El proyecto energético Hidroaysén pone a Piñera contra las cuerdas

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Chile se enfrenta estos días a una polémica nacional que ha caldeado el ambiente político y ha provocado protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera. ¿La causa? La aprobación del megaproyecto hidráulico Hidroaysén, que prevé la construcción de cinco grandes presas en la región sureña de Aysén que abastezcan de energía a Santiago y aseguren el crecimiento económico chileno durante los próximos años. La oposición, grupos de ecologistas y gran parte de la población han alzado la voz contra Piñera por el impacto ambiental que tendrá el proyecto y los enormes recursos que deberán dedicarse a su construcción. Chile se enfrenta estos días a una polémica nacional que ha caldeado el ambiente político y ha provocado protestas contra el gobierno de Sebastián Piñera. ¿La causa? La aprobación del megaproyecto hidráulico Hidroaysén, que prevé la construcción de cinco grandes presas en la región sureña de Aysén que abastezcan de energía a Santiago y aseguren el crecimiento económico chileno durante los próximos años. La oposición, grupos de ecologistas y gran parte de la población han alzado la voz contra Piñera por el impacto ambiental que tendrá el proyecto y los enormes recursos que deberán dedicarse a su construcción.

El presidente, Sebastián Piñera, garante e impulsor del proyecto, ha defendido su viabilidad y su importancia para el futuro de la nación chilena. “Tenemos que duplicar nuestra capacidad de generación en diez años si queremos crecer al 6%”, ha declarado esta semana, para decirle después a sus críticos que

“creen que oponiéndose a todo, y a todo tipo de energía, están haciendo algo por la patria… les quiero decir que están profundamente equivocados”.

Lo cierto es que los opositores al proyecto afirman que la energía necesaria para mantener el crecimiento chileno puede obtenerse por otros medios menos agresivos para el medioambiente, como las energías renovables. Según las encuestas, un 61% de los chilenos se muestran contrarios a que el proyecto, cuya administración estará a cargo de la española ENDESA y de la empresa local Colbún. Ese rechazo se ha plasmado en las calles de las principales ciudades chilenas, que durante la semana han sido escenario de protestas y manifestaciones que han terminado con decenas de detenidos.

Asimismo, se han alzado numerosas voces que denuncian que la aprobación del proyecto no ha sido democrática ni consensuada, y que el rechazo cívico debe ser un argumento de peso para no sacarlo adelante sin un consenso social amplio.

La seguridad energética es una de las obsesiones del gobierno de Sebastián Piñera, ya que Chile crece a un ritmo anual muy fuerte y se teme que el sistema no pueda seguir el ritmo. «Necesitamos una energía más segura, para no enfrentar riesgos de apagones, y más económica, porque hoy tenemos una energía muy cara, con la que sufren las familias y también el sector productor cuando tiene que competir», ha indicado Piñera para intentar dar argumentos favorables a Hidroaysén.

Al mismo tiempo, el proyecto podría tener efectos indeseados sobre el panaroma político chileno, ya que podría terminar pasando factura a Laurence Golborne, biministro de Energía y Minería, uno de los políticos más populares hasta el momento en Chile y considerado el delfín de Piñera. De hecho, su nombre lleva ya un tiempo en las quinielas para las elecciones de 2013, por lo que la preocupación en las filas del oficialismo chileno es evidente ante el posible desgaste que la reacción ciudadana a Hidroaysén pueda provocar a su imagen pública.

Tras el “caso Kodama”, que provocó la renuncia de una de las ministras de Piñera, Magdalena Matte, ahora el presidente chileno se enfrenta a otro foco potencial de problemas e impopularidad. La importancia de la seguridad energética y la necesidad de recabar apoyo ciudadano presentan una difícil relación que en este caso puede volver a poner a Piñera contra las cuerdas.

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