Profundización

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Globovisión, el principal canal de noticias del país, me invita a una entrevista larga. El tema de interés es “la constituyente”, como refiere la casi entera mayoría del país a la posibilidad de convocatoria de una asamblea nacional constituyente. Globovisión, el principal canal de noticias del país, me invita a una entrevista larga. El tema de interés es “la constituyente”, como refiere la casi entera mayoría del país a la posibilidad de convocatoria de una asamblea nacional constituyente; o, tal como planteado por nosotros, al arranque de un proceso constituyente integral.

Es un tema amplia –aunque superficial e interesadamente- debatido en los últimos cuatro meses, que debería beneficiarse de la profundización y enseriamiento en su discusión.

Lo primero es en el diagnóstico.

Son tres los elementos necesarios al respecto: 1°) reconocer que hay un país altamente problematizado, explicado en una alta proporción por fallas institucionales severas, de larga data, no atendidas; 2°) aceptar, sin los convencionalismos político-electorales establecidos, que la política en escena no muestra caminos que permitan avizorar la atención, el tratamiento y la solución de la problemática de fondo; y 3°) de los dos anteriores, considerar que se nos muestran ya riesgos e incertidumbres diversas sobre la estabilidad del sistema político y de la nación, incluso en términos de una crisis política terminal.

Lo segundo es en el fin estratégico.

Lo planteamos en términos de la necesaria reinstitucionalización del país, entendida en sentido amplio e integral, desde el establecimiento de un acuerdo básico –por ejemplo, interino o preliminar- sobre un conjunto de condiciones básicas para la salvación nacional, una mínima reforma del Estado para hacerlo funcional y la normalización del orden jurídico perdido. La nación debe dotarse de un andamiaje institucional común, satisfactorio a todos y no solo a una de sus partes.

Lo último es la ruta a seguir desde la situación actual al fin definido.

Puede haber más de una ruta. Y cualquiera que sea, debe comprender varias líneas de acción. En todas, 1°) la sociedad tiene que ser movilizada de manera diversa; 2°) debe procurarse un gran acuerdo nacional inmediato sobre la reinstitucionalización; 3°) se debe rechazar el estado de cosas actual –destrucción nacional y entrega a Cuba, China, Rusia y etc.- como principal leitmotiv; y 4°) es necesaria una agenda de cambio –una visión, un mínimo Proyecto, un plan para la transición- a instrumentar progresivamente.

Caben un esquema por pasos: acuerdo interino, gobierno de transición y nueva Constitución y ordenamiento jurídico, o un proceso constituyente relativamente convencional, pero arrancado desde ya.

Uno u otro. Créanme que el país no espera más. En ambos casos, se trata de aceptar un cambio inmediato: de la desinstitucionalización y el caos a la reinstitucionalización y la recuperación.

¿Y cómo se come eso?

Como habrán visto, no es una iniciativa opositora ni oficialista, sino nacional. Claro que con la obstrucción de los extremos, responsables del status actual, por acción o colaboracionismo. A menos que acepten las nuevas reglas del juego y pasen por el filtro de la justicia transicional. Lo cual lo hace una apuesta política de necesaria explicación.

Claro que el planteamiento tiene problemas serios de viabilidad. El régimen y sus mentores y aliados internacionales serán contrarios. Pero la gran mayoría del país, incluidos sectores de poder y la mayoría de la ciudadanía estarán de acuerdo. Hay, entonces, un tema de viabilización por medio. Los términos-clave ya están dichos: 1) movilización ciudadana, 2) acuerdos de intención nacional, 3) oposición al statu quo y no el anodino manejo “alternativo” proclamado y 4) contenidos explícitos del por hacer, no solo como orientación, sino sobre todo, como incentivo.

Solo si se asume así, como lucha política para el cambio, las condiciones de viabilidad cambian. Es el núcleo duro del asunto. La viabilidad no es un dato (algo ya dado), sino una variable (algo por lograr). No es “que en el pasado, tal cosa”; o “que en el presente hay tal o cual impedimento”, etc. No me vengan, entonces, con análisis acartonados, interesados, olorosos a naftalina, malsanos, descalificaciones gratuitas, burlas, mentiras (en las mejores familias también hay mentirosos), etc.

Todos sabemos que en el mediocre mundo partidista venezolano –no todos, por supuesto- la lógica no está orientada por la búsqueda de avances y por la conquista de lo nuevo, sino por el reparto de las prebendas que ofrece el sistema. Con esos aliados no se conquista el futuro. Obtuvieron prebendas de la llamada “Cuarta República” y las obtienen también de la “Quinta”. ¿Para qué entonces van a cambiar y ponerse a plantear cosas que no dominan ni dominarán y que los obliga a organizar, luchar, trabajar, etc.?

En todo caso, el país nacional, como se decía antes, es mucho mayor que el país político. Ese primer país no aguanta más. Cada vez se siente más huérfano de ductores. Está dispuesto a tomar el toro por los cachos.

Y sabe, lo que el país político también sabe: que “la constituyente” es un poderoso filón de nuevos liderazgos nacionales no partidistas. ¿O ustedes creen que la tirria de los partidos y sus tinterillos es gratuita?

* Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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