¡Propongo!

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En buena medida, la debilidad discursiva –y sus aterrizajes organizativos y para la acción- entrampan a los analistas y políticos venezolanos. En buena medida, la debilidad discursiva –y sus aterrizajes organizativos y para la acción- entrampan a los analistas y políticos venezolanos. Es normal ver pasar a algunos del “yo no soy político” a la afirmaciones más terminantes (y erradas) en ese campo. U observar al que critica la crítica; pero, ofende a los de otras opiniones o posiciones. También ver reprochar el radicalismo político, por supuesto extremismo. Y así, amigos lectores, un largo etcétera.

El hombre de opinión que no es político, y pretende asentar criterios terminantes en ese campo, puede hacer un gran daño. Su autoridad intelectual puede inducir a errores cuando opina, pero no lo precisa, sino que intenta conceptualizar. El que sí es político; pero, para vender su posición, desecha todo análisis y evaluación, también hace daño.

Para no seguir en los reproches, voy a dónde quiero llegar: los “transitólogos” diletantes y los “unitarios” autosuficientes. “Ya estamos en transición” y “toda transición es negociada” son dos de las frasecillas preferidas de los primeros. “La MUD es la unidad”, “El camino es solo electoral” y “El pueblo obligará al régimen a acatar la Constitución” son de las frecuentes en los segundos.

Me refiero a los “transitólogos”. Primero, que haya dictadura no define binariamente que haya una oposición con posibilidades de desplazarla. Solo miren el ejemplo cubano. Y, más dramático aún, piensen en nuestra deriva venezolana: ser “La Nueva Cuba”, incluso con bendición vaticana. Segundo, que haya algunas precondiciones o condiciones transicionales no define un “momento transicional”: median una idea-fuerza, un liderazgo, una hoja de ruta, una articulación y un “bloque social” para el cambio que no están aún presentes. Podríamos y no podríamos, entonces, estar en transición. Hay escenarios de transición, que es otra cosa.

Y no, no es verdad que a las transiciones se llega solo por la vía de la negociación. Y pongo un solo ejemplo: la muy virtuosa, y rica en condiciones, transición a la democracia venezolana de 1956 a 1969 (la periodización la asumo como criterio personal). Quiero que alguien me demuestre que esa transición virtuosa y rica en condiciones fue por la vía de una negociación con el régimen de Pérez Jiménez. No, no lo fue. Fue una transición por colapso, ruptura o vaciamiento. Uno de los tres o cuatro tipos de transiciones mencionadas en la Transitología. A veces, amigos opinadores, antes de opinar, un paso por Wikipedia –para no pedir más- puede ayudar.

Me refiero a los segundos. Ya antes respondí a algunos. Pero, voy al meollo del asunto: que el sistema electoral real venezolano permita la sobrerepresentación no significa que la política venezolana esté limitada al PSUV y la MUD. Ni con mucho se benefician, conjuntamente, siquiera del 50% de reconocimiento de la gente. Esa gente –por cierto- quiere, tan pronto como posible, la solución a sus tragedias. Y el camino MUD, como mostramos en nuestro artículo anterior, está plagado de debilidades, no superables con engaños, simplismos y trampas, como las contenidas en el modelo expresado en el último texto mudero.

¿Y yo, qué propongo? 1) Una unidad superior, 2) sin cogollos tipo G4, 3) dotada de un modelo integral para el cambio transicional, 4) con manejo de las diversas opciones de salida, 5) con un liderazgo amplio y variado y 6) la muestra de un consenso social inicial –un bloque-, más allá de la política.

Eso pasa por romper el monopolio de la MUD. Es evolución natural. Y es muestra de madurez: unión en la diversidad, no con caudillismos en cogollos. Con vocación de éxito. Como, mutatis mutandis, en 1.957-58. El Dr. Enrique Aristeguieta Gramcko puede ilustrar a los desinformados.

* Santiago José Guevara García

Valencia, Venezuela

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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