Prueba inesperada

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha tenido que hacer frente a la mayor catástrofe natural que ha azotado al país. Y esto, cuando no hace ni un mes desde que la mandataria asumiera el cargo. Las fuertes lluvias que han devastado el área montañosa de la provincia de Río de Janeiro no han podido, sin embargo, acabar con la popularidad de Rousseff. Su rapidez de actuación a la hora de tomar decisiones ha quedado más que demostrada durante estos días. Según han comentado algunos expertos económicos a este diario, las consecuencias de la tragedia no irán más allá del puro drama humano. El país se enfrenta ahora a una reconstrucción que, desde el punto de vista económico, apenas dejará huellas. La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, ha tenido que hacer frente a una de las mayores catástrofes naturales que ha azotado al país. Y esto, cuando no hace ni un mes desde que la mandataria asumiera el cargo. Según han comentado algunos expertos económicos a este diario, las consecuencias de la tragedia no irán más allá del puro drama humano. El país se enfrenta ahora a una reconstrucción que, desde el punto de vista económico, apenas dejará huellas. Para afrontar dicha tarea, el gobierno brasileño necesitará una gran fuente de financiación, parte de la cual ya ha conseguido del Banco Mundial.

Las lluvias del verano, tradicionalmente fuertes en Brasil, han llegado este año con más fuerza que nunca. En apenas unas horas se ha acumulado el equivalente a un mes entero de precipitaciones, lo que ha desatado avalanchas de lodo, vegetación y rocas que han destruido todo a su paso. 718 personas han fallecido, y casi 14.000 se han quedado sin hogar. Una situación difícil para la recién nombrada mandataria, quien sin embargo ha sabido responder con precisión y rapidez a la catástrofe.

Sin embargo, los analistas han asegurado que las consecuencias no irán más allá de la tragedia humana. Luis Flores, experto de la entidad IXE Grupo Financiero, ha comentado a Americaeconomica.com que “la experiencia internacional muestra que los efectos que dejan este tipo de catástrofes son pasajeros para una economía tan grande como la que es Brasil, y será fácil de superar en términos económicos”. Más aún cuando “el país cuenta con el crédito internacional que depositan en él todos los países y organismos multilaterales, lo que hará que no tenga problemas a la hora de solicitar ayuda al exterior”.

Desde el punto de vista económico, la situación parece que ya está solucionada. Un préstamo concedido por el Banco Mundial de 485 millones de dólares (360 millones de euros) al país evitará que el Tesoro brasileño tenga que emitir deuda para recaudar dinero y así hacer frente a los gastos de la reconstrucción. Rousseff cuenta también con los fondos del gobierno federal, que si bien se desconoce de cuánta cantidad monetaria puede disponer la presidenta para resolver la catástrofe, los expertos consultados por este diario apuestan porque entre los dos recursos sea suficiente. En este sentido, el ministro de Integración Nacional brasileño, Fernando Bezerra, ha comentado a la prensa del país que “no faltarán recursos del gobierno federal para dar apoyo a las áreas afectadas”.

De hecho, Dilma Rousseff ya ha dado los primeros pasos encaminados a financiar la reconstrucción. De esta forma, durante los primeros días después de la catástrofe la presidenta ya liberó un total de 100 millones de reales (algo más de 44 millones de euros) de las arcas públicas.

Además, la mandataria se ha reunido con el vicepresidente del Banco Mundial, Otaviano Canuto, y el representante de la entidad multilateral en Brasil, Makhtar Diop, para pedir una aceleración en la concesión de un préstamo de la entidad que ya estaba acordado antes de que se produjera la catástrofe y que en un principio iba a ser cedido en el año 2012.

La suma económica que aportará el Banco Mundial ronda los 485 millones de dólares (360 millones de euros). En el próximo mes de abril estará disponible, según espera el gobierno de Brasil, cerca de la mitad del dinero solicitado. Esta suma económica se destinará a las localidades más afectadas por las lluvias y los deslizamientos de tierra. Makhtar Diop ha comentado que, si bien aún está pendiente de aprobación por el presidente del organismo, “a partir de abril Río podrá recibir los primeros 200 millones de dólares” (148 millones de euros). El resto del importe estará disponible entre octubre y noviembre de este mismo año.

Parte de los recursos irá destinado para comprar radares y otros equipamientos necesarios para poner en práctica el nuevo sistema de alerta y prevención de desastres naturales. Además, al margen del crédito anunciado, el Banco Mundial estudia otro préstamo, por 30 millones de dólares (22 millones de euros), préstamo que irá destinado a la asistencia técnica de prevención de desastres en Río de Janeiro. En efecto, también durante los primeros días después de la catástrofe el gobierno de Dilma Rousseff anunció la ejecución de un sistema de prevención que se desarrollará hasta el año 2014.

El proyecto consiste en la creación de una base informática que pueda reunir todos los datos meteorológicos que capten satélites y radares diseminados por Brasil para alertar ‘on-line’ a las regiones que puedan sufrir lluvias más fuertes de lo normal. Según las previsiones, el nuevo sistema comenzará a implantarse el próximo verano austral.

Al respecto, los expertos consultados por esta publicación consideran que es aquí, precisamente, donde radica el asunto más relevante de la situación. “A largo plazo, en este tipo de tragedias las políticas del gobierno deben sufrir una migración desde un punto reactivo, que está presente al principio, a un enfoque preventivo”, han comentado. Es decir, las iniciativas gubernamentales deben pasar de una perspectiva de, digamos, solucionar los daños causados, a una en la que se desarrollen iniciativas y acciones encaminadas a prevenir futuras catástrofes.

Por otra parte, y para facilitar la reconstrucción, ahora el gobierno de Dilma Rousseff ha declarado el estado de calamidad pública en la provincia de Río de Janeiro por un período de 180 días, lo que facilitará la contratación de las empresas que reconstruirán viviendas e infraestructuras destruidas y la adquisición de los materiales necesarios. El decreto permite que los gobiernos regionales y municipales contraten empresas, obras y trabajadores y adquieran material sin necesidad de abrir licitaciones públicas ni con la restricción que imponen algunas trabas burocráticas.

Al respecto, asaltan las dudas sobre si los límites a la inversión extranjera que ha decretado en los últimos meses el anterior gobierno de Lula da Silva podrían afectar a la reconstrucción del país. Sin embargo, los analistas han explicado a este diario que estos límites han estado enfocados a instrumentos financieros y no a la inversión extranjera directa, que es la que se usaría para la reconstrucción.

La inversión extranjera directa se define como la adquisición de activos físicos extranjeros, tales como bienes inmuebles, fábricas y equipo. Según se puede leer en la página corporativa de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad), la inversión extranjera directa tiene el potencial de generar empleo, aumentar la productividad, transferir conocimientos especializados y tecnología, aumentar las exportaciones y contribuir al desarrollo económico a largo plazo de los países emergentes. Por eso, todos los países tratan de aumentar este tipo de inversión, que beneficia a su desarrollo.

Mientras, el gobierno brasileño ha puesto límites a aquellas inversiones realizadas en los mercados financieros por residentes del exterior, algo totalmente distinto. Las compañías han invertido mucho capital en Brasil dada su rentabilidad, pero esto ha inyectado demasiada liquidez a la economía del país, lo que ha derivado en una apreciación excesiva del real y, consecuentemente, en una pérdida en la competitividad de sus exportaciones.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA