Unidad nacional (V)

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La unidad nacional debe aportar al futuro ejercicio de gobierno. Los políticos venezolanos no creen en la procura y creación de futuros. Lo de ellos es el día a día, “sobre la base de los hechos cumplidos”, tal como acostumbran decir. Si la humanidad en toda su historia hubiera pensado así, les aseguro que aún estaríamos en las cavernas. El futuro; es más: la historia toda, o el manejo del tiempo, no son sus fuertes

La unidad nacional debe aportar al futuro ejercicio de gobierno. Los políticos venezolanos no creen en la procura y creación de futuros. Lo de ellos es el día a día, “sobre la base de los hechos cumplidos”, tal como acostumbran decir. Si la humanidad en toda su historia hubiera pensado así, les aseguro que aún estaríamos en las cavernas. El futuro; es más: la historia toda, o el manejo del tiempo, no son sus fuertes.

En toda la historia política de 1958 a ahora, el único planteamiento de futuro creíble es –me duele decirlo- el Plan Simón Bolívar, de Chávez. Y, como “proxis”, las viejas tesis de los partidos tradicionales. El Programa Mínimo del Pacto de Punto Fijo, suscrito incluso por el candidato de los comunistas en 1958, quiso serlo, pero no lo era. Lo demás ha sido puro jolgorio en eventos o contratos de asesoría para los amigos.

La MUD ni tiene un planteamiento de futuro riguroso, ni sabe cómo hacerlo. Capriles se niega a cualquier cosa que sea una transición de lo actual a lo deseado. Y sin embargo, sin consideración del futuro no hay presente que ayude a lograr un futuro mejor. “Si no sabes a dónde vas, no importa que camino tomes” es una frase de “Alicia en el País de las Maravillas”, que nos viene como anillo al dedo.

La Unidad Nacional que planteamos –nacional, no solo partidista, valga la repetición-, para garantizar la durabilidad y sostenibilidad que proponemos, debe exigirse el reto de definiciones de futuro. Ya dijimos, en el artículo anterior, que de manera progresiva. Nos toca avanzar la propuesta realizada en el artículo anterior.

El énfasis en este artículo estará en los aportes de esas definiciones al ejercicio de gobierno procurado. A los políticos venezolanos no hay que recordarles que se hace política para acceder al poder. En eso sí son buenos, aunque tengan el recetario extraviado. Pues, recordemos también que otro asuntillo respecto al poder es que al lograrlo, hay que saber mantenerlo. Y esa receta se le extravió a las generaciones políticas legatarias de la gesta triunfadora en 1958. Es un asunto que hemos trabajado en series anteriores.

Los temas de la transición a la democracia, la transición democrática (que no es lo mismo, aunque parte de la primera), la transformación y la consolidación democráticas, la gobernabilidad, los riesgos de crisis terminales, los cambios institucionales obligatorios, la liberalización económica, el desarrollo político de la sociedad toda; las formas institucionalizadas de participación ciudadana, etc., resultan ineludibles (dije ineludibles, no convenientes) a la política democrática en lo que toca a la conquista del poder y su conservación. Pero no solo para eso: también para la dinamización de su lucha política actual, en la obtención de ventajas comparativas políticas y electorales frente al totalitarismo del Siglo XXI.

En términos prácticos, como idea central de este artículo, estamos planteando que la lucha política y electoral de las fuerzas democráticas debe incorporar en sus campañas los temas mencionados arriba y otros. En el momento actual de la unidad: la fase MUD, eso no está sucediendo.

Lo que sucede es que la matriz de opinión dominante es la contraria: solo importan los temas que Diego Arria llama de “conserjería”: más luz, más agua, más servicios, etc. El futuro se confina a cuatro páginas de enunciados. La transición a la democracia no aparece en ningún texto estratégico o programático. Capriles la niega tajantemente. Los procesos constituyentes están proscritos de cualquier agenda. La economía se sigue postulando con base en el recurso natural que nos sostiene desde hace casi 100 años. La lucha política se evade, a favor de un abierto electoralismo, apoyado en el marketing. Incluso el nombre oposición molesta. Se opta por una asexuada política “alternativa”.

Nuestro libro en fase final de elaboración (aunque deberá esperar hasta después del asueto navideño) recoge el problema y plantea la metáfora de la transición a la democracia (entendida como ciclo largo), para proponer a la política venezolana un conjunto amplio de temas que nos ayuden a superar las aproximaciones equivocadas e importar a la política del día a día, hasta el triunfo, los temas políticos y de gobernabilidad que demuestren la superioridad neta de las solución democrática frente al castro-chavismo.

El único ejemplo que mencionaremos en este artículo es un conjunto de unos quince artículos del libro, en el campo de la Economía Transicional. Lo voy a plantear duramente: decir  “no me gusta”, o “no se necesita” una transición es un acto de ignorancia, de facilismo o de compromiso con el statu quo; o sea, no se sabe cómo es que se plantea el paso de la situación actual a la democracia; se opta por el camino fácil de hacer lo mismo, pero “un poquito más”; o se quiere seguir disfrutando de las mieles del rentismo, el estatismo, el clientelismo, etc.

La Economía Transicional es un poderoso medio de cambio; pero, mucho más lo es el cambio institucional básico; relativo a los temas que garanticen derechos, contribuyan a la democracia, hagan abandonar el caudillismo, los muchos autoritarismos, el señoreaje, etc. Y hay más.

Nuestro planteamiento central en la línea de usar esos temas y las definiciones al respecto es un poderoso instrumento de acción política. La democracia es superior, sin dudas, que cualquier autoritarismo o totalitarismo. Pero, debe obligarse a demostrarlo. Una política asexuada como la actual no es un camino. 

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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