Sobre estímulos, ortodoxia fiscal y otros temas en la economía global

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Escribo el primer día del segundo semestre. Se comienza a conocer los resultados del primero. Se apunta a una nueva recesión (double-dip recession) o a una grave depresión, al tenor de las tres previas, pero lo que se impone es la ortodoxia del equilibrio fiscal, lo cual agrava el problema. Al día, opiniones, debate, datos obviados, remedios para males inexistentes y fallas en políticas públicas. Escribo el primer día del segundo semestre. Se comienza a conocer los resultados del primero. Se apunta a una nueva recesión (double-dip recession) o a una grave depresión, al tenor de las tres previas, pero lo que se impone es la ortodoxia del equilibrio fiscal, lo cual agrava el problema. Al día, opiniones, debate, datos obviados, remedios para males inexistentes y fallas en políticas públicas.

La opinión en círculos no académicos, gobiernos e instituciones económicas de la UE y G-20 marcan un polo de la discusión útil. El otro surge en dos Nobel recientes, Krugman y Stiglitz. Este último introduce una variante manejada por nosotros, pero fuera de la línea principal de discusión. Los datos están, pero igual está presente una discusión pública y política, necesaria, pero que trata de sustituir el manejo profesional. Una de las causas del potencial problema está asociada a erradas políticas económicas, en respuesta a prejuicios.

La tasa de los bonos del Tesoro americano está baja y en descenso. Eso es un indicador de confianza que nos aporta el mercado. Expresa que no hay temor por la inflación. Las tasas de corto plazo están en el suelo y tampoco han impactado los precios. En USA caen la producción industrial, las ventas de casas usadas, Dow Jones, S&P y Nasdaq. Y suben los datos de desempleo e indicadores asociados. Después de comenzar a escribir, comienzan a llegar otros datos: caídas de la producción industrial en China, bolsas asiáticas y europeas y petróleo.

En la discusión, lideran el Gobierno alemán, el Banco de Pagos Internacionales (Basilea), el FMI, el G-20, los sectores conservadores, ciertas posiciones de la macroeconomía neoclásica, etc., con sus temores a los estímulos gubernamentales, su solicitud del fin de las ayudas, el supuesto límite de la expansión fiscal en curso, los fantasmas de futuras inflaciones que no asoman por ninguna parte y desplazamiento de los privados (crowding out), la supuesta socialización de las economías, etc. Más paranoias y obsesiones que otra cosa.

Por nuestra parte, hemos venido propiciando el intercambio de pareceres en nuestras páginas de redes sociales en la última semana. Como es de suponerse, nos interesan los impactos sobre nuestro país. Dos ex alumnos en actividades académicas en España –Virginia Rosales y Julio Bethelmy- se interesan. El dilema keynesianismo-neoclasicismo redivivo, la necesaria mención de problemas inexistentes o ficticios, los errores de política, la necesidad de un modelo comprensivo de la totalidad de la situación, etc., están en el intercambio. Igual, la comprensión de los efectos en Venezuela, con la participación de foristas en el país.

Sobre el modelo necesario hemos insistido. El problema no es sólo económico y, por tanto, tampoco sus soluciones. Mucho menos, sólo macroeconómico. La efectividad y eficiencia del gasto público, la concentración de la acción gubernamental en bienes públicos, la preocupación por la productividad del gasto; pero también la regulación de la especulación financiera, sobre todo los productos no bancarios, la arquitectura de la economía global, la disparidad en los beneficios de las acciones de recuperación, la relación entre opulencia y especulación, etc., son asuntos de obligatorio manejo.

En Venezuela, caso bizarro, lo primero es evitar la ideologización del asunto. Que el capitalismo es malo y, por lo tanto, acelerar su destrucción será uno de los manejos presentes. Ya hay suficiente convencimiento sobre la influencia del proyecto totalitario marxistoide de Chávez en la pésima posición económica del país, para pensar que por ahí es la solución. Por el contrario, tal como coincidíamos con Alexander Guerrero en Twitter, un proyecto nacional plenamente productivo y con orientación competitiva deberá abrirse paso en el mundo actual de acechanzas.

Vienen días difíciles: mundo y país complicados, ideologización de los gobiernos y agencias estatales, problemas ficticios frente a dramas reales, necesidad de afinar en el campo de las políticas públicas, debates necesarios, requisito de informar, etc. Ojalá no suceda lo peor.

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