Chávez y los conflictos de poder

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Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la última oleada de dimisiones en el Gobierno de Hugo Chávez y sus posibles causas. Además, en este texto se dan algunas de las claves de lo que ocurre en realidad en la cúpula de poder de Venezuela y las intenciones, no totalmente desveladas, de muchos de los ministros que permanecen aún en sus cargos. Nuestro colaborador Juan Carlos Zapata ha realizado un reportaje sobre la última oleada de dimisiones en el Gobierno de Hugo Chávez y sus posibles causas. Además, en este texto se dan algunas de las claves de lo que ocurre en realidad en la cúpula de poder de Venezuela y las intenciones, no totalmente desveladas, de muchos de los ministros que premanecen aún en sus cargos.

En la ola de rumores de los últimos días asoman aspectos reales. Cierto que un grupo venía empujando por la salida del Gobierno del superministro de Obras Públicas y Vivienda, Diosdado Cabello, a quien señalan de incapaz, y de quien dicen no ha podido recuperarse de la derrota sufrida en el estado Miranda.

Cabello y el secretario permanente del Consejo de Ministros, Freddy Bernal, aliados incondicionales, reaccionaron, pasaron a la ofensiva y ganaron. De ahí la declaración de ambos de que es Chávez quien debe decidir los candidatos a la Asamblea Nacional. Véase la pasión con que Bernal, el mismo Bernal que criticaba la rendición de Chávez el 11 de abril de 2002, defiende tal tesis.

Después, vino la medida contra RCTV, y era Cabello nuevamente arrimando méritos para su causa, y Bernal apoyándolo, y Cabello luego en la Asamblea, como figura descollante. Cierto que la renuncia del vicepresidente Ramón Carrizales y su equipo del Banco de Venezuela fue en solidaridad con su mujer, la ministra de ambiente. Sobre ella venían cargando ciertas culpas.

Lo que no admitió Carrizales fue el estilo del gran poder. Y la reacción de Carrizales marcó pauta: ahora son más quienes se muestran inconformes con el estilo regañón. Esto al punto de generar solidaridad inclusive en adversarios de Carrizales. Hasta el mismo Cabello resultó siendo comprensivo. De todas maneras, se insiste que Cabello vaya a la campaña, como ya el ex-ministro del Despacho de la Presidencia, Jesse Chacón, está montado un el equipo estratégico electoral.

Se critican las diferencias en el trato de Chávez con sus allegados. Muy firmes ante algunos funcionarios, y demasiado permisivo con otros. Por ejemplo con el tesorero nacional Alejandro Andrade, llamado el Ojo de Chávez.

Después de todo lo que se dijo y el mismo Chávez gritó y admitió una vez que se conocieron las irregularidades en las entidad financieras del Estado manejadas por Andrade, con colocaciones de dinero en los bancos intervenidos de los boliburgueses, ahí sigue Andrade, sigue y en papel estrella.

Ahora se fue a Rusia con Rafael Ramírez, ministro de Energía. ¿A cuidar qué cosa? ¿A ser testigo de qué cosas? Tres veces lo nombró Chávez la noche del martes, sorprendiendo a quienes consideraban que el Gran Planificador, Jorge Giordani, titular de la cartera de Economía y Finanzas, había aceptado este puesto bajo la condición de la salida del tesorero.

Es más, se creía que el ex-ministro José Rojas, cabalgando entre Washington y Caracas, le tumbaba el cargo y sus funciones. Y ya el ex-ministro de Finanzas y gobernador Rafael Isea, se frotaba las manos de alegría, porque se marchaba su adversario.

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