Brasil, automóviles y medidas proteccionistas

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En mitad de una crisis económica en la que los axiomas del capitalismo se han puesto en duda, varios países han optado por enfrentarlos en la práctica. Brasil ha establecido una seria de medidas proteccionistas a la entrada de automóviles en el país, y los resultados no se han hecho esperar. En mitad de una crisis económica en la que los axiomas del capitalismo se han puesto en duda, varios países han optado por enfrentarlos en la práctica. Brasil ha establecido una seria de medidas proteccionistas a la entrada de automóviles en el país, y los resultados no se han hecho esperar.

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, llegó el pasado año para sustituir en el cargo a Inacio Lula da Silva, una figura de la política internacional que mantiene, a día de hoy, el aura de hombre milagro. El tipo de recetas económicas, tanto las de la mandataria como las de su predecesor, compaginan medidas de tipo capitalista con otras más vinculadas a mejorar el bienestar de su población.

Los buenos datos del empleo, con una de las tasas de parados más bajas de su historia (7%), y de crecimiento sostenido del PIB (un 7,5% en el año 2010), han hecho florecer una clase media con poder adquisitivo que viene a refrendar los beneficios de las políticas estatales para la población. En este contexto, con cerca de 200 millones de habitantes, el brasileño es un mercado en el que cualquier empresa del mundo desea estar, los beneficios son cuantiosos.

Con el argumento de proteger la producción nacional de automóviles, la presidenta brasileña, hace apenas dos semanas, impuso un impuesto del 30% a los vehículos que no cumplan con un mínimo de contenido nacional o del Mercosur. La medida iba principalmente destinada a frenar la oleada de marcas asiáticas, que buscan aprovechar un mercado que roza los 30 millones de vehículos. Brasil no puede «dejar que nuestro mercado de autos sea tomado por aventureros que vienen de fuera», dijo entonces el ministro de Hacienda, Guido Mantega.

Las consecuencias de actuaciones como esta son, por el momento, beneficiosas para Brasil y no tanto para los demás países del Cono Sur con los que, además del Mercosur, Brasil tiene acuerdos. Muchos han defendido que estas medidas proteccionistas responden a las presiones de las llamadas “cuatro hermanas”, General Motors, Volkswagen, Fiat y Ford, que copan el mercado.

Según los últimos datos de la Federación Nacional de Distribución de Vehículos Automotores (Fenabrave), la italiana Fiat lidera el mercado con un 22,7% de las ventas, seguida por la alemana Volkswagen (22,36%) y la estadounidense General Motors (19,86%). Estas marcas tienen, por lo tanto, motivos para temer una caída de ventas a favor de las empresas asiáticas, que tienden a ofrecer productos de un valor inferior pero de una calidad también inferior.

En cualquier caso, y tras conocerse la puesta en marcha de estos impuestos, los anuncios de nuevas inversiones, provenientes de las principales marcas de vehículos, no se han hecho esperar. La alemana Volkswagen anunciaba el martes una inversión 3.400 millones de euros hasta 2016, mientras que la apuesta del Grupo Nissan-Renault asciende, según datos facilitados el jueves, a los 2.310 millones de dólares.

No hay otra salida. El encarecimiento de los vehículos de importación va a provocar un aumento similar del precio de los mismo, con la consiguiente pérdida de competitividad en u mercado ya de por sí muy concurrido. La única solución, han debido pensar las grandes marcas, es acometer las inversiones necesarias para producir los automóviles íntegramente en Brasil.

Esta lógica trae sus perjuicios para los países de su entorno, incluso para los miembros del Mercosur. Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Auto Argentina, reconocía abiertamente este hecho. “Lo que pasa en Brasil es la vida o la muerte” para la marca, aseguraba. Una palabras que son compartidas por la Unión de Industriales Argentinos (UIA), que recomendaba, también esta semana, seguir con atención minuciosa lo que sucede en el país vecino.

Pero las consecuencias han tenido su primer reflejo en Uruguay. El miembro del Mercosur ha extendido una queja contra las medidas proteccionistas brasileña. Alega que 400 personas van a perder su empleo en varias plantas productivas que colaboran con marcas asiáticas. Los coches que de allí salen no cumplen la nueva normativa y deberán pagar el impuesto estipulado.

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