Programa económico para una transición

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Mis lecturas y análisis me dicen dos cosas útiles para lo que trataré aquí: la salida de un régimen totalitario a uno democrático es –acéptese o no- una transición y lo que debe enmendarse en ellas, de no hacerse, cobra su precio en cualquier momento. Lo primero lo advierten todos los precandidatos democráticos venezolanos, menos Henrique Capriles Radonsky. Lo segundo, que pude conversar directamente con otro de ellos, Pablo Pérez, la semana pasada, es una referencia que obliga doblemente al reconocimiento de ese lapso especial que enfrentaría la política democrática en caso de triunfo. Mis lecturas y análisis me dicen dos cosas útiles para lo que trataré aquí: la salida de un régimen totalitario a uno democrático es –acéptese o no- una transición y lo que debe enmendarse en ellas, de no hacerse, cobra su precio en cualquier momento. Lo primero lo advierten todos los precandidatos democráticos venezolanos, menos Henrique Capriles Radonsky. Lo segundo, que pude conversar directamente con otro de ellos, Pablo Pérez, la semana pasada, es una referencia que obliga doblemente al reconocimiento de ese lapso especial que enfrentaría la política democrática en caso de triunfo.

Tal como conocido, tuve el honor de liderar la formulación económica de la precandidatura de Diego Arria en el Debate sobre Planes Económicos del primero de este mes en Caracas. Insertos en un proceso unitario, es, en buena medida, una elaboración para todos. Convencido, como estoy, de su pertinencia, lo propongo, a sabiendas de la parcial oposición a su aproximación. De hecho, las reformas profundas del marco constitucional y los cambios en la orientación de la economía nacional, pocos los asumen explícitamente en sus elaboraciones.

Propugnamos una “Economía Política de la Transición Democrática”. Se trata de la reconstrucción de los “acuerdos” o configuraciones de poder en y alrededor del Estado venezolano. Lo de hoy es una vergüenza: ya hemos escrito al respecto. Lo heredado, igual exige un “reseteo”. Venezuela debe salir de las trampas de las economías políticas, tanto chavista, como postpuntofijista. No hay largo plazo viable en las redes del mercantilismo, estatismo, rentismo, clientelismo y populismo de los últimos cuarenta años. Una historia de fracasos, evidentes desde los ’70 hasta ahora, nos dice que un cambio –lo entienda o no Capriles- es, no deseable, sino forzoso. Lo que viene se llama y es una transición democrática y requiere su metáfora y herramientas específicas.

Eso es: 1) Valorar los consensos –hay un tema de Economía Constitucional- , 2) poner las capacidades del alto gobierno al servicio de la gestión económica –o sucumbir a ajustes contractivos-, 3) establecer reglas firmes en lo fiscal, monetario y otras áreas –o arriesgar volatilidad, inestabilidad y riesgos en la gobernabilidad-, 4) potenciar los factores de producción –derechos de propiedad, trabajo valorizado, innovaciones e instituciones-, 5) limpiar el sistema económico y la conciencia nacional de “ismos” inconvenientes –ya mencionados arriba-, y 6) establecer políticas y modos de gestión proactivos y declarar la productividad y el crecimiento sostenidos. De lo que se trata es de refundar la economía nacional.

En la precisa situación actual de Venezuela hemos propuesto:

• Acción constituyente para, por ejemplo, potenciar los derechos de propiedad en el campo, la ciudad y la actividad económica y cambiar la concepción del trabajo, para pasar de la protección a la plena valoración.

• Presidencia encargada de gestionar acuerdos necesarios para controlar inflación, evitar fugas de capitales, resolver a favor de los intereses nacionales los convenios y acuerdos inconvenientes, traer capitales de riesgo; etc.

• Acción fiscal y monetaria con base en reglas firmes, profesionalización de la acción económica y coordinación de políticas.

• Combinación de derechos de propiedad y trabajo revalorizado, junto con la ciencia y la tecnología de universidades y centros y las instituciones proactivas como base de la función productiva.

• La concesión del 100% del IVA a estados y municipios y la asignación de la competencia de la promoción económica no rentista a cada región, para potenciar sus ventajas comparativas en recursos de exportación de valor agregado. Es lo que llamamos la territorialización.

• Política petrolera basada en el aumento de la producción y no en su recorte para aumentos de precios. El esquema será de empresas de capital abierto. PDVSA, si es recuperable, o una nueva empresa, no son suficientes para los retos productivos. En la OPEP deberemos hacer valer nuestra posición de grandes reservas, para lograr aumentos importantes de la cuota de mercado.

• La pobreza y el desempleo se atacarán por la vía de la autopista del crecimiento. No creemos en misiones cubiches. Sí en instituciones, política económica expansiva, política social, coordinación de política económica y social, acción pública en sus responsabilidades sociales e inclusión productiva en la base.

• Los controles y el intervencionismo del Estado desaparecerán. La expansión del sistema económico y de la producción y la apertura a mayor cantidad de productores harán que la mayor competencia mejore las condiciones de mercado y los precios.

• El rentismo, el mercantilismo, el clientelismo, el populismo y otras rémoras, entonces, darán paso a la productividad y el brote del crecimiento sostenido de todo el territorio.

No es todo. Pero, marca el estilo. No es sólo pasar el Rubicón. Es también, y sobre todo, establecer las bases para la consolidación.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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