Tesis avanzadas sobre transiciones (XI° y último)

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Conclusiones. Llegamos al final de la serie. Casi tres meses, en los cuales nos hemos beneficiado de un interesante intercambio epistolar con algunos de ustedes, amigos lectores. Creador de valor agregado, sin duda. Conclusiones. Llegamos al final de la serie. Casi tres meses, en los cuales nos hemos beneficiado de un interesante intercambio epistolar con algunos de ustedes, amigos lectores. Creador de valor agregado, sin duda.

¿Qué concluimos? El tema de la transición a la democracia es de amplio, aunque trivial manejo en el mundo. Mientras, en mi país, Venezuela, frente a una potencial transición, y varios otros países, se observa que el proceso político, incluso más allá del fenómeno, está lleno de situaciones derivadas o relacionadas con él. ¿Cómo evaluar, con intención analítica, la pertinencia y relevancia del concepto? ¿A cuáles problemas se remite? ¿Es sólo atinente al preciso cambio de régimen? ¿Cuáles soluciones aporta?

En nuestro medio: ¿Cómo manejar el concepto en la precisa situación venezolana? ¿Es, en verdad, la nuestra, una potencial transición? ¿O el escenario de elecciones es, para el régimen, un formalismo totalitario y, para la oposición, sólo un medio de movilización política frente al totalitarismo? ¿Existe el diseño político que se aproveche del “estado del arte” y las propuestas nuevas y lo aplique a los problemas reales enfrentados? Nos gustaría responder más preguntas; pero, démonos por satisfechos con unas pocas a las aquí formuladas.

Creo haber contribuido -a la agenda sobre democratización, transiciones a la democracia y consolidaciones democráticas- con un conjunto sugerente de postulados útiles a la dinamización de la discusión y al enriquecimiento de la práctica. Insisto en mi primera tesis, ahora dicho de otra forma: no todo cambio de gobierno es una transición; pero toda transición es un exigente cambio de régimen. Aún más: la transición –tal como entendida comúnmente por los expertos- es sólo una parte de un proceso mayor, dirigido a la consolidación. Eso plantea un manejo exigente de los condicionamientos, exigencias, relaciones, situaciones, implicaciones, etc., del amplio y complejo proceso. Esperamos que nuestras tesis hayan contribuido a los asuntos referidos.

La pertinencia del concepto se capta en todo su alcance cuando se ubica en el contexto anterior. Los requisitos de unidad, lucha conflictiva, viabilización política, transformación democrática y consolidación nos confrontan a un menú exigente. El concepto, entonces, es absolutamente relevante. Es un medio de valor para todos los que luchan contra cualquier forma de totalitarismo o de democracia mediatizada. Pero, además, como sugerido en este mismo párrafo, señala y dimensiona las condiciones y procesos para procesos sostenidos y progresivos de democratización.

Dos manejos de los sugeridos en nuestra serie nos resultan particularmente atractivos. 1) todo lo relativo al proceso y al tipo de transición a la democracia que hemos llamado por vaciamiento. La política en totalitarismo es forzosamente antagónica. Frente al totalitarismo no cabe conceder, sino cuando la correlación de fuerzas –lo que en ocasiones hemos llamado la posición estratégica global- permite arrancarle ganancias. Al diálogo se llega sólo cuando se le ha convertido en un canal de ganancias políticas. Esa ganancia frente al totalitarismo es lo que hemos llamado vaciamiento político. 2) la visión prospectiva y estratégica de los procesos de transición a la democracia. Anticipar su dinámica y convertirla en fuente de ganancias políticas es un reto intelectual y de gestión del mayor interés.

En la Venezuela de hoy, ya lo hemos dicho de diversas maneras, no se trata de decir que estamos en una transición, sino de proclamarla y gestionarla. Eso implica armar coaliciones amplias, para retar a unos y convocar a otros, demostrar la superioridad política sobre el régimen y disponer del proyecto de viabilización y adecuación progresiva de la democratización y el progreso. Visto ex ante, sólo con la evidencia del avance del modelo completo es posible afirmar que se está en presencia de una transición. Todo lo demás es sólo una hipótesis.

El régimen, evidentemente, no juega a una transición. Es negarse él mismo. Lo suyo, también lo hemos dicho, son la continuidad y la radicalización. Ya las han anunciado. Podrían jugar también, en situación adversa, a una pausa. Su control institucional completo y su falta de escrúpulos lo sitúan frente a unas elecciones necesarias, para guardar la apariencia democrática; pero, en condiciones abusivamente ventajosas. Claro que hay condiciones y procesos que se llevan por delante toda contención totalitaria, pero –estoy usando mucho el término adversativo- no están presentes en el plano político.

Concluimos con muchas angustias vivenciales presentes. Ansiamos hacer madurar nuestras tesis en la práctica. No vemos cómo encajarlas en la precisa realidad política venezolana. Nos retan el tema y el mundo. La democracia es flor de pantanos. En la deriva totalitaria actual, del “paraíso” chino al desastre venezolano, estamos obligados a hacerla esplendorosa, desde su preparación hasta su definitiva consolidación.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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