¿Alerta alimentaria?

Share on linkedin
Share on whatsapp
Share on reddit
Share on telegram
Share on email

El presidente de Cuba, Raúl Castro, busca las medidas necesarias para recortar la factura alimentaria. El grado de abastecimiento se ha convertido para los actuales dirigentes cubanos en un problema de seguridad nacional. En un intento de evitar que los problemas se agraven, el Gobierno ha abierto una nueva ronda masiva de asambleas para debatir la liberalización económica. El presidente de Cuba, Raúl Castro, busca las medidas necesarias para recortar la factura alimentaria. El grado de abastecimiento se ha convertido para los actuales dirigentes cubanos en un problema de seguridad nacional. En un intento de evitar que los problemas se agraven, el Gobierno ha abierto una nueva ronda masiva de asambleas para debatir la liberalización económica.

En una de sus últimas ediciones, el diario Granma, órgano oficial del Partido Comunista de Cuba, publica un amplio reportaje en el que defiende la necesidad de producir en la Isla, los alimentos que el país se ve obligado a importar. Los líderes cubanos apuestan por una liberalización controlada de la producción que, sin embargo, no acaba de despegar.

Esta ha sido, desde su llegada al poder, una de las principales obsesiones de Raúl Castro que ha puesto en práctica distintas fórmulas para incentivar la producción agrícola (incluida la cesión de tierras en usufructo), pero que no ha conseguido resultados aún. De hecho, el año pasado la Isla gastó más de 1.700 millones en la importación de estos productos y este año, las autoridades económicas cubanas, manejan una cifra similar para esta partida.

Y la necesidad de reducirla es perentoria. No sólo por las dificultades financieras endémicas de La Habana. También porque cada vez resulta más difícil encontrar un suministrador que acepte las fórmulas de pago posibles para la mayor de las Antillas.

Hasta el punto de que, en algún momento, del pasado año, un socio comercial tradicional como Vietnam, donde la Isla compra buena parte del arroz que se consume en el país, estuvo a punto de cortar el grifo ante los reiterados aplazamientos de los pagos. De hecho, las compras en efectivo a los ‘lobbies‘ agrícolas estadounidenses que se realizaban un poco también como arma de presión política se han reducido al mínimo.

Dentro de este contexto se han iniciado las reuniones para debatir sobre la liberalización económica. Las reuniones, alrededor de 75.000 prevista en todo el país, que realizarán esta vez bajo el patrocinio de la Central de Trabajadores de Cuba (CTC), el sindicato único, e incluirán la opinión de más de dos millones de trabajadores, según lo previsto por los encargados de organizar y canalizar los debates.

Entre los asuntos fundamentales que deben abordarse esta el programa de reducción de los empleos públicos en curso y que, según la planificación prevista, tendría a 170.000 personas en todo el país a lo largo del año. Una cifra que quedaría compensada por la creación de 240.000 empleos en el sector privado, o eso defenderán en las asambleas los dirigentes sindicales.

Sin embargo, hay serias dudas de que su audiencia se ‘crea‘ la cifra. Más aún, entre la población cubana empieza a detectarse un cierto cansancio con estos procesos de debate cuyos frutos no acaban de llegar al día a día de la población. Las primeras convocatorias, que coincidieron con la llegada de Raúl al poder, fueron bien acogidas, pero desde entonces ha llovido mucho.

Y las expectativas son pésimas. No sólo por la última vuelta de tuerca de la crisis económica global que, esta vez, podría contribuir a reducir el crecimiento de Latinoamérica, también porque la Isla, con sus particulares cifras, sólo prevé crecer un 3,4% este año, tras haberlo hecho un 2,7% en 2011.

TE PODRÍA INTERESAR

DEJA UNA RESPUESTA