Tesis avanzadas sobre transiciones (VI°)

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Las transiciones negociadas pueden facilitar la salida del totalitarismo, pero acarrean problemas, costos y riesgos posteriores. Esos problemas son, en verdad, en cualquier escenario, los costos y riesgos de la negociación y los negociadores. Esto último, un campo lleno de peligros en la Venezuela actual. Las transiciones negociadas pueden facilitar la salida del totalitarismo, pero acarrean problemas, costos y riesgos posteriores. Esos problemas son, en verdad, en cualquier escenario, los costos y riesgos de la negociación y los negociadores. Esto último, un campo lleno de peligros en la Venezuela actual.

A menor vaciamiento político del totalitarismo, mayor persistencia de limitaciones a la democracia plena en la evolución posterior, incluso con buenos negociadores. Esas limitaciones impregnan la transición y condicionan la consolidación democrática. Puede suceder en mayor medida con la propiciación y la negociación. Los vaciamientos amplios permiten mayor libertad y prontitud; pero requieren negociadores calificados, con visión intertemporal.

¡De nuevo, veamos! Los Pactos de la Moncloa han sido alabados por muchos años. Felipe González y otros en España hablaban entonces de regeneración, de que “el país funcione”, etc. Hasta que, por circunstancias diversas, y falta de visión de largo plazo en el interín, llega el momento de la revisión de temas críticos de la democratización. Y se afincan las críticas en la transición. Hoy se achaca –equivocadamente- casi todo a ella. Se llega a decir que “el deterioro democrático en España es fruto de las concesiones realizadas a la derecha radical en la transición”. Otros llegan a más: que fue un festín de olvidos, ocultamientos, complicidades, impunidad y silencios (basada en la Omertá, llega a decir el Senador Anasagasti).

Sobre el actual proceso birmano, un reciente artículo del Profesor Timothy Garton Ash, catedrático de Oxford e investigador titular en la Hoover Institution de Stanford, fue subtitulado por “El País” madrileño, de la siguiente manera: “Toda transición negociada necesita a personajes en el régimen y la oposición que se atrevan a dialogar”. Sin embargo, lo obvio no lleva necesariamente al hecho. Aún más, el hecho no es, en todos los casos, positivo. O podría serlo para lo inmediato, pero no en perspectiva de largo plazo. Es el olvido de la intertemporalidad mencionada. Porque lo que no dijo el académico es que no todos los resultados de esa negociación son favorables a la democratización buscada. Aunque no tendría que ser así.

Chile y Nicaragua también nos podrían ayudar. Chile ha seguido un largo proceso virtuoso de progreso económico e institucional. Desde la dictadura. Después, en una democracia negociada, con fuerte influencia totalitaria, vía militares. En medio de discusiones sobre si concluyó o no la transición, se da recientemente la irrupción del fuerte movimiento social por la educación, precedido de conflictos diversos, que reivindica mayor equidad, democracia e instituciones. Las críticas a la negociación entre régimen dictatorial y partidos, a finales de los ’80 no se hicieron esperar.

Nicaragua vivió, por el contrario, una corta experiencia democrática, grandemente cooptada, a pesar del aparente vaciamiento, vía elecciones. Una sólo aparente elección de apertura. Referencias diversas, incluso de amigos presentes en las negociaciones, refieren el nivel de tutela o cooptación del sandinismo sobre la democracia, a pesar del triunfo en elecciones. No siempre se cumple la regla. Las excepciones que la confirman son a veces muy necesarias. Por fortuna, hay antídotos. Que se recurra a ellos es otra cosa.

Son, todos, casos, esferas y modos de expresión distintos; pero, útiles a lo que nos interesa, por mostrar cuestionamientos a los modos en los cuales se concretaron esas transiciones. No sé –tómenlo, si quieren, como chiste- si para dar lugar a un análisis que podríamos llamar de Gerencia de Negociaciones Transicionales.

Pues, sucede que esta serie nos permite recoger mucho de lo que hay de constante y variable en los procesos transicionales. Aspiramos a un mínimo de sistematización de los grandes factores presentes y a un reconocimiento de los contingentes. De igual manera, avanzar en la facilitación de un manejo estratégico de cada caso. Como dicho, “Interesa (…) disponer de una plantilla analítica para comprender, anticipar e influir, si es el caso, el curso y destino de una transición”.

No caemos en la posición fácil, tan observada ahora, por ejemplo, en Chile y España, de asignar toda la responsabilidad a los agentes de la transición. Desde sus respectivas transiciones, hasta ahora, ambos casos han podido corregir. Una transición no se explica en sí misma, sino como un arranque en la vía de la consolidación democrática; para lo cual, tal como dicho, las democracias deben transformarse, …¡para consolidarse! Es un tema muy de nuestro aprecio. Nos gusta decir que es nuestra contribución mayor a la estabilidad y paz de los pueblos.

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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