Tesis avanzadas sobre transiciones (VIII°)

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Las democracias deben lidiar con los modos de concreción de las transiciones que las permitieron. ¿Qué será de la democracia venezolana en caso de triunfo electoral? ¿Cómo será la madeja de condiciones de arrancada? La negativa del candidato opositor a asumir una transición, ¿es sólo una argucia electoral o una convicción, que orientará su gestión? En caso de lo segundo, ¿significa la continuidad del rentismo y las redes clientelares, junto con los riesgos de no realizar los cambios favorables a la viabilidad política? Preguntas para la angustia, pero necesarias. Las democracias deben lidiar con los modos de concreción de las transiciones que las permitieron. ¿Qué será de la democracia venezolana en caso de triunfo electoral? ¿Cómo será la madeja de condiciones de arrancada? La negativa del candidato opositor a asumir una transición, ¿es sólo una argucia electoral o una convicción, que orientará su gestión? En caso de lo segundo, ¿significa la continuidad del rentismo y las redes clientelares, junto con los riesgos de no realizar los cambios favorables a la viabilidad política? Preguntas para la angustia, pero necesarias.

¡Doy un rodeo! Los economistas académicos interesados en el manejo integral del sistema económico hacen referencia a lo que Leon Walras, padre de la Teoría del Equilibrio General, llamó las “condiciones iniciales” del sistema: los valores relativos a potencial, preferencias y destrezas disponibles a la sociedad al acometer el reto del bienestar. Mutatis mutandis, en el campo que nos interesa, expresan las situaciones de partida de la democracia al abordar su desarrollo y consolidación. Podría decirse que están expresadas en el modo de concreción de la transición a la democracia.

Ya dijimos que la propiciación y la negociación comprometen el contenido democrático y que el vaciamiento -como tipo, no como proceso- le permite un mejor desarrollo. Pero, también dijimos que en realidad depende no del tipo de concreción de la transición a la democracia, sino del nivel y calidad del proceso de vaciamiento político del totalitarismo. Este concepto es fundamental de cara a los agentes de posición o vocación totalitaria y su compulsión a la conservación de condiciones y privilegios.

¡Concretemos! La nueva economía no puede montarse sobre la inequidad o los “modos de producción” del pasado. Y sucede. La cultura debe privilegiar la libertad, la democracia y las instituciones. Pero, diversas formas de oscurantismo y represión imperan. Las instituciones no deben permitir anclajes totalitarios ni privilegios a grupos especiales. Sin embargo, es moneda corriente. Lo político debe estar marcado por el ideal de libertad, la permanente transformación de la democracia y ser fluido y competitivo. Aun así, los totalitarismos acechan. Igual, lo social: denso capital social, empoderamiento y reto de superación. Pero, diversos resabios anárquicos y oligárquicos se cuelan.

En lo conceptual, a la hora del diseño, el asunto es sencillo: se trata de poner en la agenda nacional de largo plazo un modelo ideal de democracia. Más difícil es determinar los procesos claves y obstáculos para avanzar a él. Así como desamarrar y poner en función de la consolidación democrática las fulanas “condiciones iniciales”. Cada tipo o modo impone sus condiciones.

Las propiciaciones, inevitablemente impregnan las transiciones democráticas de anclajes diversos, favorables al “ancien régime” promotor. El orden interesado en “lavarse la cara” propenderá a mantener instituciones y condiciones de continuidad a sus partidarios. Es lo que hacen la junta egipcia, de cara a una presunta transición y el gobierno de Sein Thein en Myanmar. Fue lo que hizo el franquismo en la transición de los ’70.

Las negociaciones –las hubo en Chile, parece haberlas en Myanmar, algunos ilusos las avanzan en Venezuela- son el terreno del más fuerte o sagaz. Tal como decía en artículo anterior, buena falta hace un campo relativo a la gerencia de las negociaciones transicionales. Nos hemos atrevido a soltar algunos parámetros de diseño para ello: vaciamiento político del totalitarismo, constitución de un nuevo “bloque histórico”, claridad en el modelo de democracia procurado y lo más importante en el momento mismo de abrir negociaciones: una agenda democratizadora y negociadores claros y honestos.

El vaciamiento debe cuidar los factores de poder fácticos. La Fuerza Armada, por ejemplo. A ésta se le debe exigir ser plenamente institucional; pero debe tener plenas condiciones de realización, en lo institucional y lo personal de sus miembros. El tema exige ingenio y ascendencia moral. Difícil. Pero, no imposible. La ingeniería institucional y de incentivos y límites frente al poder militar es un reto mayor. Pero, ineludible. No es tema para ventilarse. Es asunto decisorio duro.

En general, la tensión dinámica entre condiciones iniciales, concreciones del proceso democrático, por un lado; y el modelo final de democracia definen la agenda transformadora al servicio de la consolidación democrática. España ha involucionado: su pacto social básico ha desmejorado. Chile no ha sabido o ha tenido temor de avanzar. Venezuela sufrió, incluso en vida de Betancourt, una rápida regresión a la competitividad perversa en política y, luego, un regreso al totalitarismo militarista.

Pero, ¡volvamos a lo nuestro! ¿Cuáles serán, en caso de un eventual triunfo democrático venezolano, las condiciones iniciales a afrontar? ¿Cómo mejorarlas desde ahora? ¿Cuál “plan de vuelo” permitirá su transformación a niveles superiores de democracia, progreso e importancia en el mundo? ¿Cómo vencer el atraso cultural, las lacras económicas, la inapetencia por instituciones modernas, una sociedad parasitaria, el rentismo, el clientelismo, etc., etc.? Confieso que me inunda el pesimismo.

En un contexto general de puja democracia-totalitarismo-militarismo, el efecto demostración de China –una exitosa sociedad totalitaria-, unos “liberales” que no ocultan su predilección por el autoritarismo, sofismas que ligan estabilidad a gobiernos –y no a instituciones- fuertes, etc., el reto de cambiar las democracias subóptimas a su dimensión plena resulta en verdad difícil; pero no imposible.

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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