Política democrática venezolana

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Un reduccionismo inconveniente de analistas y algunos practicantes pretende retratar la política democrática venezolana sólo con la observación de la acción de los partidos hacia las elecciones parlamentarias de septiembre de este año. Al respecto, hay que decir que la acción política de la sociedad democrática nacional es mucho más que eso. Un reduccionismo inconveniente de analistas y algunos practicantes pretende retratar la política democrática venezolana sólo con la observación de la acción de los partidos hacia las elecciones parlamentarias de septiembre de este año. Al respecto, hay que decir que la acción política de la sociedad democrática nacional es mucho más que eso.

La acción de los medios de comunicación profesionales; la amplia y diversa protesta social y laboral; el inmenso y espontáneo movimiento estudiantil; la continua acción de los internautas adentro y afuera del país; la posición de diversas instituciones, como la Iglesia y las universidades autónomas; los múltiples y variados factores, sectores y personalidades que actúan cercanamente o dentro de la Mesa de la Unidad Nacional; etc., son también parte de la marcha de la nación a su relanzamiento.

El reduccionismo arriba anotado no tiene cabida. Venezuela enfrenta escenarios que van más allá de las probables elecciones y actúa de cara a todos ellos. El régimen enfrenta un proceso político volátil, pero que va definiendo crecientes niveles de rechazo y desprecio a la acción de su factótum hacia una dictadura comunista, de vocación desestabilizadora mundial.

La semana pasada enfrentó una crisis ministerial, que involucró a su vicepresidente (un general del ejército, el de más alta graduación de los alzados de hace 18 años) y otros ministros y esta semana ha podido contrabandear la presencia y actuación en tierra patria de un reconocido sátrapa cubano, metamorfoseado en experto eléctrico, lo cual significa que, al menos en el muy corto plazo ha podido superar la crisis de hace muy pocos días.

La presencia de Rodrigo Valdés, el represor alto funcionario castrista, en Venezuela, aún no genera reacciones de rechazo activo, pero se agrega a un conjunto de factores de malestar en el país. La economía vive un pésimo momento (bajas de la producción notables, en razón, ahora, del racionamiento eléctrico, que no se remedia), la popularidad presidencial llega a cotas hasta 15 puntos por debajo de su promedio histórico, el rechazo a sus acciones recientes es muy alto,…y avanza el tiempo hacia las cruciales elecciones de la Asamblea nacional.

Que el régimen (monopolista absoluto de todos los poderes) permite las elecciones, pues tendrá una sociedad democrática que lo enfrentará. Que opta por huir hacia adelante hacia el totalitarismo pleno, pues tendrá un país en la calle, todas las otras formas de protesta y una variable incierta en lo relativo a la respuesta de los sectores militares institucionales aún activos. Que opta por la vía lampedusiana de una constituyente (a pesar de que domina todo), pues ya hay sectores que manejan un posible camino constituyente sobre bases comiciales lícitas y de profunda búsqueda de diversidad y consenso.

No las tiene todas consigo el régimen, entonces. No es momento de quejicas, sino de ejecutores. No de mirones de palo, sino de estrategas y operativos. No de criticones de oficio, sino de proactivos. Muchos parecen olvidar que lo perfecto es enemigo de lo bueno.

En el plano propiamente electoral, sin descuidar la integralidad del conflicto, se está frente al vencimiento de un plazo reglamentario de la Mesa de Unidad Nacional, dentro del cual se deberá definir los circuitos electorales que propondrán candidaturas consensuales o la selección por elecciones primarias. Extraordinaria oportunidad para una demostración de amplitud y profundidad de la política democrática.

Incluso en el caso hipotético, aunque probable, de que sólo se anuncie la realización de primarias, queda un amplio espacio para encarar a la nación con la demostración de la posibilidad de consensos diversos y la definición y puesta en discusión abierta de un Proyecto de País, con su agenda parlamentaria correspondiente.

Así que política democrática hay para todos los gustos. No participe, y le dejará el país a Chávez o sólo a los partidos. Escoja usted. Deje de quejarse o hacerse el sueco y actúe.

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