Transicional

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En este mismo medio he escrito unos quince artículos en los cuales aludo o trato lo relativo a la Economía Transicional (Transitional Economics). Tema de Economía Política y no de simple política económica. Aproximación cada vez más necesaria en la coyuntura económica y política actual. En este mismo medio he escrito unos quince artículos en los cuales aludo o trato lo relativo a la Economía Transicional (Transitional Economics). Tema de Economía Política y no de simple política económica. Aproximación cada vez más necesaria en la coyuntura económica y política actual.

Hoy referiré algunos asuntos de ella, relevantes a la situación venezolana. Pero no como propuesta económica, sino como puntos de referencia necesarios para la crítica al manejo oficial actual, en lo político e institucional. La Economía Transicional es, entonces, una buena referencia para desmontar la perniciosa economía chavista y sus prácticas y decisiones derivadas.

La pregunta conductora es: ¿tiene el régimen el derecho de comprometer presente y futuro de los venezolanos con su conducta dispendiosa e incontinente? Pues, no. Pero lo hace.

La laxitud de las reglas fiscales y monetarias y la debilidad de la Ley frente a sus desafueros se lo permiten. Y ése es, aunque no se lo reconozca, un tema transicional. Cambiar esas condiciones debe ser un fin básico de una transición a la democracia.

Preguntémonos: ¿cómo se financia el gobierno? Pues, el presupuesto nacional, más los diversos fondos extrapresupuestarios (de por sí, ya una anomalía) se manejan con un incontinente dispendio. Recurren, sin recato ni consideración profesional relativa a restricciones presupuestarias, 1) a nuestros impuestos, 2) al ingreso petrolero, 3) a diversas fuentes de deuda, 4) a compromisos a futuro (dólares hoy, por petróleo mañana, a China), 5) a financiamiento monetario (el banco Central, como creador de dinero inorgánico), 6) a subastas o convenios (PDVSA, como intermediario), 7) a la especulación en el mercado cambiario, 8) al impuesto inflación, 9) a devaluaciones sucesivas, etc.

Como entenderán, tal actuación irresponsable no puede dejar de tener implicaciones nefastas en la vida nacional. No voy a referir las obvias, por manidas; pero, sí referiré la más preocupante: la posibilidad cierta de una incontrolable hiperinflación, dados el volumen de gastos, la ya abierta recurrencia al financiamiento monetario, las cada vez mayores limitaciones para la obtención de una correspondiente posición en divisas y el inicio (con el caso de los docentes universitarios) de decisiones de indexación de salarios.

Lo que no se quiere ver, en el plano político y de los derechos humanos, es que una solución a tal espiral requerirá, por re o por fa, el uso de la violencia institucional y la limitación del ejercicio de los derechos políticos. Es una posibilidad, pero también un tema de la agenda de hoy. Es lo que quise decir en el primer párrafo. Lo que puede pasar es tema del mañana, pero lo que lo ocasiona pasa ahora.

¿Tiene que ver el demencial financiamiento estatal con un plan de inversiones y gastos que sean la contrapartida real de los ingresos? ¡Pues, no! El gasto gubernamental (que ya dijimos es mucho más que el Presupuesto Nacional) es un festín de demagogia, proselitismo, propaganda, política nacional e internacional, geopolítica, mafias, negociantes, corrupción, etc.

Cada vez es menor el efecto sobre gasto, inversión, crecimiento, empleo, calidad de vida, etc. Pero, sí impacta los precios y la tasa de cambios. En vez de un incremento de la riqueza nacional, se presencia los problemas anteriores, más el ya referido riesgo de hiperinflación, mayores compromisos externos, sequía de divisas, etc.

¿Qué hacer a futuro y para contener en el presente? Pues, como anotábamos arriba, establecer reglas fiscales y monetarias firmes, profesionalmente establecidas, e instituir el marco legal general favorable al progreso y la estabilidad. Y usar esos criterios, ahora, para la acción política. Sabiendo lo que se debe hacer, es fácil denunciar lo que se hace.

Hay economistas, incluso en campo opositor, que querrían «seguir la fiesta» y ajustar el gasto estatal por la vía del endeudamiento, compromisos futuros, etc. El punto de partida no debe ser cuál gasto aspiro, sino cuáles restricciones presupuestarias tengo que enfrentar. Es lo sano, para establecer unas finanzas públicas propicias a la estabilidad.

La gran conclusión de este artículo debe ser que el tema económico es hoy un gran issue de la agenda política. No es para mañana. Asumirlo ahora tiene un doble propósito: desmontar políticamente los irresponsables manejos chavistas y comenzar a discutir lo que hoy no solo no se discute, sino que se banaliza, entre el desconocimiento y la improvisación: Venezuela, para progresar, tiene que realizar el tipo de cambios institucionales de los que hoy en el mundo se conoce como Transición a la Democracia. El reto no tiene mañana. Debe ser asumido. Y a esa acción ayuda la Economía Transicional.

De ese rollo solo mostramos una de sus puntas. Es tema dinámico y con claros progresos, incluso al costo de la obsolescencia de conocimientos recientes. Es campo de expertos. No de cuartos de ecos disminuidos y deformados. Es saludable y urgente tema de agenda.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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