Reuniones

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En la Venezuela actual soy un transicionalista. El país está en el degredo; su posición internacional, salvo la dudosa reputación de financista mundial de dictaduras y pandillas, es de completa vergüenza; existen diversos procesos, signos y síntomas de la decisión de cambio político de las mayorías y comienza a conformarse un cuerpo de ideas y propuestas que apuntan a la superación del vergonzoso establishment nacional. Aporto a esos procesos y ese cuerpo. En la Venezuela actual soy un transicionalista. El país está en el degredo; su posición internacional, salvo la dudosa reputación de financista mundial de dictaduras y pandillas, es de completa vergüenza; existen diversos procesos, signos y síntomas de la decisión de cambio político de las mayorías y comienza a conformarse un cuerpo de ideas y propuestas que apuntan a la superación del vergonzoso establishment nacional. Aporto a esos procesos y ese cuerpo.

No lo hago en solitario. En lo institucional, lo hago junto a las universidades autónomas. La vía es el Proyecto Bicentenario, de la Asociación Venezolana de Rectores Universitarios (AVERU). En lo político, junto a individualidades, grupos y partidos diversos convencidos de la imperiosidad del impulso a los procesos de democratización. La transición a la democracia y un proceso constituyente –proceso, dije; no asamblea- son las metáforas inspiradoras.

Esa acción conlleva a muchas reuniones. Las tuve, junto a destacadas personalidades del mundo político y académico, con el líder de la oposición, Henrique Capriles Radonsky y las he tenido con las máximas autoridades universitarias, en más de una ocasión. Las tengo con diversos sectores sociales y académicos.

En este artículo quiero destacar las segundas: hace dos semanas, en nuestra ciudad de residencia, se realizó una reunión de AVERU. Muy noticiosa. Las universidades enfrentaban y siguen enfrentando la arremetida totalitaria del régimen y había que plantar posición. Y se produjo, gracias a la magia de los medios, un enfrentamiento de las posiciones de universidades y régimen.

La televisión pudo mostrar un careo en vivo, pero por mampuestos, entre el ocupante de la Presidencia de la República y la legítima Rectora de la Universidad Central de Venezuela (UCV) y Presidenta de AVERU, Cecilia García-Arocha. El país entero observó que mientras el régimen intentaba imponer, la Universidad se ofrecía a conversar. Eso fue muestra, con todo dramatismo, de las dos caras de la Venezuela actual: arbitrarios, los usurpadores del poder, y dialogantes, los representantes de la Academia. Ilustrativo contraste, hay que decirlo.

Mientras eso sucedía, un grupo amplio de interesados en el tema constituyente atendíamos una invitación a una reunión paralela, de intercambio de análisis y proposiciones para el avance de un proceso constituyente -en la concepción de algunos-, dentro de los cuales me encuentro, o una Asamblea Nacional Constituyente (ANC), en la concepción de otros. Ya se había concertado una reunión privada con la directiva de AVERU, a realizarse al final de las conversaciones.

Me correspondió ser el vocero del grupo. En mi mente, el artículo 2° de la Ley de Universidades vigente, a pesar de la interpretación acomodaticia del régimen, que no la ha derogado, pero que le ha impuesto la condición de su adaptación a su acomodaticia Ley de Educación. Según la Ley vigente, “Las universidades son instituciones al servicio de la nación y a ellas corresponde colaborar en la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”.

Se llegó a revisar unos diez asuntos de la política nacional y de la acción universitaria a favor de su normalización. Reforzar la propuesta transicional y constituyente por medio de la reflexión y debate universitarios, aportar profesionalmente a la agenda política nacional, acompañar a todos los sectores que colaboran en el manejo de la delicada política universitaria, facilitar la integración de acciones, participar en eventos relacionados, programar actividades propias, realizar dos eventos iniciales sobre temas relativos y otros asuntos de detalle.

Me ha tocado el avance de al menos uno de los puntos. Trabajo en un primer evento a ocuparse de los grandes temas de interés. Venezuela, a pesar de la cháchara sobre transición, aún no comprende la propuesta, no conoce el concepto de transición a la democracia y el tipo de condiciones que exige. La discusión constituyente discurre entre los sentimientos de rechazo o aceptación desesperada. No se entiende que es más un proceso que un único momento. En ambos temas, cabe el aporte universitario en “la orientación de la vida del país mediante su contribución doctrinaria en el esclarecimiento de los problemas nacionales”.

Al finalizar de escribir este artículo, me reúniré con un grupo de estudiantes de la Universidad de Carabobo, interesados en aportar al proceso y definir contribuciones propias. Respondo así a una lista larga de solicitudes y opiniones –en Twitter, fundamentalmente- para infundir de fuerza, organización, iniciativas, acciones concretas, etc., la cada vez más amplia aceptación de una iniciativa de cambio nacional que contiene los atributos de la constitucionalidad, carácter pacífico, búsqueda reconciliatoria, procura de futuros, revisión de los grandes problemas nacionales, recurso al consenso, apoyo a procesos de institucionalización, etc.

El reto es noble, pero difícil. No confrontamos a cualquier adversario. No es un asunto de aplicación automática de la Constitución y las leyes. El régimen se ha encargado de pervertir el marco normativo creado por él mismo. No se pida milagros. Es asunto de lucha política, no de invocación de normas. Apliquemos sabiamente el proceso de gestión política necesaria.

Explorar futuros, definir el deseado, organizarse para su logro, saber dirigir el proceso necesario, gestionar lo práctico, coordinar y controlar el todo, son exigencias para la buena acción política. En eso andamos.

Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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