Llegó el comandante y mandó a parar

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Enciendo el ordenador y recibo la noticia: el bonachón muchachote, civil, sindicalista, recién nombrado Ministro de Electricidad de un desastre de régimen militarista que tiene once años sin atender el sector, acaba de ser cesado. Enciendo el computador y recibo la noticia: el bonachón muchachote, civil, sindicalista, recién nombrado Ministro de Electricidad de un desastre de régimen militarista que tiene once años sin atender el sector, acaba de ser cesado.

Destituido con el típico manejo chavista: Chávez nunca es responsable de nada malo. El culpable siempre es otro. Como decimos vulgarmente en Venezuela, el pobre muchacho resultó el pagapeos del asunto. Llegó el comandante y mandó a parar.

El propio Chávez y el inútil gurú que ocupa el Ministerio de Planificación, Jorge Giordani, pueden ser incluso responsables de traición a la patria, por su obtuso proyecto de entrega nacional a Brasil y Cuba, por la vía del desmantelamiento intencional de la economía nacional –incluida PDVSA- y, sin embargo, quieren tirar encima el costo político de la terrible y severa crisis eléctrica y de agua a otros factores y responsables.

Como anécdota, el sábado pasado asistíamos a una reunión política y un amigo asistente me señalaba, en los titulares de un diario regional, la que según su opinión era la gran noticia política del momento: las medidas devaluacionistas y otras, que habían sido tomadas el día anterior; sobre las cuales, por cierto, ya se me habían solicitado dos declaraciones de prensa.

Le respondí que esa no era la principal noticia, porque todos sabían que las medidas vendrían, sino el no tan evidente racionamiento intencional a la cubana de los servicios esenciales, que se agregaba a los otros ya existentes y a un proceso mayor, en curso.

Uno de los grandes diarios capitalinos, El Nacional, cinco días después desplegaba más de media página de su primera plana, con efectos gráficos de impacto, la noticia sobre “Severos cortes eléctricos”, con un antetítulo, de acuerdo al cual, “Como pasó en Cuba, Venezuela entró en período especial de racionamiento”.

Lo dijimos, en estas mismas páginas, la semana pasada. Venezuela descubre ahora lo que constituía el leitmotiv de nuestro artículo anterior: en nada de lo que ocurre hay error; sólo intención. Una muy mala intención, derivada del plan malévolo de Fidel y Lula desde la época en la cual Hugo Chávez era sólo un mediocre oficial activo.

El análisis se completa cuando, frente a la realidad de los cortes de electricidad y agua y las medidas de cierre o recorte de las empresas básicas, comienzan a aflorar las consecuencias. Desde la más pequeña farmacia, como me lo confiaba una directiva del gremio profesional correspondiente, hasta los grandes ejes industriales del país; los cuales, o por los cortes de servicios básicos, o por la disminución de la procura de insumos de aluminio o hierro, verán afectados sus ya averiados planes de producción. Eso, sin decir, que algunas actividades, por su naturaleza, no pueden prescindir de la refrigeración o la continuidad de su proceso.

Cuando digo a todos los periodistas que me han consultado sobre la situación nacional, que no podemos ver aisladamente cada uno de los dislates del régimen, ni aislarlos del contexto y procesos en curso, me refiero al hecho, tantas veces mencionado en esta columna, de que todo lo que pasa en la economía nacional tiene que ser relacionado con lo que pasa en la política.

El proceso mayor –marcador- es el proyecto de desnacionalización de Venezuela, para su conversión en una provincia (en sentido real o figurado) de un diseño supranacional del viejo Foro de Sao Paulo. Traición a la patria. De Chávez y Giordani. Solo falta ver cómo Lula logra su perpetuidad o continuidad. No me quedan dudas sobre su intención. Cómo, es un tema desconocido para mí.

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