La industria del automóvil aleja a México de Brasil

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La idea defendida por el presidente mexicano, Felipe Calderón, de forjar una sólida relación comercial con Brasil para reducir la excesiva dependencia del país azteca a EEUU parece cada vez más inviable. El último escollo detectado hasta ahora se concentra en el propósito del Ejecutivo de Dilma Rouseff de reducir las importaciones de automóviles ensamblados en México. La idea defendida por el presidente mexicano, Felipe Calderón, de forjar una sólida relación comercial con Brasil para reducir la excesiva dependencia del país azteca a EEUU parece cada vez más inviable. El último escollo detectado hasta ahora se concentra en el propósito del Ejecutivo de Dilma Rouseff de reducir las importaciones de automóviles ensamblados en México.

Para conseguirlo, los brasileños quieren renegociar un acuerdo bilateral suscrito hace unos años que ha supuesto un volumen anual de transacciones de 4.300 millones de dólares, importe que equivale a la mitad del comercio que se establece entre ambos países cada 365 días.

Según la posición revelada a la prensa por los responsables elegidos por Dilma Rousseff para esta negociación, Brasil va a defender un endurecimiento de las condiciones técnicas previstas para que los automóviles ensamblados en México se beneficien de las ventajas arancelarias previstas en el pacto.

Al parecer, las compañías del país azteca incumplirían su compromiso de utilizar piezas fabricadas por empresas brasileñas en los automóviles que venden en aquel mercado, lo que supondría, se ser cierto, incumplir el compromiso de elevar el contenido local de los productos manufacturados.

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