¡Pasando aceite!

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El título remite a una expresión popular venezolana para denotar que las cosas van mal. Así está el país. Cualquier pretensión oficialista de pintar un panorama nacional favorable –un desbocado gasto populista y grosera autopromoción- o la errada interpretación opositora de un tránsito seguro al triunfo político, es sólo –de un lado- un enmascaramiento del desastre, un disimulo de la nefasta intención de profundización totalitaria; o –del otro- el disimulo de una política de cohabitación. El título remite a una expresión popular venezolana para denotar que las cosas van mal. Así está el país. Cualquier pretensión oficialista de pintar un panorama nacional favorable –un desbocado gasto populista y grosera autopromoción- o la errada interpretación opositora de un tránsito seguro al triunfo político, es sólo –de un lado- un enmascaramiento del desastre, un disimulo de la nefasta intención de profundización totalitaria; o –del otro- el disimulo de una política de cohabitación.

Los dos grandes datos de entorno económico del país, referidas en el mundo: la burbuja de liquidez y las condiciones propicias a los negocios en razón del poco desarrollo de la competencia, se ven afectados por el enrarecido clima de negocios, sujeto a la impredecible arbitrariedad del régimen, al estilo cubano; pero, impregnado de corrupción de todo tipo. Una sociedad polarizada, una economía productiva destruida, la desaparición de toda institucionalidad, un serio problema ético y cultural, una política de falsos positivos; etc. Un país pasando aceite, pues.

El régimen seguirá en su camino de abatimiento de toda resistencia interna a su proyecto de totalitarismo primitivo, aunque revestido de legitimidad, en buena medida por la actitud complaciente de la oposición partidista, frente al desmantelamiento progresivo de las instituciones democráticas y republicanas y su sustitución por la discrecionalidad caudillista. Su “Camino a Cuba”, como hemos llamado el escenario económico chavista dominante, entreverado ahora con el escenario de “Satélite Chino”, es facilitado por la alta renta petrolera y la capacidad de endeudamiento, con sacrificio del futuro y efectos negativos rezagados en la economía nacional y las finanzas familiares.

La oposición democrática muestra una partición de aguas, aunque en un esquema unitario, entre quienes entienden y practican una aproximación propia de la normalidad política –erróneamente o interesadamente electoralista- y quienes, con matices, reconocen la dramática situación institucional y política, en términos de conflicto severo, aunque inédito, en buena medida, lo cual aconsejaría una mayor politización. Su campaña a las primarias ha permitido desplegar las variantes políticas presentes, aunque el tema más importante, por decisivo, el de las condiciones electorales, queda aún pendiente, y sólo adquiriría relieve en una de las candidaturas asociadas a partidos insurgentes o independientes.

Mientras tanto, el país ostenta los dudosos primeros lugares mundiales en inflación; inexistencia de condiciones para la producción, la competitividad y las libertades económicas, corrupción; relación con regímenes deplorables; fomento a grupos irregulares; asociación a geopolíticas “iconoclastas”, por no decir forajidas; etc. No hay productos básicos en los anaqueles. Y en lo económico se acaba de dar un golpe de gracia a la economía privada, con la aprobación de una Ley de Costos y Precios “Justos”; lo cual, repito, sólo es posible por una oposición –lo voy a decir nítidamente- de vocación colaboracionista. Recuerdo de mi época francesa el duro calificativo de “colabó”: colaboracionista, a quienes habían apañado la ocupación nazi.

Las respuestas –en plural- sólo comienzan a aflorar en unas pocas posiciones opositoras. Los escenarios y las respuestas correspondientes deben ser rescatados. La contención es necesaria. No hay opción frente a la radicalización sinuosa del régimen. La supervivencia es una obligación. Pero obliga a subir de la estrategia a otro nivel. Y la demostración de superioridad social y política es la principal responsabilidad de la oposición en este riesgoso momento. Hay que decir hasta luego a todo carnaval o marketing electoral.

“¿Rumbo al caos?” tituló Armando Durán, analista crítico, el lunes pasado. Es un subescenario. Temible. Pero, en el mundo de las hipótesis, no todo apunta a lo mismo. Hay voces que están expresando mucho más realismo y proactividad. Aunque la cúpula opositora no se da por aludida.

Confiemos y ayudemos a que se amplifique la proclama de una transición a la democracia, basada en la objetividad y crudeza sobre el presente y la capacidad de acción para el futuro inmediato.

*Santiago José Guevara García

(Valencia, Venezuela)

sjguevaragarcia@gmail.com / @SJGuevaraG1

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