La nueva Pemex

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La nueva empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), con menos participación del Gobierno debido a la reforma energética, se enfrenta a su primera gran prueba de fuego: el nuevo consejo debe decidir donde meterá la tijera por orden del Ejecutivo de Enrique Peña Nieto. La nueva empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), con menos participación del Gobierno debido a la reforma energética, se enfrenta a su primera gran prueba de fuego: el nuevo consejo debe decidir donde meterá la tijera por orden del Ejecutivo de Enrique Peña Nieto.

En concreto, el hachazo será de 4.170 millones de dólares o un 11,5% de su prosupuesto. Este monto se utilizará para ponderas la independencia de la nueva gestión y deberá suponer un juego de malabares, porque no debe afectar en demasía a la maltrecha política de inversión productiva de la compañía.

La crisis de la caída del precio del petróleo ha sido la responsable de una reacción en cadena en las cuentas públicas de México, que ha encontrado en la petrolera estatal mexicana a una de sus víctimas.

De hecho, debido a la enorme dependencia fiscal del país con el crudo, llegó a representar poco menos de la mitad de los impresos del Estado, el Gobierno dejó de lado la inversión en exploración.

En concreto, más del 90% se destina a seguir apuntando la rentabilidad de los pozos existentes y buscar otros nuevos. “Pemex se encuentra más rezagada, sobre todo en la parte financiera”, ha asegurado Alma América Porres de la Comisión Nacional de Hidrocarburos (CNH), el órgano encargado de regular el nuevo reparto con el que se pretende revitalizar el sistema a golpe de inversión privada.

La conclusión es que el petróleo fácil se ha acabado. Esa al menos ha sido una de las frases más repetidas por los promotores de la reforma energética teniendo en cuenta el agotamiento de los yacimientos que en décadas desbordaban oro negro.

Durante los últimos diez años, el bombeo de barriles por parte de la compañía ha menguado más del 30% y en los últimos seis años, quitando 2012 la compañía solo ha registrado pérdidas.

El diario español El País recuerda que la empresa aún conserva la etiqueta pública, pero pierde el monopolio sobre actividades de exploración y extracción. De hecho, el núcleo duro del negocio petrolero se abre ahora a las empresas privadas, que durante un año se o han disputado a través de concursos para hacerse con la cesión de los cientos de pozos por explotar.

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