Unidad nacional (II)

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Los incentivos económicos en el Proyecto Nacional. Establecida nuestra agenda para el manejo del agudo problema de la Unidad Nacional, nos toca arrancar con el tema de los incentivos económicos a insertar en el Proyecto Nacional. Los incentivos económicos en el Proyecto Nacional. Establecida nuestra agenda para el manejo del agudo problema de la Unidad Nacional, nos toca arrancar con el tema de los incentivos económicos a insertar en el Proyecto Nacional. Asunto técnico, poco polémico en el plano intelectual, aunque preñado de acechanzas. Campo minado. Objeto hoy apropiado por el rentismo y las redes clientelares tributarias del Estado venezolano.

Se trata, como asunto medular de la política, de pasar del rentismo, asentado en los tuétanos del sistema social venezolano, al forzosamente competitivo mundo de la producción exitosa en el mundo global actual. Economía productiva versus economía rentista, pues. Un tema de gestión económica y política. No, como en muchos, una discusión ideológica o en el plano del análisis comparativo de sistemas económicos; ambos, distractores y campos sin exigencias de efectividad práctica.

Como tanto digo, no polemizo sobre el rentismo. Simplemente propongo sustituirlo por la vía de la promoción de economías de mayor rendimiento, menor volatilidad y mayor garantía de sostenibilidad. No lo hace el mercado. Al menos, no ha sido así en Venezuela. Tampoco es tema de burócratas. Lo de ellos es la rutina. Es reto de una nueva forma de actuar del Estado, conjuntamente con emprendedores, productores, sindicatos y ciudadanos preclaros. Es tema práctico, exigente de resultados. Complejo, multifactorial y multiniveles.

Nuestro capítulo sobre “Visión de País”, en el libro del 2010, propone varios ejemplos, manejados por allá (¡el tiempo y las oportunidades pasan!) entre el 2002 y el 2004. Hoy tenemos dudas sobre varios de ellos, por los cambios de entorno y las oportunidades perdidas, pero en el trabajo reciente en la coordinación del Programa Económico del precandidato opositor Diego Arria, hicimos una revisión exhaustiva (aunque de bajo nivel de resolución) de distintas posibilidades productivas, con intención de exportación, vistas desde el nivel nacional o desde cada una de las regiones. Incluso se hace un planteamiento de gestión estadal y local, en la línea de lo que llamamos “territorialización”, innovadora con relación a lo que aquí nos interesa.

Visto integralmente el diseño, surgen temas de decisión no exentos de problemas con relación a los intereses especiales o grupos y sectores tributarios de las decisiones estatales. Por ejemplo: en lo relativo a la larga tradición de uso de subsidios y tratos preferenciales en los campos fiscal, financiero y aduanero. El argumento más contundente sobre la inefectividad de lo tradicional en el país está en la evidencia de su poca contribución a la disponibilidad de una economía competitiva, antes y ahora. Pero, los fulanos intereses existen y forman parte de la racionalidad del Estado venezolano. Cuál política fiscal, cuál respecto al financiamiento productivo y cuál en lo aduanero son temas abiertos.

Otro plano del asunto está en las políticas sectoriales. Lo que los economistas llamamos la política industrial. En la literatura, sobre experiencias, incluso en América Latina, hay referencias muy válidas sobre manejos alejados del esquema rentista y clientelar conocido. Igual, las nuevas realidades y conocimientos sobre lo que llamamos aglomeraciones territoriales competitivas permiten manejos de alto y variado impacto, no solo en lo económico, sino también en lo social e institucional, y, adicionalmente, generan una “cultura” del progreso de gran utilidad en el nivel ético y educativo.

Nuestro Proyecto Nacional de Paz y Progreso incluye un concepto innovador respecto al tema de los incentivos: la posibilidad de convertir a Venezuela en un centro regional de servicios y negocios, como opción económica superior a la actual economía petrolera, se convierte en el inductor de un alto nivel de desarrollo humano para todos. A continuación, como abreboca, les propongo una corta revisión del concepto.

Hablamos de una inducción “en reversa”: del éxito económico a la potenciación de los factores productivos y otros, de los cuales depende. No es el manejo tradicional, del Estado creando condiciones, leyes y cumpliendo funciones tradicionales en educación, salud, habitabilidad y otros.

Es el Estado asociándose a emprendedores y empresarios establecidos o por establecerse, en actividades exitosas, de alto valor agregado, que trasladarán sus requerimientos avanzados de instituciones, condiciones ambientales, habitabilidad, capital humano, infraestructuras, capital financiero y desarrollo científico y tecnológico; de forma de potenciar el desarrollo humano para todos.

Lo mismo se puede plantear de otra manera: el éxito económico induce un fuerte mejoramiento del estándar general del venezolano. Es desarrollo humano para todos. Debe convertirse en un tema político. Es un incentivo necesario, a manejar junto con el enfrentamiento del mediocre proyecto chavista.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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