Tesis avanzadas sobre transiciones (VII°)

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Aplicación de la tesis sobre transiciones negociadas a la situación venezolana. Este artículo no estuvo en el plan inicial. Pero, el final del anterior no resultó el esperado por mis lectores. Los dos últimos párrafos los hizo el sistematizador e interesado en las enseñanzas generales de lo planteado y no el involucrado y militante en la actual Venezuela. Un final de mayor emoción, parece ser el reclamo de algunos. Aplicación de la tesis sobre transiciones negociadas a la situación venezolana. Este artículo no estuvo en el plan inicial. Pero, el final del anterior no resultó el esperado por mis lectores. Los dos últimos párrafos los hizo el sistematizador e interesado en las enseñanzas generales de lo planteado y no el involucrado y militante en la actual Venezuela. Un final de mayor emoción, parece ser el reclamo de algunos.

¿Cómo aplica lo que dije, de los varios casos nacionales referidos, en la precisa situación venezolana, con un presidente ausente (Twitter suple la presencia presidencial), la grosera injerencia cubana (La Habana es, de facto, la capital del país y los Castro, los dueños de los hilos del poder), las varias denuncias sobre el carácter forajido del régimen (Moisés Naim lo ubicó dentro de los “Estados Mafiosos”. Yo lo llamé, usando un localismo, “Estado Malandro”), los anuncios de deserciones chavistas, el corro de especulaciones sobre el reciente nombramiento del Consejo de Estado, la evidente muestra de algunos opositores de recurrir a sus viejas amistades, hoy en el chavismo, para “negociar” una “transición”, una dirección política opositora que no se da por aludida, etc.?

En verdad, que faltó un cierre más cercano a nuestras angustias. Las de la semana pasada –y aún hoy- daban para un final de mayor impacto emocional. Un clímax. A eso voy ahora. No sé si lo logre, pero haré el intento. La Venezuela de estos días da para eso y más. De no ser por la pasividad, desmovilización y patético electoralismo de una de las partes, nuestro país viviría un caso de laboratorio de una interesante transición a la democracia. Como no es así, la adrenalina que necesito –y que me reclaman mis lectores- la tengo que buscar en Myanmar. Ahí sí que hay un interesante caso de estudio, con noticias todos los días sobre los movimientos estratégicos de las varias partes en liza.

¿Cómo entender y manejar una eventual transición a la democracia en Venezuela? No tengo dudas sobre la conveniencia de una solución electoral. Pero no bajo un esquema electoralista asexuado. Sin reconocimiento del contexto totalitario, sus situaciones y consecuencias. En una apuesta imprecisa. No planteada en términos de “ahora o nunca”, sino de “tal vez podría ser, y si no, dentro de seis años”. Sin política. Sin enfrentamiento ético, conceptual y de proyectos políticos. Sin crítica, contención y lucha. Con falta de valentía para denunciar las lacras y delitos como una parte medular de la racionalidad del régimen. Sin lo que hemos llamado el proceso de vaciamiento político necesario frente al totalitarismo.

Vaciamiento político del chavismo, en primer lugar, entonces. Proclamación de un proceso irreversible de transición a la democracia, en segundo lugar. No el acto de ignorancia de muchos al decir que ya estamos en transición, sino avanzar las acciones que permitan observar que en efecto se actúa y se gerencia para hacer avanzar la acción democratizadora. La transición a la democracia no es una apuesta: es un programa de trabajo; de exigencias estratégicas, por lo demás. Que debe incluir el reclamo y lucha por los derechos humanos y políticos, en primer lugar. ¡Como los padres fundadores! Como lo hacían Betancourt, la dirección de AD en el exilio y el CEN frente a Pérez Jiménez. Igual, la denuncia (como Suu Kyi, en Myanmar)) y lucha por unas condiciones electorales bajo requisitos de transparencia y control abierto.

En las condiciones actuales, de posición estratégica general favorable al régimen, sus opciones son la continuidad y la radicalización. O sea, la profundización del totalitarismo. Eso no es, para nada, una transición, como muchos siguen repitiendo. Hasta ahora, ni siquiera una cooptación le resulta posible al régimen. Se lo impiden los riesgos asociados a su propio balance de fuerzas, entre políticos y no políticos. El régimen tampoco propiciará. No está en su naturaleza. Tendrían que cambiar el liderazgo y la calidad política de su “nomenklatura”. La hipótesis de la inevitabilidad de las próximas elecciones presidenciales los sitúa frente a la situación de no necesitar de negociaciones si estiman un resultado favorable y sólo resultarles favorables, si estiman uno negativo.

Sólo el control de riesgos por alteración del orden constitucional y la hipótesis de un resultado adverso llevarán al régimen a apreciar la negociación. Aunque podrían plantear un juego inteligente de negociaciones (subrepticias, lo más probable), para blindar riesgos de vaciamiento político, ahora, y control de daños, en caso de pérdida electoral. Pero, hasta ahora -en nuestro análisis, quiero decir- la oposición no ha mejorado su posición y poder para negociar.

¿Qué debe hacer la oposición en esa situación? El sentido común –nunca dejo de recordar a Descartes al respecto- y el conocimiento establecido sobre la acción política en totalitarismos aconsejan ocuparse del balance de poder y del establecimiento de una agenda favorable a la democratización. Sin vaciamiento no hay cambios en el balance, sin agenda se corre el riesgo de la anulación de eventuales ganancias, sin condiciones electorales neutras no hay efectiva competitividad electoral. Los negociadores voluntarios, sin agenda conocida, perturban. La renuencia o displicencia de otros liderazgos preocupa ¿Estamos entrampados?

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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