Valor de la visión a largo plazo

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He lidiado con el tema del largo plazo desde mi época estudiantil. Mis estudios doctorales en Francia incluyeron en lugar preferente la Prospectiva y la Estrategia. He lidiado con el tema del largo plazo desde mi época estudiantil. Mis estudios doctorales en Francia incluyeron en lugar preferente la Prospectiva y la Estrategia. Mi pasantía la hice en la sede central de la DATAR –la mejor referencia mundial en Prospectiva Territorial de la época- y en una comisión suya en Montpellier. La docencia y el ejercicio profesional en asuntos públicos y privados incluyeron con permanencia el manejo del largo plazo. El tema del futuro, como asunto de gestión, no me es ajeno.

Recuerdo una importante gerente pública venezolana, con quien mantuve relación profesional de consultoría varios años, quien, al comienzo de nuestras reuniones, siempre me preguntaba si “estaba en visión”. Quería saber si lo que hacía iba en el sentido de lo que quería hacer. Y sí, así era. Su acción se hizo mucho más efectiva a partir de una sencilla redefinición de su visión, la cual permitió a su vez, otra, importante, en su gestión.

En el plano que nos interesa para nuestros artículos, el de la política venezolana actual, de cara a cambios importantes de rumbo, eso no existe; excepto en el oficialismo. Los Castro y sus estrategas saben a dónde quieren ir. Y van. Pero, no existe lo mismo en los políticos opositores. Su política solo cabalga el tiempo.

Los textos de la MUD (alianza partidista opositora) sobre el largo plazo son pobres. En otras líneas opositoras distintas a la MUD hay algunas aproximaciones rescatables. Pero, no trascienden. Las ideas de base firmes de una nueva hegemonía –democrática y pro mercado, esta vez- no terminan de nacer.

Y no es solo un problema de ideas y conceptos, sino de práctica política. La política democrática venezolana, incluso en Betancourt, nunca ha manejado el futuro como asunto explícito de gestión. Para cuál visión de país, cuál de la política y cuál hoja de ruta son sus afanes no ha estado en el interés de nuestros políticos. Lo de ellos es el “cómo vamos yendo, vamos viendo”.

No es así en nuestra propuesta transitológica. En ella, el tiempo es una variable explícita. En principio, y desde ya, convencionalmente, las transiciones, tanto a la democracia, como al mercado, son procesos de largo plazo, no gobiernos provisionales o coyunturas. Y lo segundo es que en la propuesta proclamamos explícitamente que proponemos orientar todas las acciones al logro de una democracia y una economía explícitamente definidas e institucionalizadas.

Saber qué se quiere como país (exitoso), qué como política para lograrlo y con cuál programa de acción son asuntos medulares. En la Venezuela de cogollos (corporativismo, para decirlo con presunción), rentista, clientelar, prebendaría, etc., o se define muy firmemente el logro superior buscado, o los afanes de cambio y éxito fracasan.

Y eso toca a los liderazgos, no a los ciudadanos; al menos, inicialmente. Por ello, desarrollar con claridad las ideas que basen las definiciones y elaboraciones necesarias es una tarea de ahora. El puerto de llegada y la hoja de ruta son las primeras definiciones, no andar por andar, porque podríamos equivocar el rumbo.

Mucho largo plazo, entonces, en las elaboraciones políticas de estos tiempos. Atender la turbulencia, es verdad; pero, saber el puerto al cual nos dirigimos. En buena medida, hemos perdido más de dos siglos de oportunidades republicanas y más de uno de fronda petrolera.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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