Té para dos

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Estimados lectores, recordar a Doris Day, su comedia romántica ‘Te para Dos’, allá por 1950, señoras la atesoran aún, sin embargo muy lejos de las luces de Hollywood. Estimados lectores, recordar a Doris Day, su comedia romántica ‘Té para Dos’, allá por 1950, señoras la atesoran aún, sin embargo muy lejos de las luces de Hollywood, oscuros nubarrones se ciernen sobre dos de las principales mandatarias de la región, en Chile el Palacio de La Moneda sintió el oscuro silencio, tras confirmarse el resultado de últimas encuestas que ubican a la presidenta con un 31% de aprobación, mientras que la desaprobación aumentó nueve puntos llegando al 61%, la peor de su historia política, desplomándose en el mes de marzo al mínimo histórico de sus dos mandatos, en medio de escándalos financieros y políticos, que involucran a su propio hijo, además las críticas a su inacción en enfrentar a los lamentables desastres naturales que azotan la nación.

Las razones de su abrupta caída podemos resumirla por dos escándalos de corrupción: uno implicó a su hijo y su nuera, que usó información privilegiada para una venta de terrenos, y otro por la financiación ilegal y emisión de boletas electorales falsas para campañas electorales.

Durante marzo, la gestión de Bachelet se vio golpeada por una serie de catástrofes naturales: una erupción volcánica, incendios forestales y, luego, lluvias torrenciales e inundaciones, que extenuaron su capacidad de respuesta frente a la crisis.

Bajados a papel, uno de los casos más importantes que afectan la imagen presidencial, es el ‘Nueragate’ o ‘caso Caval’, en el que está involucrada Natalia Compagnon, esposa de Sebastián Dávalos, el hijo mayor de Bachelet, por posible tráfico de influencias y uso de información privilegiada en una venta de terrenos.

En el otro caso ‘Pentagate’, con su arista SQM (Soquimich), se investigan la financiación ilegal y de emisión de boletas falsas para campañas electorales de autoridades de todos los sectores, entre 2007 y 2012.

Los casos Caval, Penta y sus extensiones a -SQM- Soquimich, han conmocionado fuertemente a la opinión pública chilena, afectando no sólo al Gobierno sino a la oposición, y por consiguiente a la clase política en general, asumiendo que la hasta el momento incontrastable figura de Bachelet, sufrió un duro golpe. Válido es recordar que el peor nivel de aprobación de Bachelet se había registrado durante su primera administración, en septiembre del 2007 cuando su caída llegó al 35% provocada por la desafortunada implementación de un nuevo sistema de transporte el Transantiago, un rotundo fracaso, causando un enorme malestar ciudadano, todos los atributos de Bachelet cayeron y también su apoyo en todos los estratos socioeconómicos. Además, ante la pregunta específica de cómo evolucionó su evaluación después del ‘caso Caval’, el 59% dijo que empeoró.

Mientras en los partidos de derecha emergen renuncias y recriminaciones por los aportes que recibieron varios de sus más emblemáticos candidatos (varios de ellos están enfrentando en estos días a la justicia).

No sólo el affaire SQM torpedea seriamente a los partidos de derecha, sino que en el Palacio de La Moneda, el vocero de gobierno, Álvaro Elizalde, admitió por primera vez que en la campaña de Bachelet trabajó una persona que está siendo investigada por boletas entregadas a SQM en período electoral. Se trata de Giorgio Martelli, a quien Elizalde reconoció como colaborador, luego de negarlo en varias oportunidades.

Sin embargo y como paliativo ante tanta desazón, en Chile los indicadores de la economía tienden a ser más positivos luego de un año de estancamiento. El desempleo bajó a 6,1%, se proyecta que habrá recuperación económica hacia fin de año y sólo preocupa la proyección al alza de la inflación que hizo el Banco Central, sobre 4% para 2015.

Del otro lado de la mesa, Dilma, a la que evidentemente no le va para nada mejor, la adhesión a su gobierno, también presidenta por segunda vez, se desmoronaba: sólo el 12% de los brasileños considera que es «bueno o muy bueno», 28 puntos porcentuales menos que en diciembre del año pasado.

Afectada por el ‘mega’ del petróleo, en el que están involucrados más de 50 dirigentes políticos. Los tribunales brasileños indagan el supuesto desvío de 4.000 millones de dólares de la estatal Petrobras para pago de sobornos y de campañas políticas, otra de las causas de la pérdida de popularidad de Dilma es la mala gestión económica, con una inflación de más del 8%, el desempleo en aumento, cercano al 6%, el peor déficit desde 1997 y un flaco crecimiento del PBI de sólo 0,1% en el 2014, según cifras oficiales.

