Tangos

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La letra de “Cuesta abajo”, el tango de Gardel y Le Pera, debe taladrar la mente y los sentimientos de Nicolás Maduro y muchos jerarcas chavistas: “cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas yo no las puedo arrancar. La letra de “Cuesta abajo”, el tango de Gardel y Le Pera, debe taladrar la mente y los sentimientos de Nicolás Maduro y muchos jerarcas chavistas: “cuesta abajo en mi rodada, las ilusiones pasadas yo no las puedo arrancar. Sueño con el pasado que añoro, el tiempo viejo que lloro y que nunca volverá”.

Sus ángeles malos les dirán al oído que aún cuentan con la intimidación, la represión, la más abierta militarización o un mayor radicalismo y que con esos “recursos” a la mano no hay nada que temer. Pese a sus limitaciones, Maduro sabe que reprimir puede soltar los demonios. Los tiempos viejos que mostraban un cierto monolitismo en el chavismo desaparecieron. Hoy hay ángeles malos… ¡y peores! Y están en pugna.

Las dos salidas en ese escenario son de fuerza. Ya el régimen proclama, sin recato, su dirección político-militar. Una virtual junta cívico-militar. Esa realidad no existe en la Constitución. Es una situación de facto. Dar unas vueltas más de tornillo a esa situación no sería gran cosa en lo “institucional” del régimen.

Pero, para nadie es secreto que en él y en sectores institucionales sensibles hay graves disensos y escenarios que expresan la puja competitiva de varios actores y la posibilidad de coaliciones insospechadas, para acciones más duras. Más de lo mismo, pero peor. O sorpresas.

Capriles Radonsky, por su lado, debe erizarse al oír el verso de “Cambalache”, de Sánchez Discépolo que afirma “que siempre ha habido chorros, maquiavelos y estafaos”. Capriles ha sido, sin duda, estafado. Y lo seguirá siendo, en lo que toca a los diversos recursos jurisdiccionales relativos a los resultados electorales del 14 de abril pasado.

Como decíamos en reciente artículo: “El régimen monopolizador del poder no va a escupir para arriba. Las instituciones son suyas y hace con ellas lo que le conviene. Además, lo hemos dicho, hay fallas estratégicas en el manejo opositor. Se depende de una única “carta” y no se abona a su posibilitación”.

Capriles se consolará con “Uno”, también de Sánchez Discépolo, que frasea: “Uno, busca lleno de esperanzas el camino que los sueños prometieron a sus ansias… Sabe que la lucha es cruel y es mucha, pero lucha y se desangra por la fe que lo empecina”. Decíamos en el mismo artículo que “Los recursos jurisdiccionales de Capriles no llevarán a nada. Y darán tiempo al hegemón”.

Pero, la Venezuela que enfrenta los dramas arriba descritos con letras de tangos –el tango es tristeza- no es la misma de hace poco. Los problemas son mayores, la legitimidad institucional es mucho menor, la mayoría es otra y las salidas también. Venezuela está frente a un momento transicional. No en uno. No nos equivoquemos, como tantos transitólogos de pacotilla. Aún faltan la claridad para verlo, la voluntad para aprovecharlo y la capacidad y el conocimiento para gestionarlo.

Esa nueva mayoría aún no se ha visualizado a sí misma. Tampoco ha sido convocada por el liderazgo. Algunos términos-clave para su identidad circulan en el ambiente. Su agenda, sin embargo, puede adivinarse o anticiparse. Guarda relación con los ingentes –algunos, no evidentes- problemas nacionales. Identificarlos, organizarlos en semejantes, priorizarlos, especificarlos apropiadamente e identificar sus efectos y causas, son tareas a asumir ineludiblemente.

Un gran tema que se menciona poco es el relativo a las reglas del juego de la vida nacional. Llámenlo pacto social básico o Constitución. El diagnóstico técnico es claro; pero la opinión pública no llega a abarcar, mucho menos a valorar bien, el problema. Ese pacto está roto. No hay una comunidad de intereses en el país. Lo que hay es una puja confrontacional entre sistemas, en términos de juego suma cero: o uno u otro, pero no una solución que abarque a ambos.

La desinstitucionalización, desde la Constitución, hasta las prácticas institucionales más nimias, es el problema de base del conflicto político venezolano. Procede, entonces, la reinstitucionalización. Y resulta que ése es el rasgo principal de las transiciones a la democracia. Todo lo demás es derivado.

Pero, noten que ese cometido está ausente en la agenda política. El chavismo vive de la arbitrariedad, guardando -solo posible por la lenidad de la oposición institucional- la apariencia de la legitimidad. La oposición partidista no cree, ni sabe de transición. Capriles lo ha dicho expresamente.

Es el momento de la nueva mayoría. Debe agruparse alrededor de la agenda de solución de los grandes problemas nacionales. La reinstitucionalización, entre ellos. Sin un nuevo pacto social no somos una nación. Conceptualmente dicho, estamos en la premodernidad. Dramáticamente dicho, estamos incapacitados para resolver y progresar. Hoy, sin instituciones firmes y duraderas, no hay soluciones.

Es momento del acopio de capacidades para entender y gestionar el momento transicional presente. Procura de identificación de temas (los hemos agrupado en unos 10 ó 12), gestión de consensos durables alrededor de sus soluciones y acopio de mecanismos de formalización de esos acuerdos.

Algunos dicen por ahí que un tango es una tristeza que se baila. Lo nuestro es la salsa y el merengue: alegría que transforma. Usemos esa alegría para cambiar el país. La alegría está en nuestra naturaleza. ¿Qué pasa que parece que la perdimos?

* Santiago José Guevara García

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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