Los planes del cardenal

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Jaime Ortega, cardenal de La Habana, se está conviertiendo en uno de los principales personajes del cambio que está viviendo Cuba. Sus viajes a Washington, donde ha mantenido contactos con miembros del Gobierno de Obama para que EEUU permita a los cubanos viajar libremente a este país como turistas y volver a la Isla sin problemas, y sus peticiones para que se mejoren las infraestructuras de comunicación entre la Isla y EEUU, especialmente en Internet, le han granjeado fama tanto fuera como dentro de la Isla. Y esto es algo que el cardenal no va a dejar pasar de largo, que se ha propuesto asegurar la influencia de la Iglesia entre la poblacion cubana, y para ello utilizará el centenario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en 2012, para demostrar todo su poderío social ante las autoridades de la Isla y el mundo entero. Jaime Ortega, cardenal de La Habana, se está conviertiendo en uno de los principales personajes del cambio que está viviendo Cuba. Sus viajes a Washington, donde ha mantenido contactos con miembros del Gobierno de Obama para que EEUU permita a los cubanos viajar libremente a este país como turistas y volver a la Isla sin problemas, y sus peticiones para que se mejoren las infraestructuras de comunicación entre la Isla y EEUU, especialmente en Internet, le han granjeado fama tanto fuera como dentro de la Isla.

Y esto es algo que el cardenal no va a dejar pasar de largo, que se ha propuesto asegurar la influencia de la Iglesia entre la poblacion cubana, y para ello utilizará el centenario de la Virgen de la Caridad del Cobre, en 2012, para demostrar todo su poderío social ante las autoridades de la Isla y el mundo entero.

Dentro de un año y medio, en 2012, se cumplirán cuatro siglos exactos desde que unos pescadores descubrieran la imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, efeméride que marca un momento crucial para la Iglesia Católica del país, que quiere aprovechar el momento para asegurar su influencia en la población.

La situación, además, parece inmejorable. Los Obispos cubanos, liderados por el Cardenal de La Habana, Jaime Ortega, se han convertido en una fuerza clave en la actualidad política de la Isla por su papel de mediador admitido entre el Gobierno cubano, la oposición y el mundo que les ha otorgado Raúl Castro en el proceso de diálogo entre cubanos que se desarrolla y que, de momento, ha dado como resultado la liberación de un buen número de presos políticos que han viajado a España, en su mayor parte, y a EEUU en un caso concreto.

La jerarquía católica ha conseguido dos avances notables para promocionarse entre los ciudadanos casi como una alternativa de poder. Por un lado, han conseguido que el Gobierno les autorice a mantener una procesión ininterrumpida por toda la Isla, con la imagen de la Virgen como estandarte, durante el año y medio que resta para la efeméride.

Y, además, ha obtenido reparación en otra de sus reivindicaciones históricas: que el Gobierno les facilitase el acceso a los medios de comunicación de la Isla, al retransimitir en directo la misa celebrada en el Santuario de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba, por el obispo de la ciudad, Dionisio García, que también preside la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, en directo por el Canal Educativo de la televisión oficial cubana.

Los últimos viajes del cardenal de La Habana, Jaime ortega, a Washington le han granjeado una fama y una importancia en el proceso de cambio que está viviendo la Isla. Entre las gestiones que ha realizado en el país latinaomericano, Ortega ha mantenido contactos con miembros del Gobierno de Obama para que EEUU permita a los cubanos viajar libremente a este país como turistas, que puedan ver a los suyos y volver a la Isla sin problemas, según han asegurado ciertos diplomáticos europeos activos en EEUU.

El problema en EEUU es que la adopción de este sistema implicaría varios movimientos complicados. Uno sería sacar por fin a Cuba de la lista de estados enemigos que anualmente publica Washington y en la que la mayor de las Antillas recibe, por ejemplo, un tratamiento similar al de Corea del Norte o Irán. Otro, mucho más complicado, sería que debería dejarse sin efecto la legislación actual, en función de la cuál, cualquier cubano que consigue entrar en el país norteamericano por medios legales o ilegales, se convierte automáticamente en ciudadano estadounidense. Lo curioso es que si se les detecta antes de que puedan entrar al país, se les devuelve inmediatamente a la Isla. Ya saben, el famoso anacronismo conocido popularmente como ‘Ley de los pies secos y los pies mojados’.

