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Arranques

jueves 14 de marzo de 2013, 01:00h
Parece un racing de Fórmula 1. Con pole position incluida. Arranca la campaña electoral venezolana, es verdad; pero, hay más. Muchísimo más.
Parece un racing de Fórmula 1. Con pole position incluida. Arranca la campaña electoral venezolana, es verdad; pero, hay más. Muchísimo más.



Arrancan los herederos políticos, sin la guía del gran caudillo; inicia un “gobierno” múltiplemente espurio, tributario de instituciones colonizadas; surgen la presidencia de un civil en un régimen militarista y una virtual junta cívico-militar; es un tiempo, con diversos factores de riesgo, de mayor presencia castro-comunista; nos llega una inédita época de sequía de dólares en un país petrolero importador; suceden la caída del crecimiento y el alza de la inflación y severos problemas de suministros y servicios; la violencia política asoma la cara; se cuela el intento de construcción de un nuevo mito político latinoamericano, en la figura del responsable de la importante regresión histórica de Venezuela; etc.



Una situación, que en su complejidad y profundidad, no asalta la agenda nacional solo por la fuerza desmovilizadora del disimulo, la publicidad, la invasión mediática, el marketing político, la banalidad electoral, el vuelco de las emociones sobre uno u otro candidato, etc. Las elecciones, paradójicamente, actúan como desmovilizadoras de la política.



De no mediar procesos de reacomodo del sistema, consecuencia de sus factores de inestabilidad, la campaña copará la escena. En esa campaña, por las situaciones mencionadas y la naturaleza fraudulenta de los regímenes totalitarios de nuevo cuño, la ventaja electoral no depende de las preferencias de los electores, salvo en condiciones extremas de motivación, sino de las condiciones electorales, completamente en manos del propio régimen. El castro-chavismo arranca en la pole position.



Pese a ello, los factores reales siguen operando. Déjenme decirles que el sistema muestra diversos factores de inestabilidad: posibilidades de crisis de gobernabilidad, e incluso potenciales crisis terminales. La riqueza nacional, tanto la patrimonial, como los flujos corrientes, están cada vez más en manos del castrismo o aliados en su geopolítica neo totalitaria. No por razones ideológicas, sino por simple confrontación de intereses, eso desplaza a los militarismos no castristas. La condición civil del usurpador de la presidencia es también un moscón en la oreja del militarismo.



El frágil entorno dibujado arriba no hace más que propiciar la inestabilidad y debilitar los dispositivos para su control. Las elecciones, en las condiciones viciadas, de abuso y ventajismo presentes, no son un efectivo mecanismo correctivo, lo cual hace avizorar escenarios de complicación de la ya difícil situación nacional, no solo en el plano de la soberanía, las libertades y los derechos, sino el de las condiciones materiales de vida. Venezuela como patria es una realidad en desaparición.



Nuestros escenarios económicos relativos al chavismo, esbozados en estas mismas líneas hace varios años, siguen reafirmándose: Venezuela va en “Camino a Cuba”, es una “Provincia del Foro de Sao Paulo” y está convertida en un “Satélite de China”. A estas alturas, el tema soberanista gravita mucho en los espíritus de civiles y militares. Y tiende a agravarse.



No se diga de los daños de la deriva nacional sobre el bienestar y las posibilidades económicas. La producción petrolera va en descenso, en contra de las posibilidades del mercado mundial; se anticipan nuevas y muy competitivas fuentes de petróleo; la economía productiva está destruida, acosada y sitiada; las supuestas “sendas de crecimiento” no son más que el resultado de masivas inyecciones de gato público mal financiado; la inflación es una política de Estado; la pérdida de oportunidades, de cara a la región y el mundo son vergonzosas; etc. Venezuela sufre una dramática desertificación económica, oculta bajo una burbuja de liquidez.



En el plano político –en el cual se dirime el futuro nacional en democracias- no hay salida a la vista, excepto bajo las improbables condiciones extremas mencionadas arriba. Las condiciones electorales son decisivamente adversas. El régimen ha explicitado de manera muy clara su peligroso Proyecto de País. Y la oposición institucional (la “leal oposición” al régimen) no tiene el suyo. Sus propuestas no permiten deducirlo. El régimen arropa en el plano del “acompañamiento” (control, más bien) social; la denuncia y la lucha por los derechos y libertades, de parte de la oposición, no son suficientes. La oferta política de la oposición es claramente insuficiente y no muestra indicios de cambiar.



Venezuela está situada frente a una terrible encrucijada. Está acosada por importantes factores de riesgo. Su conflicto de larga data (un capítulo de nuestro libro del 2010, escrito en el 2002) asoma peligros, no solo impredecibles en sus efectos, sino espeluznantes en su prospectiva. Es tiempo de grandes decisiones para prevenir daños.



De la preocupación por los escenarios de lo que podría suceder, debemos pasar a la construcción de los escenarios de lo que debemos hacer, para minimizar riesgos y potenciar la esperanza. Es el gran tema de agenda hoy.



* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1
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