Los míos, los tuyos

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Una contundente manifestación heterogénea donde sindicalistas, indígenas, jubilados y estudiantes se movilizaron en el centro de Quito, en reclamo del proyecto de reformas laborales y constitucionales promovido y que busca aplicar el Gobierno del presidente Correa. Una contundente manifestación heterogénea donde sindicalistas, indígenas, jubilados y estudiantes se movilizaron en el centro de Quito, en reclamo del proyecto de reformas laborales y constitucionales promovido y que busca aplicar el Gobierno del presidente Correa.

Los grupos opositores medían fuerzas con el oficialismo principalmente en Quito, tras la jornada de protesta general convocada contra el Gobierno de Correa, en el poder desde 2007.

Surge a la superficie, remitidos a los hechos, que la luna de miel entre Correa y los sectores populares que lo apoyan hasta el momento, comienza a perder encanto.

La marcha fue liderada por el Frente Unitario de los Trabajadores, la mayor central obrera de Ecuador, el denominador común que aglutina a los diferentes sectores participantes de la marcha, es una serie de proyectos por demás polémicos, encabeza la grilla el nuevo Código de Trabajo que elimina una serie de beneficios laborales, incluyendo recortes al derecho a huelga y a la problemática sindical, que incluyen 17 enmiendas propuestas por el Ejecutivo entre las que sobresalen la reelección indefinida de autoridades por elección popular, incluida la del presidente, y la que pretende transferir a todos los obreros del Estado, que gozan de los beneficios del Código de Trabajo, al régimen de servicio públicos.

Como ya es costumbre en los gobiernos de corte populista, el actual presidente denunció que la protesta tiene fines desestabilizadores y responde a intereses de la derecha, y simultáneamente, a los efectos de contrarrestar la protesta, convocó a una marcha oficialista de soporte a su gestión. Lamentablemente y tal como ya ha sucedido en Venezuela, la marcha convocada en la Plaza de San Francisco por el Frente Unitario de Trabajadores, finalizó con decenas de heridos entre manifestantes y policías, a lo que debemos sumar algún enfrentamiento entre seguidores de Correa y opositores.

Ante la situación Carlos Pérez, presidente de Ecuarunari, organización indígena de la sierra, comentó que no es descabellado la convocatoria a un paro nacional, deslizó la posibilidad, preocupante, por cierto, de que sea acompañado por un levantamiento indígena, quienes enarbolan la defensa por sus derechos con la firme convicción en frenar las leyes de los que consideran la clase explotadora. Lo que sí quedó claro, tal lo acotado por Edgar Sarango, presidente del FUT (Frente Unitario de Trabajadores), es que la movilización pacífica sólo pretende estabilidad y respeto por lo derechos laborales, el objetivo no es desestabilizar la democracia ni alterar el orden público, sino soportar la democracia, forjando un nuevo país de cara al futuro, con la participación de la clase trabajadora. Atento a otros comentarios, hizo hincapié en que los sindicatos notan preocupación no solamente por el nuevo Código Laboral, sino además por la conflictividad laboral, sumadas a un paquete de enmiendas constitucionales que el Gobierno de Correa pretende que apruebe la Asamblea Nacional. Por otra parte, el presidente de la Unión Nacional de Trabajadores de Ecuador, José Villavicencio, afirmó que en el borrador de Código Orgánico de Trabajo no está garantizada la estabilidad laboral, ni el derecho a huelga, vale afirmar que nuestro mensaje es que deseamos estabilidad y respeto de los derechos laborales

La marcha cuyo epicentro fue Quito, se vio replicada en otras ciudades, como Guayaquil y Portoviejo, aunque con menor cantidad de participantes, la protesta incluyó a indígenas que rechazaban una ley que les quitó el manejo del agua en sus territorios, trabajadores de telefónicas extranjeras, quienes verían recortadas sus ganancias en beneficio del Estado, y estudiantes que se oponen al incremento de los pasajes en el transporte.

Rápido de reflejos Correa convocó a la misma hora a un festival artístico, a las puertas del Palacio de Carondelet, sede del Gobierno, convocando a miles de seguidores con banderas verdes, representativo del movimiento oficialista AP (Alianza País), expresando que existe una restauración conservadora con la complicidad de los dirigentes sindicales, a la vista de una prueba piloto a efectos de iniciar en Ecuador la similar estrategia que desplegaron en Venezuela, convencido, además, que su administración impulsará fuertemente una profunda reforma laboral, haciendo principal foco en la redistribución social de las utilidades de las empresas, por ejemplo las telefónicas, incremento en los impuestos en las plusvalía de tierras rurales y urbanas, sumado a un fuerte giro de 180 grados en la seguridad social del país.

Correa, quien gobierna desde hace siete años con altos niveles de popularidad, reunió a sus seguidores en rechazo a los supuestos planes de la oposición para frenar su proyecto de cambios, valido es recordar que esta movilización opositora es la segunda que sufre la administración ecuatoriana, la primera protesta general se recuerda tras el revés de su partido Alianza País en los comicios municipales del 23 de febrero, en los que perdió importantes capitales, incluidas Quito, Guayaquil (suroeste) y Cuenca (sur), si bien se mantuvo como la principal fuerza política a nivel nacional.

Al momento, aquietadas las aguas, se espera que prime el sentido común, y que situaciones como éstas sean recordadas como una anécdota más del juego político que sobrevuela la región.

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