La diferencia con Bachelet es que Dilma lleva recién tres meses de su segundo mandato, con el camino por recorrer a la vista de enormes dificultades, y esto recién comienza, su gestión es considerada «pésima» por el 64% de los consultados y «regular» por el 23%, mientras que el 74% desconfía de ella y sólo el 24% confía. La pérdida de popularidad se dio con alta intensidad en todos los estratos sociales, inclusive en la base que sustenta su propio partido.

El escándalo de corrupción incentivó a que miles de brasileños salieran a la calle en más de 65 ciudades del país el 15 de marzo pasado. En las masivas manifestaciones, muchos pidieron el juicio político para la presidenta, más de un millón y medio de personas tomaron las calles de ciudades de todo Brasil para protestar contra la presidenta, Dilma Rousseff, y para clamar «basta» a la corrupción que carcome la petrolera Petrobras y otros organismos públicos.

La marcha más numerosa, con gran diferencia, se dio en Sao Paulo, donde cerca de un millón de personas, se congregó en la céntrica Avenida Paulista, convocado por grupos opositores sin vínculo declarado con partidos políticos.

En decenas de ciudades, entre ellas Brasilia, Río de Janeiro, Belo Horizonte (sureste), Fortaleza (noreste) y Porto Alegre (sur) hubo concentraciones de miles de personas, que pusieron en evidencia el creciente descontento de las clases medias con el Gobierno brasileño.

La gran mayoría de manifestantes en todo el país vestían ropas amarillas y verdes, colores de la bandera brasileña, y no llevaban distintivos de partidos políticos. en Brasilia unas 55.000 personas marcharon de forma pacífica hasta las inmediaciones del Congreso.

Los principales líderes de la oposición no participaron en las marchas, aunque sí dieron su apoyo expreso a las protestas, el ex candidato presidencial Aécio Neves, quien no participó activamente, difundió un mensaje animando sus conciudadanos a «no dispersarse» puesto que consideró que «el camino sólo está comenzando a ser andado».

El punto común de todas las marchas fue el rechazo frontal a la corrupción, en especial del caso Petrobras, que los manifestantes achacaron en gran medida al Partido de los Trabajadores (PT), de Rousseff y del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva, que ostentan el poder desde 2003.

SI bien Dilma asegura de que Petrobras resolverá todos sus problemas para fines de abril”, otro flanco, hace agua, que se suma al desplome de la imagen de Dilma: la pésima situación de la economía, que podría cerrar este año, según expertos, con una contracción muy cercana al 1% y una inflación de 8% y más. Hoy Brasil tiene, además, el peor déficit primario desde 1997 y un desempleo en alza de 5,9%.

El ajuste fiscal que inició el gobierno tras los números en rojo de 2014 ha sido insuficiente, y el ministro de Economía, Joaquim Levy, reclamó al Senado a aprobar las nuevas medidas que propuso el Ejecutivo, «ahora, rápido, para evitar un castigo del mercado» e impedir la tercera suba en el número de desempleados. Las medidas contemplan contener el gasto público y eliminar incentivos tributarios y subsidios a diversas áreas.

Una buena, cuando Petrobras pisaba el abismo, aparecen los chinos, la petrolera estatal brasilera afronta la situación más tumultuosa de sus 62 años de historia un plan quinquenal de inversiones por 221.000 millones de dólares contra una deuda de 130.000 m, sumada a la profunda caída en el precio del crudo, más los escándalos de corrupción, más el 35% de baja en su valor bolsa en un año, por si fuese poco, un estudio elaborado por expertos de la prestigiosa Fundación Getulio Vargas y el CEDES Centro de Estudios de Derecho Económico y Social el ‘megaescándalo’ de corrupción le costaría a Brasil aproximadamente unos 30.000 millones de dólares.

Como sedante, el gigante sudamericano cierra un acuerdo de financiamiento por 3.500 m de dólares con el CDB -Banco de Desarrollo de China, como parte de un entendimiento de cooperación que abarca 2015 2016.

Pues bien así las cosas, tan cambiante inverosímil, y atrapante el juego regional, que, atentos, no perder movida alguna, lo que viene, tan indescifrable, el final, ni los propios protagonistas, lo dan por cierto.

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