¿Democracia consolidada?

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La destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay, es la última muestra de que la democracia es un tema aún sin terminar para muchos países latinoamericanos. Argentina, Bolivia u Honduras son algunos de los países que peor nota sacan en este examen, según el Latinobarómetro. La destitución de Fernando Lugo como presidente de Paraguay, es la última muestra de que la democracia es un tema aún sin terminar para muchos países latinoamericanos. Argentina, Bolivia u Honduras son algunos de los países que peor nota sacan en este examen, según el Latinobarómetro.

En concreto, desde el año 2000 catorce han sido los presidentes que han abandonado sus cargos una u otra razón en al menos seis países de América Latina. Lo que evidencia que aún queda trabajo por hacer en este sentido.

Varias han sido las salidas del poder que han tenido lugar en Argentina para que Cristina Fernández de Kirchner se convirtiese en presidenta tras la retirada de su esposo, Néstor. En concreto, han sido cuatro los presidentes que han acabado dimitiendo desde 1889: Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa, Alberto Rodríguez Saá y Eduardo Duhalde.

Lo mismo ha ocurrido en Bolivia donde en los últimos 27 años ninguno al menos cuatro de sus presidentes no han terminado sus mandatos. Los presidentes con las legislaturas más cortas han sido: Hernán Siles Suazo, Gonzalo Sánchez de la Lozada, Carlos Mesa y Eduardo Rodríguez Veltzé.

También sonadas fueron las salidas del poder de Alberto Fujimori en Perú (a día de hoy se encuentra cumpliendo condena de 25 años de cárcel por crímenes de lesa humanidad y delitos de corrupción de su autoría) o la de Manuel Zelaya en Honduras, que fue expulsado del país por mandato de la Corte Suprema, debido a haber cometido, supuestamente, traición a la patria.

El caso de Lugo, ocupa en esta edición del informe un papel destacado por su contemporaneidad. Según el estudio, la llegada de Fernando Lugo al poder (que supuso el último cambio de Gobierno en el país y venció al Partido Colorado que llevaba más de 60 años en el Gobierno) tuvo efectos positivos sobre el apoyo a la democracia. De hecho, el denominado “obispo de los pobres” consiguió superar el 80% de popularidad entre los paraguayos.

Aunque, como los hechos han demostrado, no todo fue de color de rosa, porque Lugo es el vigésimo primer presidente latinoamericano que en democracia no termina su mandato y su caída se fue gestando poco a poco. El incumplimiento de sus promesas ha hecho que su fama vaya cayendo, de hecho, en 2011 ya había perdido 30 puntos porcentuales y todo esto lleva a los ciudadanos a la calle para quejarse.

El estudio también compara los cambios en el poder de Paraguay con el de otros países, donde el impacto positivo se mantiene durante más tiempo, además de que sólo el 22% de los paraguayos creen que en relación a la economía, la riqueza está siendo mejor distribuida. De ahí que concluya asegurando que “la alternancia ha fracasado”.

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