Enigmas de colombianos y venezolanos

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Dos frases de Plinio Mendoza perturban mi estado de ánimo respecto a temas que me preocupan, al regresar de un nuevo viaje de trabajo a su país, el cual me permitió leer su ‘Entre Dos Aguas’: “El azar tiene cartas que uno nunca espera y que hacen de la vida una aventura siempre inédita” y “la vida (…) es siempre una novela inconclusa, y tal vez lo mejor para un poeta es que este enigma subsista”. Dos frases de Plinio Mendoza perturban mi estado de ánimo respecto a temas que me preocupan, al regresar de un nuevo viaje de trabajo a su país, el cual me permitió leer su ‘Entre Dos Aguas’: “El azar tiene cartas que uno nunca espera y que hacen de la vida una aventura siempre inédita” y “la vida (…) es siempre una novela inconclusa, y tal vez lo mejor para un poeta es que este enigma subsista”.

No albergo compulsiones poéticas, pero el viaje y el libro me inspiran una rara pasión, que presumo de poetas –sé que suena pretencioso- en la preocupación por Colombia y Venezuela: o hacemos lo que hay que hacer, de la manera precisa como hay que hacerlo, o, en el mejor de los casos, nos veremos, por siempre, confrontados al azar y a enigmas irresolubles.

Venezuela está muy mal, no hay duda. Colombia muestra pujanza, pero acumula dramas viejos y nuevos. Hay un término que les resulta común: conflicto. Aquí: político, inédito, complejo, de uso selectivo de la violencia. Allá: armado, plagado de terrorismo. En ambos, con ‘narcos’. Un sustrato común de miseria, corrupción, militarismo, centralización, maltrato por las políticas públicas, desviaciones formalistas y racionalistas de los ciudadanos y políticos buenos, junto con formas inadvertidas de colaboracionismo de cierta clase política, exigencias afectivas, etc., complican las situaciones.

Vengo de una honrosa y gratificante inmersión de dos días, en la Universidad Pontificia Bolivariana de Bucaramanga -gracias a su rector, Monseñor Primitivo Sierra, y los buenos oficios del profesor Sergio Agón-, de mucha cercanía con voceros, relacionados y estudiosos de un proceso marcador de los últimos tiempos colombianos: la Asamblea Constituyente de 1991. En ocasión de sus 20 años, comienza a realizarse su revisión y evaluación. Y aún más auspicioso: el inicio de una agenda de los temas de interés nacional aún pendientes en el nivel constitucional; incluso, en términos de un nuevo proceso.

En Venezuela, eso interesa a los que creemos en iniciativas similares (sea una Constituyente, un Pacto de Gobernabilidad, un Proyecto de País, una propuesta de viabilización de una Transición Democrática, etc.): los “locos” del Grupo de Tareas de la Asociación de Rectores Universitarios, encargados de tales temas. Pues, la Constituyente nuestra, de 1999, a diferencia de la colombiana, no cumplió con las condiciones mínimas de transparencia y consenso, por lo cual, plantea una situación aún más difícil.

Hay isomorfismos, sin duda. Usemos el caso colombiano, para entender ambos. Colombia quiso dar un salto drástico a la modernidad política e institucional. Eso es racional. Y lo logró en buena medida. Pero, toda iniciativa de modernización está requerida de entender las posiciones en las cuales se encuentran las preferencias de los ciudadanos por los temas objetos de las reformas, el “estado del arte” de los procesos que las posibilitan y los recursos disponibles a ambos.

Fue tema de varios de los participantes. María Cristina Gómez Isaza, Iván Marulanda Gómez, Juan Carlos Esguerra, Antonio Galán Sarmiento y Jaime Castro Castro, entre otros, permitieron manejos, en un plano muy afectivo y emocional, para conformar una agenda de los cambios necesarios, no sólo en las nuevas reformas o textos constitucionales, sino en los procesos necesarios a su optimización: culturales, educativos, ciudadanos, políticos, afectivos, etc. El Presidente Belisario Betancur, por su parte, nos permitió una magistral ponencia, salpicada de fino humor, sobre la condición profundamente arraigada del pacto social y cultural en los humanos.

Niveles más (Colombia), niveles menos (Venezuela), tenemos retos de normalización de las relaciones entre hermanos. Hay crisis en Venezuela y mucha angustia, preocupación y deseo de seguir progresando en Colombia. Hay temas de agenda comunes. Seguiremos intentando ayudar a superar el azar y disipar los enigmas de ambos. El reto no es sólo racional, sino, sobre todo, afectivo.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1, en Twitter

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