¿Castigo a Cristina F. de Kirchner?

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El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha aclarado, ya de forma oficial, que el cierre de su oficina en Argentina, que tuvo lugar el pasado mes de abril, se debe a las medidas de ajuste que la institución ha llevado a cabo para poder cumplir con su programa de gastos. Algunos expertos internacionales apuntan a que podría ser un castigo del ente público a las políticas que desarrolla la presidenta argentina, Cristina F. de Kirchner. El Fondo Monetario Internacional (FMI) ha aclarado, ya de forma oficial, que el cierre de su oficina en Argentina, que tuvo lugar el pasado mes de abril, se debe a las medidas de ajuste que la institución ha llevado a cabo para poder cumplir con su programa de gastos. Algunos expertos internacionales apuntan a que podría ser un castigo del ente público a las políticas que desarrolla la presidenta argentina, Cristina F. de Kirchner.

El Fondo anunció en un comunicado que su consejo de administración aprobó un presupuesto de 997 millones de dólares para el ejercicio fiscal enmarcado entre mayo de este año y abril del año que viene. Esto supone, sobre el papel, un aumento de 1,2% con respecto al periodo precedente, aunque el organismo explicó que, contando la inflación, el presupuesto es el mismo.

Además del cierre de su representación permanente en Argentina, que se hizo efectiva el mes pasado, el FMI anunció congelación de salarios y la suspensión de informes semestrales sobre Europa en su conjunto, entre otros.

El cierre de su oficina en Argentina se debe, sobre todo, a que el Fondo no efectúa revisiones a la economía argentina desde el año 2006, después de que el país sudamericano saldara de un solo golpe sus deudas con el organismo multilateral y lo acusara de haberlo aconsejado erróneamente.

Las tensiones entre el ente financiero y Argentina son ya antiguas. El año pasado, el ministro de Economía argentino, Amado Boudou, decidió ignorar las recomendaciones del FMI. El político, uno de los hombres de confianza de la presidenta Cristina Fernández, aseguró que la metodología usada por el organismo en su evaluación de la economía del país y para diseñar un nuevo índice que mida la inflación, era simplista y no servía para ningún propósito útil.

El grupo de trabajo de Boudou no sabía entonces, como publicó en su día AméricaEconómica.com, si el ministro estaba ocultando información o si el informe que recibió del FMI le pareció tan poco relevante, que decidió hacer caso omiso a las soluciones que le aportaba. Al parecer, según especialistas de este grupo, se dudaba de que el Gobierno tuviera voluntad real de cambiar los números de la inflación para hacerlos creíbles.

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