Otra de las gestiones que ha realizado en su tal coemntado viaje a Washington para solicitar a la Administración Obama y a prominentes senadores y congresistas estadounidenses que se haga lo posible para mejorar las infraestructuras de comunicación entre la Isla y EEUU, especialmente en Internet.

Según Ortega, la posibilidad de que los cubanos del interior mantengan una comunicación fluida con sus parientes repartidos por el mundo serviría, mucho mejor que cualquier otro medio, para impulsar los cambios hacia la democracia, que, según parece, la Casa Blanca querría que se produjeran en Cuba.

Lo curioso, al menos para algunos diplomáticos europeos que realizan su trabajo en Cuba, es que el propio Gobierno cubano, que realiza un singular y muy efectivo trabajo de bloqueo de la Red, justifica las dificultades de acceso a la red de los ciudadanos de la Isla en los problemas tecnológicos derivados del bloqueo al que les somete EEUU y el hecho de que servicios como la mensajería instantánea de Microsoft, el famoso Messenger, o algunos otros de empresas estadounidenses como Google, les estén vetados a los ciudadanos del interior de la Isla por normas específicas al respecto emitidas por el Tesoro del país norteamericano, contribuye a darles la razón.

En cuanto la participación del cardenal Jaime Ortega en la liberación de presos políticos de las cárceles cubanas, en una entrevista concedida a la CNS, el servicio de noticias en inglés de la Iglesia Católica, el prelado admite desde el primer momento que la liberación de los presos políticos no tiene apenas importancia en el interior de Cuba, donde la principal preocupación de los ciudadanos está relacionada con la dura situación económica en la que viven. Sin embargo, considera que este resultado de las negociaciones era un movimiento estratégico necesario para darle credibilidad al proceso del ‘diálogo entre cubanos’ desde el punto de vista de las relaciones internacionales.

El obispo de La Habana revela también que sus primeras gestiones estuvieron encaminadas a lograr que EEUU acogiera a los presos políticos liberados. Sobre todo porque ese era el lugar al que querían viajar tanto los afectados como su entorno más próximo. Ortega justifica esta opción con dos datos relevantes, primero explica que la mayor parte de los afectados tienen familiares allí y después recuerda que de los dos millones de cubanos que residen en el exterior, algo más del 14% de la población total, 1,5 millones están instalados en el país estadounidense, una cifra que triplica a las 500.000 personas que se reparten por el resto del mundo.

Sin embargo, ya desde los primeros contactos, que mantuvo los funcionarios de la Oficina de Intereses que Washington mantiene en La Habana, quedó claro que La Casa Blanca quería mantener un perfil bajo en estos prolegómenos de la negociación y que no aceptaría la llegada masiva a su territorio de disidentes liberados. La diplomacia estadounidense, como posteriormente explicaría también a los familiares de los presos implicados, sólo estaba dispuesta a analizar cada caso individualmente. Fue entonces, cuando el prelado recurrió al ministro de Exteriores español, Miguel Angel Moratinos, para pedirle el favor de que Madrid acogiera a los disidentes excarcelados.

Al Cardenal se le atribuye el mérito de haber estado en el lugar correcto en el momento oportuno y haber conseguido la promesa, que se cumple paulatinamente, de la liberación de los 52 presos políticos que aún se mantenían entre rejas de los 75 que fueron encarcelados en la ‘primavera negra’ de 2003. Lo que no se ha sabido, hasta ahora, es hasta que punto Roma y Washington han actuado de forma coordinada durante este proceso y cómo fue que España, por medio del sin par canciller Moratinos, irrumpió en el tramo final del ‘diálogo entre cubanos’ como lugar de destino de los disidentes liberados.

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