Piñera se consolida en la inestabilidad

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La sorpresiva renuncia de la titular chilena de Vivienda y Urbanismo, Magdalena Matte, envuelta en un escándalo de corrupción investigado por la Fiscalía, pone de relieve la poca consistencia de las carteras ministeriales del Gobierno del conservador Sebastián Piñera, que ha visto ya la salida de cinco de sus Secretarios de Estado (Trabajo, Defensa, Transportes, Energía, y ahora Vivienda) en apenas un año de mandato. La sorpresiva renuncia de la titular chilena de Vivienda y Urbanismo, Magdalena Matte, envuelta en un escándalo de corrupción investigado por la Fiscalía, pone de relieve la poca consistencia de las carteras ministeriales del Gobierno del conservador Sebastián Piñera, que ha visto ya la salida de cinco de sus Secretarios de Estado (Trabajo, Defensa, Transportes, Energía, y ahora Vivienda) en apenas un año de mandato.

Una inestabilidad que parece indicar una gestión discutible de la autoridad y que provoca la insatisfacción de los chilenos con un Piñera que ha visto caer su popularidad en los últimos meses.

El “caso Kodama”, en el que se ha visto envuelta Matte por un pago millonario acordado con una empresa que planeaba demandar a su Ministerio, pago finalmente paralizado por las dudas que provocaron las condiciones en que se había negociado, ha puesto de relieve la poca habilidad del Gobierno para afrontar una crisis que comenzó como poca cosa pero que finalmente se le ha ido de las manos a la titular de Vivienda.

El mayor error cometido por Matte, cuyo gesto de renuncia persigue no perjudicar más al Gobierno, ha sido delegar en sus subordinados la gestión de las negociaciones con la empresa Kodama, que reclamaba una indemnización millonaria por los sobrecostes en que había incurrido durante la construcción de una parte del Transantiago. Todas las sospechas por las posibles irregularidades en el acuerdo sellado por ambas partes recaen ahora sobre Álvaro Baeza, abogado y hombre fuerte de la Ministra, pero no funcionario interno del Gobierno, quien llevo las riendas de un proceso que Matte no se molestó en contrastar y que incluía posibles compensaciones ilícitas bajo mano. Un extremo que tendrá que confirmar la Fiscalía, que lleva ya días trabajando en esclarecer los antecedentes del acuerdo y que ya ha interrogado a varios miembros del Ministerio de Vivienda.

El sacrificio de Matte, necesario por la dimensión que podía alcanzar el asunto, ha intentado paliar el daño que el caso pudiera causarle a un Gobierno ya de por sí bajo vigilancia atenta de los chilenos, cuya euforia inicial ante Sebastián Piñera se ha enfriado tras la resaca mediática de la reconstrucción del terremoto de 2010 y el televisivo rescate de los mineros de la mina San José. Piñera se ha apresurado a arropar a su ya ex ministra, cuyo descuido – firmar un acuerdo millonario gestionado por sus subordinados y sin comprobar sus condiciones y antecedentes – parece en principio no revestir dolo o delito, sino que fue más bien fruto de un desempeño de sus funciones poco atento.

Es ese punto el que más puede desatar la desconfianza de los chilenos en un Gobierno formado principalmente por gente proveniente del mundo de los negocios. La total colaboración de Matte con la justicia y su final dimisión son dos factores que persiguen ante todo limpiar la imagen de las autoridades y sobre todo de Piñera, aunque está por ver cómo reaccionarán los ciudadanos ante el panorama abierto por el suceso y cuáles serán las conclusiones finales de la investigación de los fiscales.

La decisión de los socialistas de retirar su apoyo a la creación de una comisión de investigación ha puesto de relieve las fricciones con los demócrata-cristianos, que sí se han mantenido firmes ante la renuncia de Matte. Esa cierta división en la oposición ha rebajado por de pronto la presión sobre el Gobierno y le da un breve respiro a Piñera, que se mantiene a la espera de acontecimientos y ya a ha nombrado a un nuevo ministro de Vivienda, el ingeniero Pérez Mackenna. Un nuevo ministro que tendrá que lidiar todavía con los coletazos del “caso Kodama”.

La resolución final del escándalo pone de relieve el fuerte personalismo del Gobierno, centrado sólidamente en Piñera, y resalta la facilidad con que se producen los cambios ministeriales en un mandato que debería ser, supuestamente, el de la estabilidad. Un año después de su ascenso al poder, son ya cinco los ministros que, bien por impopularidad, bien por mala gestión, han abandonado el barco de Piñera, con el daño político que ello supone a ojos de la población. La caída del apoyo popular al Gobierno podría agravarse en las próximas semanas si continúa la inestabilidad y si, finalmente, la investigación de la Fiscalía en torno al “caso Kodama” revelara más implicaciones políticas de las esperadas hasta el momento.

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