Infocal y la frágil situación venezolana

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Recibo estimulantes comentarios, confirmaciones y validaciones de lo afirmado por nosotros a comienzos de semana, sobre la base de un método de consulta propio, que hemos llamado INFOCAL. Recibo estimulantes comentarios, confirmaciones y validaciones de lo afirmado por nosotros a comienzos de semana, sobre la base de un método de consulta propio, que hemos llamado INFOCAL.

Respecto a la situación del conflicto político nacional, obtuvimos que “desde hace una semana puede definirse en términos de un relajamiento o caída menor de la situación estratégica tanto del Gobierno como de la sociedad democrática y, como consecuencia de ello, una mayor indefinición de la solución final de ese conflicto”.

De acuerdo a la identificación de causas, aparece que “el impacto político evidente de los problemas sociales sentidos y expresados por la gente, la protesta variada y creciente de diversos sectores, la derrota política de Chávez en el caso hondureño y sus repercusiones sobre el tipo de política que practica, el engolosinamiento electoralista –ni siquiera electoral- de la oposición partidista, el impacto de la acción de estudiantes de nuevo tipo y el nuevo sainete con Colombia son los factores que políticos, académicos, profesionales y activistas de la sociedad civil consultados mencionan como explicativos de tal situación. No son todos, pero sí los más validados, excepto el último que surge en una tercera ronda de validaciones”.

Y sobre los efectos de la situación del conflicto, aparece que ella “genera unos cuatro efectos que plantean diversos riesgos y posibilidades. El régimen cambia el énfasis dentro de su abanico de instrumentos de acción estratégica hacia aquellos menos visibles y conflictivos (la violencia, por ejemplo), pero de mayores efectos a largo plazo (los cambios legales e institucionales, tales como la Ley del Consejo Federal de Gobierno, que golpea a los gobiernos estadales y locales y comunidades). De igual forma, aunque de probabilidad menor a media, el riesgo de un deslizamiento del Gobierno a un “estado de desespero” que podría inducirlo a acciones terminales (huida hacia adelante, a una “solución final” de toma violenta o inesperada del poder). En el mismo orden de cosas, también de probabilidad baja, la sensibilización o apertura del Gobierno a nuevos cambios estratégicos (regreso a lo ya conocido, sobre todo la violencia legítima e ilegítima). Finalmente, en otro orden, la posibilidad de un espacio abierto a iniciativas alternativas, no vistas o difíciles hasta hace poco tiempo”.

Del fin de semana pasado a ahora se suceden eventos y surgen hipótesis que aclaran (¿o complican?) aún más el panorama. El histriónico programa dominical presidencial, demencial esta vez en sus llamados a la guerra con Colombia; la nueva baja de la popularidad presidencial; otro dato sobre una nueva mayoría de venezolanos fuera de los cauces de Gobierno y oposición; un sondeo, de amplia divulgación mundial, con resultado de amplio rechazo a las amenazas chavistas a la guerra con Colombia, sobre todo en sectores tradicionalmente oficialistas; una mal cazada polémica de los viejos partidos, contra iniciativas democratizadoras de la amplia sociedad no chavista; los viejos rumores latinoamericanos de siempre; la hipótesis de un reconocido “chavólogo” sobre una salida constituyente promovida por Chávez; etc., todo con el trasfondo de desastre económico, social y político conocido, conforman la frágil y riesgosa situación que muchos vislumbramos en lo inmediato.

Tal como hemos venido insistiendo desde hace semanas, el entorno específico enfrentado nacionalmente está planteando a sectores no convencionalmente políticos (universidades, iglesias, militares institucionales, organizaciones defensoras de derechos diversos, empresarios auténticos, pacifistas, institucionalistas, etc.) una irrupción política que acabe de una buena vez con la locura presente. ¡No a la irresponsabilidad guerrerista! ¡No a la penuria de tantos, por la sevicia de unos pocos!

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