un esquema como lo conocido hasta ahora”.



Lo décimo es que así como el énfasis en la democratización política sobre bases institucionales precisas es el principal propósito político, la liberalización económica, con reconocimiento de la necesaria relación mercado-Estado, es el fin privilegiado de la esfera económica.



La relevancia de la Economía Transicional tiene que ver no solo con la existencia de casos a los cuales aplica, sino con las fallas observadas en algunos de los ya avanzados (el ejemplo español). Pero, también con la onda populista o neocomunista que se cuela en el mundo, en razón de las fallas de la democracia y el capitalismo, que obliga a una contrapropuesta.



Su entidad ha mermado después de la onda liberalizadora de la esfera soviética. Procede retomarla, ponerla al día, incorporar los cambios exigidos por el surgimiento de nuevos problemas y desarrollarla en sus múltiples aspectos. Campo de relevancia renovada.



* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios