“No hay (un) camino, se hace camino al andar”

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A los políticos venezolanos actuales convendría estudiar un poco la historia política propia. Aunque sea esquemáticamente. Créanme que ayuda. A los políticos venezolanos actuales convendría estudiar un poco la historia política propia. Aunque sea esquemáticamente. Créanme que ayuda.

Propongo a la dirigencia opositora actual revisar el curso del proceso unitario entre noviembre del ’56 y diciembre del ’58 del siglo pasado. Eso evitaría tanto simplismo en y alrededor de la “leal oposición del régimen”. No justifico su censura y crítica a toda iniciativa o posición que se diferencie de los manejos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD).

Veamos –aunque tosco- un poco de historia. En noviembre del ’56, AD, el partido democrático más organizado del momento y líder de los inicios de la democracia, abandona su línea insurreccional y adopta lo que llamó “La Nueva Táctica”, de corte electoral, pero con un profundo manejo político.

En junio del ’57, por instancia del líder de otro partido, URD, y el Partido Comunista de Venezuela, fiel a la URSS, se crea la Junta Patriótica, a la cual, pronto se integraron el partido socialcristiano y Acción Democrática, aunque con la reticencia de su máximo líder Rómulo Betancourt. Su orientación y acción hoy serían llamadas “radicales” (y lo eran) por los celosos defensores de la MUD.

La Iglesia Católica ya había dado un golpe noble a la dictadura, con la Pastoral Arias, a comienzos de mayo y muchos curas participaron en la lucha contra ella.

Acción Democrática disponía del llamado Comité de Coordinación, que constituía la dirección política en el exilio y desarrollaba una intensa actividad política, que incluía notables esfuerzos unitarios, por la vía de la acción ordinaria, pero también con el aporte de contenidos de la “Conferencia de Exiliados”, realizada en Puerto Rico, entre enero y febrero del ’57.

De los militares, se sabía del creciente descontento, pero no había relaciones y ni siquiera cruce de informaciones con la resistencia partidista y civil, hasta avanzado el deterioro del régimen.

En noviembre del ’57 irrumpe la juventud universitaria y comienza a darse un movimiento de rebelión de toda la sociedad que ya no se detendría hasta el derrocamiento del dictador.

Diciembre transcurre de cara al plebiscito fraudulento de la dictadura, aunque continuaban las acciones de protesta en fábricas y liceos y la oposición partidista mantiene la posición de no participar, en razón de la inconstitucionalidad de la elección y su carácter amañado. En Nueva York se habían logrado acuerdos políticos, con la presencia de partidos y sociedad civil.

Enero del ’58 se inicia con la asonada militar de Hugo Trejo. Fue una acción que expresaba el descontento y el compromiso de amplios sectores militares, pero sin relación con los acuerdos partidistas del interior o el exterior. A partir de ese evento se suscita una intensa actividad de colegios profesionales y sectores estudiantiles y ligados a los medios, que avanzan hacia una huelga general y de medios. En algún momento antes de la huelga se había producido la conjunción intencional de acciones entre militares y civiles, por iniciativa militar. La dictadura estaba condenada al derrocamiento.

Ese derrocamiento es un acto militar, pero en un contexto de amplia y profunda movilización de calle. El 23 de enero surge una dictadura militar, que, por efecto de esa calle se convierte en una Junta Cívico-Militar pro democracia un día después.

El planteamiento unitario de Betancourt y Acción Democrática desde 1956, proclamado intensamente en septiembre de 1957, pasado por dos eventos importantes en Nueva York en diciembre, comienza a marcar el camino hacia el Pacto de Puntofijo, a finales de octubre del ’58 y el compromiso de los candidatos presidenciales, junto con un Programa Mínimo, un día antes de las elecciones del 7 de diciembre. El proceso dio inicio a un lapso virtuoso de la política democrática, lamentablemente truncado muy pronto.

En la corta historia referida no hubo una única dirección política, hasta Puntofijo, que fue consensual, con exclusión del Partido Comunista, por pro soviético. En el lapso, la coordinación fue precaria, pero fue mejorando. Había un planteamiento electoral, sin abandono de la política, lo cual, en autoritarismos significa movilización, agitación, organización e información.

Eso es calle, protesta, lucha, denuncia, reclamo, manifestaciones, rebelión, pintas, panfletos, reuniones intersectoriales, relaciones internacionales, sinceración con el mundo militar, preparación para gobernar, apetito por los cambios transicionales, visión de largo plazo, compromiso con las aspiraciones y luchas sociales, concepto de unidad nacional, importancia de consensos dentro del bloque histórico y un largo etcétera.

Cambiando lo cambiable, hay que decir que hoy aún queda aún mucho espacio de actuación –muchas oportunidades- a la acción política opositora interesada en un cambio sustancial a la democracia. No hay un solo camino a la unidad, si ella es un fin superior. Tampoco fueros en el proceso. “Se hace camino al andar”. Los de la foto final para la historia podrían no estar aún. Yo no me preocupo por las iniciativas democráticas alternas, pero complementarias a la MUD. ¡Que se preocupen el régimen y los beneficiarios del electoralismo!

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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