La última carta

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Pues bien, el candidato por el Partido Republicano Mitt Romney, jugó su carta más fuerte, eligiendo como compañero de fórmula al diputado por Wisconsin. Pues bien, el candidato por el Partido Republicano Mitt Romney, jugó su carta más fuerte, eligiendo como compañero de fórmula al diputado por Wisconsin. Paul Ryan, joven de 42 años, ultraconservador católico, el que podría encandilar al votante obrero, jugando como un especial complemento para Romney, mormón y multimillonario, firme oponente al aborto, a las bodas gay, promoviendo, además serios recortes a planes sociales -reconocido por ser el autor del Plan Mapa de Ruta para el futuro de EEUU, presentado ante la Cámara de Diputados en enero del 2009, donde propone privatizar planes sociales como Medicare y Social Security, recortando el Plan Medicaid, planes de seguridad para las clases bajas, reformulando la política de salud, además de recortar los impuestos personales y corporativos, su objetivo-bajar el déficit a niveles manejables. Vale recordar, su voto favorable a las guerras de Irak y Afganistán.

En cuanto a la imagen de la fórmula republicana, donde Romney se muestra cercano a sectores elitistas, el estilo llano de su compañero de fórmula los acercaría a la idiosincrasia del americano del medio oeste del país, estados, sin duda alguna considerados como definitorios en la contienda electoral.

Al frente de las duras criticas juega Obama quien sostiene que tratarán de imponer las obsoletas recetas del ex Presidente Bush, que provocaron el derrumbe de la economía americana, además se suma la Iglesia Católica quien alza su voz, como contrapartida, Ryan afirma que si el gobierno no reforma esos programas sociales, la deuda crecerá de manera geométrica, el pago de la misma, caerá sin duda alguna sobre las espaldas de las próximas generaciones, enfatizando que el país se encuentra en la peor crisis económica de los últimos 70 años, prometiendo que no van a reemplazar el acta fundacional de la patria, sino que la volverán a poner en práctica, en un claro mensaje a ponderar las raíces y el nacionalismo americano.

Evidentemente esta movida es una victoria del ala dura del partido, especialmente del Tea Party, que sueña con una administración centrada y hermética, ahora bien vale analizar si favorecerá o no las aspiraciones de Romney sobre todo en los esfuerzos que viene realizando a efectos de seducir a la clase media y a el voto de los independientes. Desde la vereda de enfrente los demócratas, a priori, se relamen, pues consideran que la elección de Ryan favorecerá los planes del actual presidente, sus analistas sostienen que los elefantes deberán confrontar en un tema que creían evitado -sus propuestas presupuestarias que priorizan a los millonarios, dejando a la clase media, estudiantes, inmigrantes y jubilados por detrás-.

Claro como el agua, el debate electoral de aquí a noviembre mostrará al votante americano dos opciones bien definidas, fuertemente opuestas, sobre como reactivar la economía, en la búsqueda de concretas y eficientes medidas a los efectos de dinamitar el inconmensurable déficit fiscal, el tamaño y el rol del gobierno federal en la vida de los ciudadanos, que en un análisis profundo sobre el desempeño de Obama.

Al momento no se advierten sondeos que midan el impacto de la designación republicana, sin embargo soplan nuevos vientos, hasta el abúlico Romney presumía renovado, con el arribo de Ryan, acercó a sus actos a gente que hasta el momento no había logrado convocar en lo que llevaba de campaña, sacó pecho, profundizando su discurso, cuestionando duramente al presidente Obama -excesivo gasto- -elevado déficit- acusando al gobierno federal de intervencionista, costoso, y que corroe los cimientos de la economía estadounidense.

En cuanto al voto hispano, las primeros movimientos consideran que el desembarco de Ryan a la formula republicana, no garantiza revertir las falencias que muestra Romney en cautivarlos.

Atentos, recta final, no queda tiempo, el que se equivoca, paga, con un precio demasiado alto, ni mas ni menos que con la presidencia de los EEUU.

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