Zapatero falla

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Iba a ser uno de los actos centrales de la presidencia europea de España. Un gran foro de la Alianza de las Civilizaciones que impulsó el presidente hispano, José Luis Rodríguez Zapatero, en que estaría presente el el mandatario brasileño, Lula da Silva, como anfitrión y hasta Barack Obama. El mandatario estadounidense se descolgó a principios de semana. Luego, Zapatero, asediado por la complicada situación económica y los problemas de su Gobierno, decidió suspender el viaje. Iba a ser uno de los actos centrales de la presidencia europea de España. Un gran foro de la Alianza de las Civilizaciones que impulsó el presidente hispano, José Luis Rodríguez Zapatero, en que estaría presente el el mandatario brasileño, Lula da Silva, como anfitrión y hasta Barack Obama. El mandatario estadounidense se descolgó a principios de semana. Luego, Zapatero, asediado por la complicada situación económica y los problemas de su Gobierno, decidió suspender el viaje.

La necesidad de reaccionar ante una situación desesperada precipitó las cosas. El jueves, el líder socialista llamada a Lula a las doce y media de la noche para explicarle personalmente los motivos de su deserción justificada. Entonces ya sabía que su Gobierno iba a conseguir que se aprobara un durísimo plan de ajuste a la medida de los mercados financieros que incluye medidas muy impopulares como la congelación de las pensiones o la rebaja del sueldo de los funcionarios en un 5%. Pero también que el margen, un solo voto, le iba a obligar a concentrar todo su esfuerzo en la política interior.

El presidente español está decidido a coger las riendas de la negociación de la reforma laboral. Muestra de ello es la discreta reunión que, según pudo saber EL BOLETIN, mantuvo a última hora de la tarde deL viernes, en La Moncloa con dos de sus vicepresidentas, María Teresa Fernández De la Vega y la también ministra de Economía Elena Salgado, más el ministro de Trabajo Celestino Corbacho.

En este encuentro podría haberse diseñado una propuesta de reforma a la medida de los sindicatos para recuperar la paz social y las alianzas parlamentarias más a la izquierda. El plan es que el acuerdo llegue la semana que viene y que el documento final se apruebe en el Consejo de Ministros del 11 de junio, según la agencia Efe.

Algunos analistas políticos creen que la reunión de urgencia entre Zapatero y este grupo reducido de ministros, que fuentes de Moncloa ni confirman ni desmienten, podría estar relacionada con la posibilidad de impulsar una reforma laboral que tenga la garantía de que será apoyada por los dos grandes sindicatos CCOO y UGT, aunque la CEOE no la firme. Así al menos, evitaria una posible huelga general. Las centrales han asegurado que si la reforma laboral se cierra sin contar con ellos no habrá vuelta atrás.

Si el presidente consigue este pacto, aunque los empresarios se descuelguen José Luis Rodríguez Zapatero lograría dos objetivos: recuperar la paz social y la confianza de la izquierda, lo que posibilitaría alianzas parlamentarias con estas formaciones que le garanticen la estabilidad del Gobierno hasta el final de la legislatura.

O por lo menos, la aprobación de los Presupuestos en otoño con una mayoría holgada y suficiente para acallar el rumor de la prensa conservadora que pide elecciones anticipadas. Y que reclamó ayer también para septiembre el nacionalismo catalán, cuyos representantes, sin embargo, facilitaron con su abstención la aprobación del plan de recorte por responsabilidad política.

Buena parte de la oposición conservadora tiene incluso más prisa. No así Mariano Rajoy, el lider de esta formación política que se siente casi presidente, prefiere tomárselo con calma. En su entorno se asegura que éste no tiene ningún interés en que se adelanten los comicios. Así, señalan que ahora mismo no está dispuesto a coger el timón del país en un momento tan difícil, más aún teniendo en cuenta que los sindicatos no serían tan benévolos con él como lo están siendo con Zapatero. Rajoy prefiere que el Gobierno adopte todas las medidas necesarias y termine el trabajo, antes de llegar a La Moncloa.

La posibilidad de que el Gobierno pacte con los sindicatos se acerca dado que el acuerdo sobre la reforma laboral en la Mesa de Diálogo Social parece cada vez más inviable. Cuando quedan cuatro días para que finalice el plazo fijado por el Gobierno para que se cierre el pacto, sindicatos y CEOE han elevado el tono y se han cruzado duras acusaciones. El enfrentamiento público lo inició el presidente de la Comisión de Economía de la patronal, José Luis Feito, quien ha acusado a CCOO y UGT de tener una reacción “infantil, inmadura y absurda” al amenazar con convocar una huelga general si el Ejecutivo decide aprobar la reforma laboral por decreto.

Feito advirtió en declaraciones a Onda Cero que “o se hace una reforma laboral en España o no servirá absolutamente de nada el ajuste que se acaba de decretar para el gasto público”. La reacción de los sindicatos no se ha hecho esperar. El secretario general de UGT, Cándido Méndez, calificó a Feito de “sicario” y “asesino a sueldo” y le acusó de intentar hacer inviable el acuerdo y de añadir dificultades al diálogo social.

A pesar de este cruce de acusaciones, el presidente de la patronal, Gerardo Díaz Ferrán, se mostró optimista respecto a las negociaciones. Aunque advirtió que “lo más importante no es que haya acuerdo o no, sino que de alguna manera, o bien por el acuerdo o bien porque el Gobierno gobierne, se haga la reforma en España”.

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