Lucha obrera contra Dilma

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Los sindicatos brasileños han decidido poner fin a las buenas relaciones que hasta ahora mantenían con la mandataria, Dilma Rousseff. Cuatro de las cinco mayores centrales del país han declarado la guerra a la mandataria, a la que acusan del estancamiento del crecimiento económico del país y le reclaman una mayor atención con la clase trabajadora. Los sindicatos brasileños han decidido poner fin a las buenas relaciones que hasta ahora mantenían con la mandataria, Dilma Rousseff. Cuatro de las cinco mayores centrales del país han declarado la guerra a la mandataria, a la que acusan del estancamiento del crecimiento económico del país y le reclaman una mayor atención con la clase trabajadora.

Fuerza Sindical, Nueva Central, UGT y CTB han suscrito un acuerdo en el que, además de mostrar su malestar con Rousseff, han convocado una manifestación en Brasilia a la que esperan que acudan más de 20.000 trabajadores.

Se quejan de que la mandataria no ha cumplido ninguna de las reivindicaciones de los sindicatos en los últimos dos años y de que, durante este período, solamente se ha reunido en una ocasión con las centrales para debatir sobre las necesidades de los trabajadores. Mientras tanto, consideran los líderes sindicales, la presidente ofrece un trato más que amable con los grandes empresarios.

Pero también han insinuado que Rousseff tiene mucho que ver con el frenazo que ha pegado la economía en el país. La potencia crecía a un ritmo de 7,5% antes de que la presidenta se hiciera con los mandos de la nación, y han afirmado que desde que ella está en el poder la tasa del avance PIB se ha reducido considerablemente.

El presidente de Fuerza Sindical, Paulo Pereira da Silva, anunció esta semana que la “luna de miel” con la presidenta que reinaba en los últimos años se había acabado, según publica el diario El País.

En la batalla contra Rousseff, el sindicato CUT, ligado al Partido de los Trabajadores, la formación a la que pertenece la mandataria, intenta pasar desapercibida. Parece ser que sí ha suscrito también el texto, pero no ha estado presente en la reunión.

Ajena a estas reivindicaciones, Rousseff sigue adelante con su plan para mejorar las infraestructuras del país de cara a los dosgrandes acontecimientos deportivos que el país acogerá en los próximos años. La presidenta ha anunciado la privatización de los aeropuertos de Río de Janeiro y Belo Horizonte, además de llevar a cabo la modernización de la zona aeroportuaria regional en el que invertirá 3.650 millones de dólares.

En el plan de modernización de la estructura regional, contará con inversiones públicas por 3.650 millones de dólares, se centrará inicialmente en 270 de los 689 aeropuertos que existen en todas las regiones del país.

En el caso de que ambos aeropuertos pasaran a al sector privado, la jefa de Estado ha asegurado que el país necesita a “los mejores operadores internacionales”. Para saber quienes serán habrá que esperar hasta agosto, cuando se conocerán las condiciones de los concursos, que se llevarán a cabo un mes después.

A pesar de que quedan más de nueve meses para saber cuales son los términos de las licitaciones, varias han sido las grandes empresas del sector de diversos países, entre las que figura la española Aena, una de las mayores operadores del mundo y responsable de la gestión de 47 aeropuertos en España y de otros 26 en otros países.

En cualquier caso, para dar a una u otra compañía el concurso, se exigirá que los operadores aeroportuarios cuenten con “comprobada experiencia” a la hora de manejar las terminales que deberán movilizar a un mínimo de 35 millones de pasajeros al año, para garantizar la calidad de la atención y de las propias operaciones.

El titular de la Secretaria de Aviación Civil, Wagner Bittencourt ha asegurado que para el aeropuerto de Río de Janeiro se esperan inversiones privadas por 3.300 millones de dólares y en el Belo Horizonte de 2.400 millones.

Sobre este plan de privatizaciones y modernización, la presidenta Rousseff ha señalado que “este proyecto es parte de diversas iniciativas dirigidas a resolver los serios problemas de infraestructura del país”.

En el caso específico de los aeropuertos ha explicado también que se trata de garantizar a la población una mejor calidad de servicios, pero también de “mejorar el clima para los negocios” y fortalecer la competitividad de la economía nacional, que requiere de mejores infraestructuras para apalancar el progreso y el desarrollo.

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