Río Machángara
El emblemático río Machángara, que atraviesa parte de Quito, capital de Ecuador, se ha convertido en un cauce de «muerte líquida» que afecta la salud de 2.6 millones de personas e incluso amenaza a las Islas Galápagos, ubicadas a unos 1.000 kilómetros del continente.
«El Machángara es un río que grita auxilio», dijo el científico ecuatoriano Inty Grønneberg, gerente de la empresa ambiental Itchion, que se encargó de la primera limpieza técnica en un tramo del cauce, luego de un histórico fallo que declaró a este curso de agua como sujeto de derechos.
Según los expertos, ningún otro río ecuatoriano tiene más contaminación por metro cuadrado que el Machángara.
La vida en sus aguas no existe, ya que el nivel de oxígeno es apenas de dos por ciento; además sólo la centésima parte de los fluidos que recibe son tratados previamente.
«El río Machángara tiene la calidad de agua de una alcantarilla, es decir ya no puede sostener a los seres vivos (de su ecosistema), que no son solamente peces, sino también macro invertebrados e insectos, que son el inicio de la cadena alimenticia de un grupo de seres vivos como mamíferos y aves», indicó a la Agencia Sputnik la activista ambiental Maribel Pasquel, coordinadora del grupo de rescate del río San Pedro, otro curso agua afectado por la contaminación en Quito.
Atestado de grasas, metales pesados, aceites, detergentes y desechos sólidos, el Machángara alberga 26 tipos de virus que representan un peligro para quienes viven en sus riberas.
De hecho, los voluntarios que colaboraron con la limpieza de un tramo del río, tuvieron que usar trajes de seguridad.
En esa tarea, realizada por Itchion con apoyo de los colectivos Amaruna del Río y Casa Machankara, se extrajeron más de 124 kilos de plástico tan sólo en una sección del río.
Hace 40 años, el panorama era muy diferente, ya que el río era un punto de recreación y el lugar donde mujeres humildes lavaban la ropa.
La quiteña Sonia Merizalde, residente del populoso barrio La Ferroviaria, recuerda la época en que ella paseaba por el río durante las vacaciones.
«Los niños bajábamos caminando; de ahí cruzábamos todos los potreros, la (carretera) Panamericana y llegábamos hasta el río. Ahí nos bañábamos y era todo hermoso. Ya luego no íbamos porque el río se dañó, se contaminó. Se empezó a poner oscuro», relató Merizalde a la Agencia Sputnik.
En 2024 un grupo de ambientalistas logró que la Justicia emitiera un fallo histórico que permitió considerar al Machángara como sujeto de derechos amparados en la Constitución de Ecuador.
La demanda fue presentada por el profesor Ramiro Dávila, de la Universidad Andina, y Diego Iza, líder del pueblo originario Kitu Kara, quienes llegaron a ir a las audiencias con un envase lleno de agua turbia del Machángara.
Tras estudiar el caso, la Justicia determinó que el Municipio de Quito vulneró derechos de la naturaleza del río, al omitir el tratamiento de las aguas residuales que se vuelcan allí y la implementación de medidas de control ambientales.
Pasquel explicó la trascendencia de esta declaratoria respecto al Machángara, que al unirse al San Pedro conforman el río Guayllabamba.
«Para nosotros esto fue un precedente muy importante, porque se reconoció al río como sujeto de derechos y se determinó la responsabilidad del Municipio de Quito en su contaminación y vulneración», apuntó.
Para Merizalde, está claro que «las autoridades dejaron perder el río y nunca más lo recuperaron».
En mayo pasado, los demandantes lograron un acuerdo con el Municipio de Quito respecto a la implementación de 14 de las 27 medidas propuestas para recuperar el cauce, lo que incluyó la identificación de los focos contaminantes, el establecimiento de plantas de tratamiento, el control de las medidas y la reparación del ecosistema a través de limpiezas.
A ello se sumó la creación del colectivo «Guardianas del Machángara», para vigilar el cumplimiento de las acciones de remediación.
Sin embargo, hasta el momento «no ha habido evidencia» de que estas medidas se estén implementando, «ya que no se ha podido tener un canal de comunicación» con el municipio, señaló la empresa Itchion en un informe al que accedió la Agencia Sputnik.
La contaminación del Machángara, sin embargo, no solo afecta al área capitalina, sino que llega hasta el archipiélago de las Islas Galápagos, Patrimonio Natural de la Humanidad, que ya está afectado por los desechos que llegan desde varios puntos del globo.
Varios estudios concluyen que la mayor cantidad de basura que arriba a estas islas ecuatorianas por las corrientes marinas procede de Ecuador, Perú y China.
La cuenca del río Machángara es parte del sistema fluvial del río Esmeraldas que desemboca en el Océano Pacífico.
De esta manera, la contaminación acarreada desde la capital se descarga en el Océano Pacífico «progresivamente», apuntaron los expertos de Itchion.
«En ciudades como Quito, donde un gran porcentaje del agua que usamos viene de la Amazonía y luego de usarla la devolvemos a ríos que desembocan en el Pacífico, el uso responsable del agua también es un factor importante» para prevenir la contaminación, alertó a la Agencia Sputnik la bióloga, ecóloga acuática y catedrática de la Universidad de las Américas, Blanca Ríos-Touma.
Itchion señala que «en el caso del Machángara podemos observar un abandono de la municipalidad y un traslado de responsabilidades a las comunidades que han sido afectadas por los altos niveles de contaminación, vulnerando sus derechos a vivir en un ambiente seguro y sano».
Para la empresa, este cauce requiere acciones integrales urgentes, partiendo del levantamiento de información sobre el tipo y los niveles de contaminación que ya existe y la implementación de medidas aguas arriba que reduzcan la llegada de polución.
Ríos-Touma señaló que «las plantas de tratamiento son fundamentales, especialmente en ciudades grandes».
Pero en zonas de menor urbanización las soluciones basadas en la naturaleza (como humedales y vermifilitros, entre otros) «son sencillas y eficientes en el tratamiento del agua residual».
La experta también mencionó que los barrios deberían organizarse para incorporar en el entorno espacios naturales y seminaturales para la conservación, como los jardines de lluvia para recoger agua.
Además, las comunidades deberían reducir áreas impermeables en los patios de las casas y preocuparse por la gestión de los desechos propios y los de las industrias aledañas.
«El Machángara es recuperable. Probablemente no a su estado original, pero sí se puede restaurar para usos recreativos, obtención de agua de riego, y conservación de la biodiversidad», señaló Ríos-Touma.
La bióloga señaló que el sistema fluvial de Ecuador se deteriora cada vez más por derrames de petróleo en áreas con alta biodiversidad, el uso indiscriminado de agroquímicos en zonas rurales y la falta de tratamiento de aguas residuales en las ciudades.
Sin embargo, destacó que Ecuador todavía tiene ríos maravillosos, cuyo cuidado y protección es obligatorio.
El sueño de todos parece ser el de la quiteña Sonia Merizalde: «que el Machángara vuelva a ser el río de antes, al que de niños llamábamos el río «Superman» por lo hermoso que era».
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