Dos consultas a las bases

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Venezuela vive –aunque no como fenómeno masivo- dos semanas de consultas electorales a las bases de los dos grandes polos políticos, de cara a las elecciones parlamentarias de septiembre: primero, la llamada oposición y segundo, el partido oficial. Sus implicaciones mayores las vemos no en lo electoral, sino en lo político. Venezuela vive –aunque no como fenómeno masivo- dos semanas de consultas electorales a las bases de los dos grandes polos políticos, de cara a las elecciones parlamentarias de septiembre: primero, la llamada oposición y segundo, el partido oficial. Sus implicaciones mayores las vemos no en lo electoral, sino en lo político.

Nuestra oposición mostró transparentemente cotas muy bajas de participación. Diversas razones externas e internas lo explican. El miedo entronizado por el régimen de inspiración castrista es uno de ellos. La falta de convicción y compromiso de las instancias directivas de la llamada Mesa de la Unidad Democrática es otra. Pero quedan ganancias.

Falta por ver el desenvolvimiento del proceso del partido oficial, y es de esperar la inflación numérica de la participación y la influencia ubicua del dedo presidencial. Otra cosa es lo que se mueve en las bases. Lo cual también beneficia.

Ambos eventos nos importan. Quienes creemos en la democracia tenemos que alegrarnos de todo evento que la permita e impulse. Las ganancias políticas son generales.

El domingo pasado nos tocó a quienes nos ubicamos en el mundo de la política unitaria de la sociedad democrática. Nosotros mismos participamos en un circuito carabobeño (cinco municipios del estado Carabobo, región central). El domingo 2 de mayo toca a los oficialistas.

De nuestro lado de la política, que es sólo uno de tres o cuatro sectores políticos (oposición, partido oficial, disidentes chavistas y zona media), los temas centrales estaban claros: unidad, recuperación del país, apertura a la libertad, recuperación de las instituciones, etc.

Del lado del oficialismo, que ya no es monolítico y está severamente mermado, los temas son la profundización del proyecto cubanizante o su corrección, el autoritarismo personalista o su apertura, un cambio radical del país o su moderación, etc.

Insistimos en que, en ese entorno, el ‘rebullón’ político es más que evidente. ‘Eppur si muove!’ como diría Galileo: cual caleidoscopio, la conformación de la política venezolana cambia con cada movimiento. Y estamos refiriendo dos.

Y es que por detrás de todo, están temas, que mucho más allá de la selección de candidatos, son, por decirlo así, la agenda oculta tras lo que se ve: los grandes temas en los planos de lo histórico, social y político.

En nuestro proceso nos topamos con muchos chavistas (de hecho, ya el fenómeno alrededor de Chávez no se puede seguir llamando así) que no responden al cliché establecido: están dispuestos al diálogo, reconocen otras opciones, las valoran, asumen valores de tolerancia, se interesan por el bienestar propio y de otros, etc. Esos chavistas nos interesan. Hay que abrir ventanas hacia ellos.

Está, entonces, por comenzarse a escribir una historia nacional muy distinta a la lucha de clases chavista y a la política de tierra arrasada y racionamiento del modelo cubano. Esa historia por escribirse nos interesa mucho.

Del lado de los variados factores y sectores que respaldaron nuestra fórmula, hubo –y hay- un planteamiento ético, conceptual y político que apuntó también, más que a la campaña misma, a los fines históricos que referimos arriba. La reunificación, la recuperación, el relanzamiento, la transición, el progreso, el bienestar y otros temas profundos, fueron nuestros estandartes y son nuestro mejor capital político.

Lo desarrollado y capitalizado durante la campaña, pero también esas otras iniciativas que desarrollamos para el mejor destino nacional, lo ponemos a la orden de todos los que se dirigen a un país mejor, ubicados en uno u otro de los dos eventos mencionados.

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