Diacronía

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Manejamos una tipología propia de las transiciones a la democracia. Los cuatro tipos reconocidos guardan una diacronía –una lógica en la relación- que interesa revisar y comprender. Manejamos una tipología propia de las transiciones a la democracia. Los cuatro tipos reconocidos guardan una diacronía –una lógica en la relación- que interesa revisar y comprender. Llevada a modelos funcionales permite conocer, anticipar e intervenir de modo estratégico el proceso de cambio a la democracia. Es tema de altísimo interés práctico en nuestra línea transitológica.

Reconocemos la cooptación como una prototransición. Ya la hemos descrito. La propiciación –que no la autoexclusión- la entendemos como un segundo tipo –una opción- liderada por el régimen en el poder que se ve compelido al “lavado de cara”, sin renunciar a su ideario e intereses. La negociación la encontramos cuando el régimen pierde el liderazgo del proceso de cambio, pero mantiene suficiente poder para imponer condiciones al nuevo régimen. Y solo el vacío o colapso lo asignamos a los procesos de cambio a la entera medida de las aspiraciones democráticas.

Toda la lógica del proceso está influida por la intensidad del vaciamiento político del totalitarismo. Los primeros tipos son de bajo “vaciamiento”; los últimos, de mayor fuerza, hasta el extremo ideal, del vaciamiento completo, por colapso. El vaciamiento político se convierte en un fin privilegiado de la política democrática.

Todos los tipos son observables.

1°) La Venezuela entre diciembre de 1935 y octubre de 1945 vivió una cooptación. Diez años, con intención de permanencia. Del 22 al 24 de enero de 1958, también. Distintas modalidades y fortuna, pero la misma lógica: “un modo de preservar el antiguo régimen. Pero, (…) un cambio que contiene alguna explicación y también podría conducir a la democracia”. En el primer caso, no avanzó. En el segundo, la fuerza del vaciamiento produjo el advenimiento democrático.

2°) La España posfranquista surgió como la Venezuela a la muerte de Gómez, en el ’35; pero, no sometida a un alto vaciamiento político, pudo conducir un proceso de propiciación de la democracia, principalmente explicado por factores de entorno internacional, que facilitaron un cambio en el cual el régimen pudo mantener su influencia y amarrar un consenso nacional conveniente. Basta revisar las discusiones actuales sobre las insuficiencias democráticas del proceso de los ’70 del siglo pasado.

3°) El Chile posterior al plebiscito del ’88 es un caso negociado, por la pérdida del control de Pinochet después de la negativa del mando militar a mantener la dictadura, en razón de la derrota electoral sufrida por el dictador. Puestas las cosas a favor de la democracia, el régimen se vio forzado a negociar las condiciones del paso a una transición. Los acontecimientos conocidos, puestos en evidencia en los recientes años de lucha de la sociedad chilena, muestran –el ejemplo de la Constitución a la medida del dictador- como pudo haber una transición a la democracia, pero con normas básicas impuestas por el régimen saliente. El Chile exitoso en mucho, ostenta aún carencias en su camino a una democracia consolidada.

4°) Venezuela tuvo una transición por vacío, en 1958, resultado del colapso de la cooptación militar antes referida. “Había caído el gobierno –el 23 de enero de 1958- y los militares habían optado por una cooptación el proceso político, aunque por muy poco tiempo (…) La calle seguía viva y los agentes favorables a la democracia actuaban. En sólo un día fueron relevados dos miembros de la Junta identificados con la dictadura caída y se había formado otra; esta vez, cívico-militar. Los militares, con otros sectores, habían pasado a una propiciación de la democracia, en una situación de aparente vaciamiento súbito”.

Las anteriores observaciones sirven a la práctica.

Si bien los párrafos anteriores son un retrato incompleto y burdo de cada historia, nos permiten observar y mostrar lo que nos interesa a fines de nuestras tesis. El análisis, como lo planteamos, sirve a los fines prácticos de la política democrática. Resulta posible pensar entonces; en principio, como ejercicio intelectual; luego, como elaboración estratégica, en una sincronía completa de los cuatro tipos de transiciones conocidos.

Ejemplos de tema de interés:

A) Qué hace que un totalitarismo entre en un proceso transicional, y cómo y por qué discurre de una u otra forma.

B) Igual, cómo y por qué se presenta y cómo se aprovecha el momento transicional.

C) Mucho más importante, si hay un mayor o menor vaciamiento político y a qué ayuda diagnosticarlo. Y para fines de gestión transicional, D) si se instrumenta un apropiado esquema de negociación: cuáles negociadores, cuál agenda, cómo el manejo del poder de negociación, etc.

Enseñanzas de la historia, análisis de situaciones y procesos, comprensión de esos procesos en su complejidad, conversión de todos esos análisis en insumos estratégicos, apropiada gestión del ciclo integral involucrado, capacidad de movilización ciudadana para aprovecharlo, celoso control de la calidad de la política, decisiones correctivas, etc., son elementos necesarios en la buena política democrática frente a las realidades totalitarias; y, aún más, en neototalitarismos. Eso es mucho más que el reduccionista “pisar barrios” de algunos zombis del dañino electoralismo imperante.

La lucha es mucho más exigente que la existente. Requiere acción y lucha, pero montada sobre mucho estudio, reflexión y elaboración. Sobre una lógica de actuación diacrónica. No es solo cambiar: es también apuntar a consolidar.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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